Frantz Fanon, profeta de la negritud

Las protestas en Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd por la policía de Minneapolis el pasado mayo, que sacaron a las calles a cientos de miles de personas desde Nueva York a California para decir que las vidas negras importan, suponen uno de esos raros momentos que obligan a una nación a replantear su identidad para hacer audibles las voces minoritarias y de los marginados.

John Trudell (1946-2015), poeta de la nación dakota y expresidente del American Indian Movement, solía decir que los pueblos nativos de EEUU eran la tribu invisible, que al estar desposeída, los blancos “no podían ver”: por no tener, no tenían siquiera nombre. Los términos “indio” o “nativo” no existían antes de 1492. Muchos nombres de los pueblos originarios americanos –hopis, iniuts, dinés, runas…– significaban simplemente “gente”. Algo similar sucedió con los descendientes de yorubas, lucumíes o bantús, entre otros, cuyas identidades étnicas originales se fundieron en un conjunto amorfo al que unía el color de piel.

En el centro del diseño original del Gran Sello de la Unión –que propuso un comité integrado por Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y John Adams, y algunos de cuyos símbolos han sobrevivido hasta hoy, como el ojo de la providencia en el triángulo radiante que figura en el dólar– figuran los escudos heráldicos de las seis naciones europeas sobre la que se constituía la nueva república: Inglaterra, Escocia, Irlanda, Francia, Alemania y Holanda.

Amnesia europea

El pasado esclavista ocupa un lugar marginal en el imaginario colectivo europeo. Hasta que Adam Hochschild no publicó King Leopold’s Ghost en 1998, a nadie parecía extrañar en Bruselas la presencia ubicua de las estatuas ecuestres de Leopoldo II, el monarca que embelleció la capital belga expoliando el Congo, del que fue soberano, fundador y único propietario entre 1885 y 1908.

Según un sondeo de 2019, un 30% de los británicos cree que las antiguas colonias estaban mejor cuando formaban parte del imperio. En Francia, que ha eliminado el término “raza” de la Constitución, el memorial en París dedicado a los deportados a los campos de concentración nazis no menciona que la mayoría de las víctimas fueran judías. Lo único destacable era que fueron franceses.

Solo este año, 60 después de la independencia, el rey de los belgas “lamentó” los actos de crueldad en el Congo y fue derribada en Bristol y arrojada al mar la estatua de un notorio tratante de esclavos, Edward Colston. En Barcelona la de otro, Antonio López y López, fue retirada por decisión del consistorio de la capital catalana en 2018.

Emmanuel Macron ha sido el primer presidente francés que ha reconocido que el colonialismo en Argelia fue un “crimen contra la humanidad”. Solo en 1999 Francia admitió que había habido una guerra en su antigua colonia magrebí. Y en 2009, con ocasión de una visita de Muamar Gadafi a Roma, el gobierno italiano autorizó el estreno de Lion of the Desert (1982), del director sirio Mustafá Akkad sobre la lucha del caudillo rebelde libio Omar al Mukhtar contra las fuerzas coloniales de la Italia fascista. Según diversas estimaciones históricas, en los 60 años de colonialismo italiano, desde Libia a Etiopía y el Cuerno de África murieron casi un millón de personas por las guerras, deportaciones e internamientos forzosos.

En España, el actual director de la Real Academia de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, publicó en 2019 un libro con un título no muy políticamente correcto para los tiempos que corren: Civilizar o exterminar a los bárbaros, sobre los contrastes entre la colonización británica y española de las Américas.

Según el académico indio Sankaran Krishna, el olvido oficial obedece a una política de “amnesia voluntaria”. No resulta extraño. En su Discurso sobre el colonialismo (1950), el poeta martiniqués Aimé Cesaire escribió que, en el fondo, lo que no se perdonaba a Hitler era haber aplicado en Europa métodos que hasta entonces las potencias europeas solo habían utilizado en sus colonias contra las razas de color.

Según escribe Adrienne Brown, profesora de la Universidad de Chicago, en The Black Skyscraper (2017), los códigos sociales no escritos y las relaciones internacionales de su país están basados en conceptos eurocéntricos y “racializados” que crean dicotomías antagónicas imaginarias: civilizado-salvaje, desarrollado-subdesarrollado, moderno-primitivo…

Andrew Carnegie, el filántropo fundador del Carnegie Endowment for Intertnational Peace, creía que si los pueblos anglosajones se unían, traerían al mundo una era de justicia y paz. Esa ideología supremacista explica, entre otras cosas, que entre 1899 y 1902 la represión contra los rebeldes filipinos de las fuerzas de ocupación de EEUU se cobrara unas 200.000 vidas de civiles en la excolonia española. La sombra del racismo es alargada. En 2019, el 90% de los asesinatos relacionados con grupos extremistas fueron cometidos por fanáticos de extrema derecha.

El crisol caribeño

En Island on Fire (2020), sobre la rebelión en Jamaica de 1831 que codujo a la abolición de la esclavitud en el Imperio británico, Tom Zoellner estima que solo en el siglo XVIII la trata llevó desde África al continente americano a casi 6,5 millones de esclavos. Unos 350.000 fueron directamente a las plantaciones de Virginia, Georgia y las Carolinas, dos millones a colonias caribeñas británicas como Jamaica y Barbados, y el resto a las francesas, españolas, holandesas y portuguesas.

En el llamado Siglo de las Luces, la trata hizo ganar fortunas a marinos, comerciantes, prestamistas y dueños de astilleros, destilerías e ingenios azucareros. En 1776, en vísperas de la independencia de las 13 colonias, la riqueza nominal de una persona blanca media, según Zoellner, era de unas 42 libras esterlinas en Inglaterra y de 60 en América del Norte. En Jamaica era de 2.200.

Entre 1700 y 1800, el consumo de azúcar en Inglaterra aumentó de cuatro a 20 libras per cápita, 10 veces más que en Francia. Ciudades como Londres, Liverpool, Bristol, Nueva York, Filadelfia, Burdeos, Nantes, Le Havre, Port-au-Prince y La Habana, entre otras, debían el esplendor y prosperidad que alcanzaron en esos años a la industria del azúcar que alimentaban los brazos esclavos en las plantaciones antillanas.

Voltaire, cuya estatua frente a la Académie Française en París acaba de ser retirada para evitar que siga siendo objeto de actos vandálicos, fue accionista de La Compañía Francesa de las Indias Orientales, fundada en 1664, cuyas fragatas armadas comerciaban esclavos entre Europa, África y América en la década de 1740, cuando el escritor invirtió en ella. En Foreing Policy, Nabila Ramdani recuerda que en sus Lettres d’Amabed (1769) describió a la africanos como “animales”, solo un poco por encima de los monos.

El filósofo escocés David Hume escribió que en Jamaica los negros educados solo repetían como “loros” lo que habían aprendido de sus amos. En 1843, Alexis de Tocqueville sostuvo que aunque los negros tenían derecho a ser libres, los colonos también tenían derecho a no ser arruinados por su liberación. De hecho, las grandes plantaciones se mantuvieron intactas tras la abolición.

Las jerarquías de sangre permeaban todo el tejido social colonial caribeño. Según escribió el historiador cubano Manuel Moreno Fraginal en El Ingenio (1978), la Iglesia recibía el 5% de la producción de azúcar por enseñar resignación a los negros porque la esclavitud encadenaba a sus cuerpos, no a sus almas. Una tez más o menos oscura o clara lo determinaba casi todo. Los testimonios de viajeros de la época aseguraban que los békés –colonos criollos ricos de Guadalupe y Martinica, posesiones francesas desde 1762– salían de sus casas solo después del crepúsculo para que el sol no oscureciera su piel.

Pero nada era del todo claro. En Haití eran negros los mulatos pobres y mulatos los negros libres adinerados, aunque pocos de ellos conseguían los documentos que les permitían tocar a una mujer blanca sin correr el riesgo de que les cortaran la mano. Las guerras de los llamados cimarrones (maroons en inglés y nègres marrons en francés), que tras huir de las plantaciones se armaban en selvas y montes, se prolongaron desde 1728 hasta finales del siglo XIX, cuando se abolió la esclavitud en Cuba (1880) y Brasil (1888).

Solo en la guerra de independencia de Haití, que dio origen a la primera república negra del mundo en 1804, se perdieron unas 350.000 vidas. En un informe de 1833 dirigido al rey Luis Felipe I de Francia, la comisión real que lo redactó señaló que las masacres de civiles indefensos tras la invasión de Argelia mostraban que los franceses habían superado “en barbarie a los bárbaros que habíamos venido a civilizar”. En su biografía de Engels de 2010, Tristam Hunt recuerda que el socio de Marx escribió que la conquista francesa de Argelia favorecía “el avance de la civilización”.

Retrato del rebelde adolescente

De ese bullente universo social emergió la figura del escritor, psiquiatra y activista político martiniqués Frantz Fanon (1925-1961), discípulo de Aimé Césaire, cuyo Les damnés de la terre (1961), que prologó Jean-Paul Sartre y fue traducido a 19 idiomas, es un texto clásico de la literatura política de la descolonización. Para Sartre y Fanon, la violencia en la guerra argelina era una respuesta inevitable a una historia de violencia colonial.

El menor de ocho hermanos, Fanon nació en Fort de France en 1925 en el seno de una familia mulata de clase media y que, como muchas, vivía en la frontera entre la cultura de la metrópoli y la creole caribeña. En la isla, que recién se convirtió en un departamento de ultramar francés en 1983, los békés solo empleaban el creole –en Martinica una mezcla de francés, holandés, español, inglés y dialectos africanos– para hablar con sus sirvientes.

Fanon recordaba que en su infancia la imagen de los békés a caballo con un látigo en la mano, símbolo de los privilegios de las dinastías terratenientes de la isla, seguían intimidando a los creoles. Con 18 años se escapó de casa para enlistarse en las fuerzas de la Francia Libre del general De Gaulle, con las que combatió en Marruecos, Argelia, Francia y Alemania.

Fanon es una figura aun enigmática y elusiva. Si debe considerársele martiniqués, antillano, francés o argelino –o simplemente negro– es una cuestión aún irresuelta. Según Césaire, Fanon eligió ser argelino: “Vivió, luchó y murió” como tal, decía. Los argelinos, cuyo nacionalismo se autodefine como árabe-islámico, otorgaron a Fanon en 1963 el premio nacional de las Letras de forma póstuma, pero a veces le hacían sentirse más extranjero que en Lyon, donde estudió psiquiatría.

La propia vida de Fanon explica la fascinación que ha ejercido entre generaciones de activistas de izquierda, los últimos de ellos los seguidores del movimiento Black Lives Matter. Cuando en marzo de 1945 el ejército aliado se aprestaba a cruzar el Rin, entre los cientos de miles de soldados coloniales británicos y franceses se encontraba un joven antillano condecorado con la Croix de guerre por su valentía en los campos de batalla de Alsacia. Pero ni él ni sus compañeros de color pudieron desfilar con los ejércitos victoriosos en Alemania. Los antillanos de las “viejas colonias” eran tratados como semi-europeos y llevaban los mismos uniformes que los demás soldados franceses, pero en las celebraciones aliadas, la consigna de los altos mandos militares fue que tropas debían ser “blanqueadas”. Por una cuestión de prestigio.

En su tesis de psiquiatría y primer libro –Peau noire, masques blancs (1952)–, Fanon sostuvo que en el sistema racial-colonial los colonizados debían adoptar las “máscaras blancas” del colonizador en la pirámide pigmentocrática, en la que el vértice solo podía ser inmaculadamente caucásico.

Un destino argelino

Cuando fue designado en 1952 al hospital psiquiátrico de Blida en Argelia,  descubrió que la escuela psiquiátrica colonial había tipificado a los árabes de “primitivos, fanáticos y fatalistas” porque según sus teorías el islam era una “patología mental” que hacía a las masas musulmanas “impermeables a la civilización”.

En noviembre de 1954, tras el estallido de la guerra anticolonialista, Fanon entró en contacto con el Frente de Liberación Nacional (FLN). De día trataba a los oficiales de la fuerzas coloniales y por las noches enseñaba a los insurrectos a mantener la sangre fría y soportar las torturas.

En 1956, expulsado de Argelia, se refugió en Túnez para trabajar en el aparato propagandístico del FLN. Como embajador itinerario del gobierno argelino en el exilio, conoció a Kwame Nkrumah en Ghana, a Patrice Lumumba en Congo, a Sékou Touré en Guinea y a Léopold Senghor en Senegal. Después de una campaña en el Sáhara para abrir un tercer frente en Argelia, los médicos le diagnosticaron leucemia, de la que murió a los 36 años.

Los condenados de la Tierra

En 1961, Fanon se comprometió a entregar un manuscrito al editor francés François Maspero, que ya había publicado en 1959 su segundo libro, Año V de la revolución argelina. El texto final fue Les damnés, obra póstuma porque su autor murió el 6 de diciembre de 1961 en un hospital de Maryland. Cuando sus restos retornaron a Argelia, fueron escoltados por columnas del FLN hasta el Cementerio de los Mártires en Chouhada.

En un tour de force biográfico, David Macey (1949-2011) –uno de los historiadores británicos más brillantes de su generación y autor de estudios fundamentales sobre Paul Nizan, Jacques Lacan y Michel Foucault– navega con consumado tacto y sentido común para desbrozar la mitología que se tejió en torno a Fanon, trazando las coordenadas –históricas, políticas, sociales y culturales– que permiten entenderle en un minucioso fresco histórico sobre la Francia de la posguerra.

Los actuales son buenos tiempos para releer a Macey y Fanon, que escribió que él mismo descubrió que era “negro” en Francia: la “negritud” no existe como tal, sino que es algo que uno descubre en la mirada del otro, observó.

Fuente: politicaexterior.com

El papel de la “africanidad” en la consolidación de la identidad cultural de Cabo Verde

Todas las culturas del mundo tienen rasgos distintivos y articulares que las definen, de tal modo que se convierten en únicas. No es extraño, por ello, que el concepto de idiosincrasia cultural identifique comportamientos, ideas y patrones comunes para que, consolidados, se traduzcan en su identidad cultural, y en consecuencia, en sintonía con los postulados del siglo XIX, en la construcción del concepto de Estado- nación.

De igual modo, resulta más que evidente que tales comportamientos, ideas y normas comunes todavía no han sido superados, por mucho que la globalización ejerza una fuerte influencia en las sociedades del siglo XXI. La globalización, como fenómeno homogeneizador, diluye la identidad cultural en características todavía más amplias, pero de la misma forma, las fortalece, mediante un fenómeno de introspección identitario. En este contexto creciente de reidentificación de las normas culturales, quiero abordar una reflexión –hoy que tengo esa oportunidad–, sobre lo que para mí es la fuente y el rasgo principal de la identidad cultural caboverdiana.

En las islas tuvo lugar una fusión cultural, un proceso de mestizaje casi inaudito para la época, que no solamente marcó el futuro de su pueblo, sino que también generó lo que para mí es lo más valioso: su identidad.

En primer lugar, debemos remontarnos al siglo XV para encontrar el origen remoto de la presencia africana en el país. Fue en 1460 cuando D. Afonso V de Portugal dio la posesión de las islas deshabitadas de Cabo Verde a su hermano, el Infante D. Fernando, administrador de la Orden de Cristo, iniciando el llamado período de la colonización. Así, la necesidad de expandir el comercio, alentada por la fuerte demanda internacional, llevó a los portugueses a importar mano de obra esclava oriunda de la vecina costa de Guinea, para el cultivo de caña de azúcar, algodón y árboles frutales, dando inicio a la práctica conocida como esclavitud, la cual marcará la evolución política, económica y social de Cabo Verde durante siglos y hasta la actualidad.

Fue a partir de ese momento que el continente africano llevó, a través de su capital humano, todas sus tradiciones, rituales y costumbres ancestrales a las islas, produciéndose, a partir de ese momento, una mezcla singular de características culturales que conforman la identidad de Cabo Verde, en un verdadero mosaico cultural, tal y como lo conocemos hoy.

Fue de esa manera como Cabo Verde sufrió un fenómeno particular de enormes dimensiones. A diferencia de lo que ocurrió en otras zonas del globo, en donde la cultura colonizadora impondría sus principios y manifestaciones prácticamente sin discusión alguna posible, en las islas tuvo lugar una fusión cultural, un proceso de mestizaje casi inaudito para la época, que no solamente marcó el futuro de su pueblo, sino que también generó lo que para mí es lo más valioso: su identidad.

A pesar de los intentos de imponer las normas culturales europeas, llegando incluso a deshumanizar la cultura africana, sobrevivió en Cabo Verde esta cultura ancestral. Y buena prueba de ello son las múltiples manifestaciones de esta africanidad en la cultura caboverdiana, que como expresiones artísticas se mezclaron y fundieron, influyéndose mutuamente: desde la cosmovisión (el batuque), la oralidad y la lengua (el crioulo), la gastronomía (la cachupa, el cherem, la trochida…) hasta las influencias de los africanos en el arte de cantar y bailar (la tabanka, el kolá, la morna…).

Por consiguiente, nos atrevemos a considerar que la influencia africana en la cultura caboverdiana puede caracterizarse, sin duda, por una perspectiva multidimensional vinculada a la formación de la identidad grupal en todas las áreas sociales y en todos los ámbitos de desarrollo de la conciencia social. Por lo tanto, teniendo en cuenta que la presencia de los africanos en el país fue exponencial durante siglos, ese carácter multidimensional ocasionó el fortalecimiento de una identidad mixta, fuertemente enraizada en esas manifestaciones. Por más que ideológicamente el proceso de la esclavitud fuera entendido como un fenómeno paternalista del blanco-señor sobre el negro-esclavo, lo que podría suponer la superioridad de las normas culturales europeas sobre las locales, en Cabo Verde se produjo un fenómeno peculiar en el que las influencias sobre el carácter de las comunidades acaba resquebrajando esta pauta colonizadora.

Es evidente que Cabo Verde es una sociedad en la que el proceso de construcción del concepto de ciudadanía, como en muchos otros países, está todavía en vías de formación. En este sentido, las sociedades contemporáneas, bajo los postulados del Estado providencia, y la cuestión de la identidad de los pueblos, siempre cuestionada, van de la mano, además de una amalgama de procesos sociales estructurales paralelos, los cuales intervienen como factores de índole diversa: las corrientes migratorias, la movilidad económica, a globalización, este último como fenómeno homogeneizador que desdibuja enormemente la identidad cultural en normas todavía más amplias.

Nos atrevemos a considerar que la influencia africana en la cultura caboverdiana puede caracterizarse, sin duda, por una perspectiva multidimensional vinculada a la formación de la identidad grupal en todas las áreas sociales y en todos los ámbitos de desarrollo de la conciencia social.

Así, Cabo Verde se halla en esa encrucijada. Constituye un país que después de su independencia en 1975 ha experimentado una modernización considerable, mezclándose los postulados tradicionales y conservadores, con la modernidad. Creemos, firmemente, que en dicho proceso de construcción de la ciudadanía y de la identidad de Cabo Verde, alentado por el fenómeno homogeneizador de la globalización, la valorización de la cultura del país, en una tarea de introspección identitaria, no puede dejar de lado el papel desempeñado por la “Africanidad“, sobre todo, como manifestación del mestizaje que caracteriza la cultura de Cabo Verde. La característica que es, precisamente, lo que hace de este país un país diferente y único en el mundo.

En consecuencia, es necesario un esfuerzo mayor hacia el reconocimiento de África y de sus pueblos en relación al papel estructurador de la identidad de las sociedades, no sólo a través de un nuevo debate académico e intelectual que reconozca y valore estas manifestaciones, y colabore en la definición del concepto actual de la ciudadanía, sino también mediante la implementación de un nuevo discurso, a nivel político e institucional, que destaque el inconfundible papel de la “Africanidad” en la consolidación de la identidad cultural de Cabo Verde.

Por Jorge Cólogan y González

Fuente: https://latitud2000.com/

África apuesta por la energía renovable y ecológica

Tanto en África, como en los otros continentes, se necesitan nuevas fuentes de energía renovable para potenciar un crecimiento económico sostenible, para todos los pueblos y para el Planeta.

El dilema fundamental consiste en elegir el tipo de economía y de energía por el que apostamos: entre la energía nuclear, la energía fósil (petróleo, gas, carbón), la de agrocombustibles y la energía renovable o ecológica, (hidráulica, solar y eólica).

En este documento se analiza en primer lugar la industria de la energía nuclear en África, en la segunda parte estudia los tres tipos más importantes de energía renovable o ecológica en el continente africano,que son: la hidráulica, la solar y la eólica.

Al final añade una nota esperanzadora sobre otra nueva fuente de energía limpia y abundante para el futuro: la fusión nuclear.

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Tinieblas en el corazón del África

“Miré a mi alrededor y, no sé por qué, pero le aseguro que la tierra, el río, la selva, el cielo resplandecientes jamás me parecieron tan desesperanzados y oscuros, tan impenetrables al pensamiento humano, tan implacables ante la vulnerabilidad humana (…) El horror!, el horror!”.

Así se expresaba, en 1899, el genial escritor polaco que escribía en inglés, Joseph Conrad, en aquella obra ineludible para comprender incluso hoy al África tropical, titulada “El corazón de las tinieblas”, magistral nouvelle o novela corta, en la que se narra un estremecedor periplo remontando el río Congo hasta el corazón del continente, durante el clímax de las atrocidades perpetradas allí por las potencias europeas, y que ha sido interpretada como una insuperable metáfora de un viaje profundo hasta lo más horroroso del alma humana, como luego lo hiciese Francis Ford Coppola adaptándola a Vietnam en su clásico “Apocalypse now!.

En la época y el lugar que describe Conrad, el Estado Libre del Congo, que ocupaba cerca de 2,5 millones de km2 (poco menos que toda Argentina), era un dominio privado y personal del Rey Leopoldo II de Bélgica, considerado entonces uno de los hombres más ricos del mundo, quien explotaba abusivamente sus infinitas riquezas de caucho, marfil, diamantes y piedras preciosas, entre otras muchas, extraídas mediante un abominable sistema esclavista.

Más de 120 años después de descorrer el velo de esa “gesta civilizadora europea”, aquellas tinieblas no se logran despejar en el corazón del África. Recientemente, el joven, brillante y humanitario embajador italiano en la República Democrática del Congo, Luca Attanasio, un carabinero que lo escoltaba y su chofer, fueron asesinados cruelmente por un grupo armado aún no identificado, al este de ese país, en la región del fabuloso Parque Nacional Virunga, el más antiguo del África, hábitat de los famosos “gorilas de montaña” en extinción, al que Leonardo Di Caprio donó US$ 2 millones para su rescate.

El Embajador Attanasio integraba una caravana de Monusco, la misión de la organización de Naciones Unidas para la estabilización de la República Democrática del Congo. La región es una de las más peligrosas del mundo: 93 militares de Monusco y numerosos guardaparques ya han perdido la vida en el lugar y, recientemente, el príncipe belga Emmanuel de Merode, Director del Parque, salvó milagrosamente su vida cuando fue acribillado a balazos en el pecho.

La tragedia particular de aquel joven diplomático italiano, quien deja a su esposa y tres hijas, sugiere dos tipos de reflexiones de orden general.

Por un lado, contribuye a desmitificar la profesión diplomática, erróneamente asociada en el mundo entero a lujos y entretenimientos, pues ilustra dramáticamente su sometimiento a los inestables avatares del mundo, debiendo un día, efectivamente, compartir una charla con un rey en un palacio europeo, pero al otro, correr riesgo de vida en la selva africana, como en este caso, entre otros muchos escenarios de guerras, masacres, persecuciones políticas, pestes, hambrunas y catástrofes de todo tipo, alrededor del planeta.

En ese sentido, tuve una experiencia concreta que me permitió conocer in situ y por dentro la índole de la problemática de esta región. En 1987, siendo un joven diplomático, integré una misión presidida por el entonces Canciller argentino Dante Caputo y varios funcionarios de alto rango, la cual durante muchos días recorrió cinco países del África tropical: Costa de Marfil, Nigeria, Ghana, Gabón y Angola.

La Cancillería de la nueva democracia argentina iniciada en 1983, había incluido por primera vez al África entre sus intereses, en especial, en el de convertirse de un país receptor de cooperación internacional como había sido la Argentina hasta ese momento, en un dador. En mi caso específico, habiendo sido formado durante los tres años anteriores a esta misión, en el campo de la tecnología nuclear, mi función precisa consistía en explorar áreas de cooperación posibles, como formación técnica, medicina nuclear, erradicación de plagas, irradiación de alimentos para su conservación, etcétera. La misión no fue fácil ni exenta de peligros, incluidos los constantes requerimientos de permisos de sobrevuelo para que el precario avión Fokker en el que nos desplazábamos pudiera atravesar zonas “calientes” sin ser derribado por error. Todavía recuerdo el impacto que me causó, por ejemplo, hallar devorado por la selva las ruinas de un reactor ruso prometido pero nunca acabado, los hiperlujosos palacios de altos mandatarios rodeados de cocodrilos para su protección, el poder omnímodo de un dictador capaz de violar sin sanción a una embajadora europea, los ominosos testimonios de abusivas y contaminantes explotaciones extranjeras, los estragos que causaban tanto las pestes naturales como los conflictos bélicos importados y la violencia constante atada al escaso valor de la vida humana.

Aquellas vivencias las enriquecí luego con varias lecturas, en particular una meticulosa de la mencionada obra de Conrad, que no sólo me facilitó una inmersión literaria-filosófica más profunda en la naturaleza ontológica del drama que sufre esta región, sino que también me permitió advertir cuántas de aquellas cuestiones que planteó Conrad hace más de un siglo, continúan interpelando a la consciencia humana con igual o mayor apremio que entonces.

Varios años después, aquellas experiencias y lecturas, confluyeron con estudios de posgrado alrededor de diversos marcos teóricos académicos entonces contemporáneos (Collier:2007 y Watts:2008), y de otros libros acerca de temas específicos, como la “negritud”, la “africanidad”, el etnocentrismo o los entonces de moda “choque de civilizaciones” y el “retorno del actor individual”.

Y aquí llegó a la segunda conclusión de esta nota, surgida del entrecruzamiento entre estas tres fuentes –experiencias profesionales, intuiciones literario-filosóficas y teorías académicas-, que elaboré en una tesis de posgrado y luego incluida en un capítulo titulado “Viaje al corazón de las estructuras”, compuesto por 50 páginas de mi libro “Una épica de la paz. La Política de Seguridad Externa de Alfonsín” (Euedeba, Bs.As., 2016, pp. 371-420), la cual podría resumirse en pocas palabras del siguiente modo: el peligroso escenario del África tropical suele ser, no sólo victimario inmediato de quienes se adentran en sus convulsionadas entrañas sino, sobre todo, víctima mediata de intereses exógenos con complicidades endógenas, que alientan la inestabilidad política, la iniquidad económico-social, los recurrentes conflictos armados y las consiguientes condiciones miserables de la región. Esos intereses son los de las potencias que mantienen “guerras frías” entre sí y aprovechan este escenario como frente “caliente” de sus disputas, los de los traficantes de armas y los ejércitos mercenarios que usan el lugar como laboratorio y mercado de sus armas, los expoliadores del medio ambiente y los cazadores de animales en extinción.

En pocas palabras, el África tropical se enfrenta con las acuciantes realidades de abrumadoras estructuras, débiles instituciones e influyentes actores individuales, interponiéndose con aspiraciones acuciantes, como paz y seguridad, comercio justo, protección ambiental, derechos humanos y cooperación técnica, entre otros.

Para concluir, el África tropical es todavía una paradojal deuda pendiente para toda la humanidad, abarrotada de riquezas y, al mismo tiempo, de adversidades de toda naturaleza. En el orden particular que atañe a nuestro país, la cual mantiene una vecindad significativa con esa región pues comparte con ella el Atlántico Sur, también constituye una cuenta pendiente para la Política Exterior Argentina, que sólo en aquellos años mencionados tuvo aspiraciones serias, debatiéndose luego entre la indiferencia y el bochorno, pero que debería ser restituido a la hoja de ruta global de nuestros intereses, como un capítulo indispensable del pendiente “regreso al mundo” de la Argentina.

 Fuente: eleconomista.com.ar

Por Maximiliano Gregorio-Cernadas

Cuentos históricos del pueblo africano

Este libro, escrito por Johari Gautier Carmona, contiene un conjunto de 18 cuentos divididos en dos partes: una de cuentos del África antigua, clásica y colonial y otra de cuentos de la diáspora africana en las Américas.

Según palabras del autor, a través de estos relatos se pretende presentar “la dignidad de un pueblo muy a menudo vilipendiado y reivindicar, como afrodescendiente, una africanidad que pide a gritos un lugar en mi identidad… y en la de muchos otros”.

La serie de cuentos sobre la historia africana además de reivindicar la dignidad de los habitantes y las sociedades ancestrales, muestra la perspectiva del escritor, alejada de la occidental, de la vida de estas personas, las dificultades y retos que han tenido que afrontar durante siglos.

Descarga el libro completo

Relanzamos nuestro blog para ofrecerte más contenidos culturales y educativos

Desde Afroamiga venimos trabajando para relanzar nuestro blog a fin de ofrecerte más contenidos culturales y educativos relativos a la africanidad. Para ello, ya contamos con una nueva imagen fresca y sencilla que de seguro te agradará y asumimos acompañarte con “La fuerza de la solidaridad” como lo expresa nuestro eslogan.   

Nuestra misión es trabajar sistemática y solidariamente en el intercambio en favor de las poblaciones de origen africano en Venezuela, el Caribe, África y su Diáspora, en especial con los sectores de formación educativa desde primaria hasta universitaria para inculcar el orgullo de provenir del continente madre de la humanidad. Por ello, queremos entregarte a través de nuestro blog los mejores contenidos, que puedes leer, consultar, descargar o ver.

En nuestro espacio digital tienes acceso a artículos, noticias, galerías, vínculos a leyes, convenciones internacionales, documentos, archivos multimedia, música y otros materiales sobre África, el  Caribe y la diáspora africana.

Niños, jóvenes y adultos, así como profesionales dedicados a la divulgación y enseñanza de los temas relacionados con la africanidad, afrovenezolanidad y afrodescendencia cuentan desde ya con este sitio en el que tienen a la mano perfiles de países, estados y poblaciones vinculadas a la africanidad y diversos insumos que constantemente son actualizados e incorporados.

Agradecemos a nuestra comunidad de seguidores que constantemente nos respalda con sus visitas, consultas y comentarios en nuestro blog y, si aún no lo has hecho, te invitamos a suscribirte para que no te pierdas nada de lo que vamos a estar ofreciéndote en:  https://afroamiga.wordpress.com/

Por Janite Fuentes

Fundación Afroamiga actualiza su logo

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“En sintonía con África” cumple dos años al aire por La Radio del Sur

El programa “En sintonía con África”, único en su estilo en la

Janite Fuentes y Yeymy Goncalves dos de las conductoras y productoras del programa radial

radio venezolana, cumple dos años al aire por La Radio del Sur difundiendo los diversos valores de la africanidad y especialmente aquellos relacionados con cultura, política, sociedad, historia y geografía.

Este ameno espacio- que se transmite lunes, miércoles y viernes a la 1 de la tarde, desde el 14 de octubre de 2009- también hace un acercamiento a los diferentes aspectos que tienen que ver con la diáspora africana.

Durante, 50 minutos el equipo de conductores de este programa radial presentan al continente madre desde una óptica diferente a la que habitualmente se muestra a través de las transnacionales de la comunicación. Es así como a través de sus secciones “África es noticia”, Regiones de África, “Realidades africanas” y “África y su diáspora”  procuran no sólo dar a conocer  las noticias positivas que acontecen y las regiones de ese continente, sino también un análisis serio, detallado y responsable de los diferentes hechos que acontecen en la actualidad.

Para el disfrute de los usuarios y usuarias todos los programas cuentan con una variada selección musical, en la que se presentan ritmos y cantos de los países de las diferentes regiones del continente africano y también de cantantes afrodescendientes. 

Más allá de la programación habitual el equipo de “En sintonía con África” ha producido también una serie de programas especiales dedicados por completo a la música, turismo, religiones, grupos étnicos, cine, misterios y curiosidades africanas, entre otros temas.

Amor por  África

El equipo de “En sintonía con África” está formado por profesionales que tienen en común el amor por el continente africano y que programa a programa, en vivo, demuestran esta pasión.

Edith López, una de las conductoras de los miércoles, dijo que este espacio representa para ella “una oportunidad de difundir y disfrutar responsablemente el hecho de ser y sentirme africanista, es el espacio donde manifiesto públicamente el amor que le tengo a lo que hago”.

Para Janite Fuentes, quien es una de las locutoras de los lunes, “En sintonía con África” es “un espacio que aprecio mucho, una experiencia de vida, que me ha dado grandes satisfacciones y que permite divulgar la cara oculta de África y  mostrar que es un continente con innumerables riquezas naturales, minerales y culturales, entre muchas otras”.

Su compañera en la cabina, Yeymy Goncalves, expresó que este programa representa para ella la Libertad y comentó que su sección favorita es la de Noticias.

Mientras que  Flor Marcano, quien acompaña a Edith los miércoles, contó una de las anécdotas ocurridas en el estudio de la radio en la que hablando sobre Nelson Mandela trajo a colación la película “Invictus” diciendo que allí “se mostraba cómo Mandela trató de unir al país a través del deporte y dije que era fútbol, Edith mencionó que no era fútbol sino rugby, yo para continuar con el comentario le dije sí, fútbol americano, Edith insistió en que son deportes distintos, para salir del aprieto en sólo se me ocurrió decir: bueno ya que Edith dejó en evidencia que no sé casi nada de deportes, mejor continuemos con el programa, de verdad me pareció una situación muy cómica”.

El equipo anunció que pronto este espacio estrenará una nueva sección “África te espera”, en la que destacarán las potencialidades turísticas de los diferentes países africanos. 

Este programa pone a la disposición de todos su espacio digital http://ensintoniaconafrica.wordpress.com,  su cuenta en Twitter @sintoniaafrica y el correo electrónico ensintoniaconafrica@gmail.com, a través de los cuales los usuarios y usuarias pueden comunicarse y enviar mensajes de saludos, consultas, sugerencias, entre otros.  

Por Janite Fuentes 

Videoforo en Centro de Saberes africanos fomentó debate de ideas sobre la batalla por el petróleo

Un pedagógico y vigoroso debate de ideas se presentó este jueves durante el videoforo “USA vs China. Guerra económica. La lucha por  el petróleo”, que se desarrolló en el Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora (Centro de Saberes Africanos).

En esta actividad que se enmarca en el ciclo Diálogo de Saberes, que todos los jueves desarrolla el Centro de Saberes Africanos  y que fue conducida por el internacionalista Luis Paz, los presentes tuvieron la oportunidad de ver el documental producido por National Geographic en el año 2007 y que tiene una duración de 50 minutos.

El documental muestra las diversas acciones y algunos acuerdos que está realizando China internacionalmente para garantizarse el suministro de petróleo y algunas de las pericias de las que se vale para ganar espacio en naciones que tradicionalmente le han suplido el oro negro a Estados Unidos, primer consumidor de petróleo del mundo.

Esta batalla por el petróleo entre Estados Unidos y China los ha llevado al continente africano, en donde ambos, a su estilo, esperan asegurarse su suministro energético. También pasea la mirada por Venezuela, que posee una de las reservas más altas de petróleo del mundo.

El Internacionalista Luis Paz al presentar el videoforo comentó que se espera que para el año 2025 se alcance el pico de producción mundial y comience una especie de pase de transición, “una meseta en la producción donde se van a producir ciertos descubrimientos, pero ya el nivel de consumo mundial hará que esas reservas petroleras que hay en el mundo comiencen un proceso de declive. Actualmente, se estima que hay petróleo como para unos 350 años, pero yo no creo que a este ritmo de consumo esas reservas alcancen. Lo más probable es que surjan nuevas alternativas energéticas”.

Al concluir la transmisión del material audiovisual, los participantes emitieron una serie de comentarios en los cuales además de opinar acerca del dominio que quieren ejercer Estados Unidos y China en áreas estratégicas como África y América del Sur a fin de asegurarse el petróleo que necesitan,  también presentaron y estructuraron una serie de escenarios futuros sobre lo que podrían ser verdaderos conflictos militares e invasiones armadas a causa del oro negro.

Para el próximo jueves el Centro de Saberes Africanos contará con la presencia de la Antropóloga Yara Altéz, quien desarrollará su ponencia “Historias Locales. Memoria y Olvido en Comunidades Afrodescendientes”.

Para conocer más de esta y otras actividades visite el sitio Web: http://saberesafricanos.wordpress.com.ve  o llame al teléfono 808-93-94

Fuente: Janite Fuentes. Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora (Centro de Saberes Africanos)                   

Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora iniciará primer diplomado en octubre

A mediados del mes de octubre comenzará el primer diplomado del Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora con el cual se pretende impulsar y fortalecer la reflexión, formación y comprensión de África en sus múltiples realidades y del legado de ésta a la humanidad expresado en su diáspora en América, Venezuela y el mundo.

Así lo informó el Viceministro de Relaciones Exteriores para África, Reinaldo Bolívar, quien además precisó que el “Diplomado en Saberes Africanos” tiene como objetivo general “formar africanistas capaces de desempeñarse como investigadoras e investigadores, docentes, multiplicadoras y multiplicadores en las áreas estratégicas y prioritarias de África y América del Sur, hábiles en el diseño de actividades, planes, proyectos y programas que permitan profundizar y difundir el patrimonio histórico-cultural común, con miras a enriquecer los procesos de integración Sur-Sur”.

Al referirse a los temas que se abordarán en el diplomado dijo que éste abarca diversas áreas del conocimiento como historia, geografía, economía, sociología, filosofía, relaciones internacionales, ciencias políticas, derecho internacional, antropología, ciencia y tecnología, arte, cultura y religión.

El Viceministro Reinaldo Bolívar destacó que este diplomado es el primero en su estilo que se dicta en Venezuela, lo cual representa un gran reto para el Instituto, que desde su concepción se ha planteado trabajar con esquemas de altos niveles de calidad y excelencia educativa.

Fuente: Janite Fuentes Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora (Centro de Saberes Africanos)

Más información en: http://saberesafricanos.wordpress.com