Las cimarroneras y cumbes de negros esclavizados

Los negros africanos no eran considerados como seres humanos, eran una “cosa” una “propiedad”, a partir de esta concepción perdían los derechos que tenemos los seres humanos, como el derecho a la vida, a la libertad, simplemente eran una mercancía y como tal eran tratados.

Los barcos esclavistas obtenían sus mercancías (los negros) en el África de dos maneras: los compraban, muchas veces a tribus africanas, o los cazaban como animales. Luego los trasportaban a América en barcos, en condiciones infrahumanas, muchos de ellos morían en el trayecto; el negocio era tan rentable que barcos esclavistas ingleses y holandeses contrabandeaban negros esclavos en las costas venezolanas.

Sin embargo, los negros nunca abandonaron su actitud de rebeldía ante semejante atropello, a riesgo de esa rebeldía desembocara en castigos inhumanos, como: azotes, grilletes, cadenas, mutilaciones o encierro en lugares muy estrechos e insalubres. Esa actitud rebelde fuetambién el origen de las cimarroneras y cumbes.

El antropólogo, Miguel Acosta Saignes, al referirse al régimen esclavista, escribe: “…Él envilece a los esclavos, pero también a los amos; rebaja la dignidad humana de unos y otros, conduce a la crueldad, al sadismo, porque el enemigo en todo régimen de clase, es el propio hombre, no solo explotado bajo la esclavitud, sino negado, destruido, aniquilado en sus atributos humanos esenciales”. De tal manera que hubo razones suficientes para que los negros esclavizados se fugaran, se alzaran y hasta se suicidaran.

Los fugados constituyeron las cimarroneras y los cumbes, en lugares montañosos, apartados e inaccesibles. De tal manera que las mismas, eran comunidades de negros esclavizados huidos que tenían cierta organización: líderes, viviendas o ranchos, conucos, vigilancia permanente e inclusive en algunos cumbes el negro convivía con el indio y con blancos marginados o tenían relación con comunidades integradas por éstos.

Además, los cimarrones tuvieron una participación importante en el comercio ilícito que practicaban en las costas venezolanas los ingleses, holandeses y franceses. De tal manera que los cumbes fueron, inicialmente, la expresión más genuina de sincretismo cultural entre el negro, el indio y el blanco.

Los negros esclavizados, no solo eran comercializados por las compañías autorizadas que operaban de la isla La Española y a donde iban muchos hacendados venezolanos a adquirirlos, sino también por los barcos contrabandistas de esclavos (ingleses y portugueses) que llegaban a las Antillas y a las costas venezolanas. En Venezuela, hubo cumbes en todas las regiones donde fueron ubicados los negros traídos en condición de esclavos (Barlovento, Puerto Cabello, Yaracuy, Zulia y Cumaná).

Fuente: https://josevargasponce.wordpress.com/

Historia y Tradición: Macuquita afrovenezolanos

A finales del siglo XVI, una embarcación cargada de esclavos, procedente de Guinea con destino a Curazao, zozobró cerca de las costas de Falcón. Situación que aprovecharon algunos para establecer en Coro los barrios “Curazaito” y ” La Guinea”, otros se internaron en la sierra falconiana a diecisiete kilómetros de Coro, y a dieciséis de Cabure.

Denominaron ese asentamiento como “Consolao” que significa:

“Haber realizado una travesía, sufriendo calamidades y penurias”.

Dicho nombre fue denominado luego “Macuquito”, que significa: “negro procedente de África” , conocido más adelante como: *”Macuquita”, ubicada en la parroquia Guillermo Guzmán, del municipio Miranda capital Coro.

El sector que ocupan, había sido desalojado por indígenas, que emigraron a otros lugares por sufrir persecuciones y maltratos a raíz del movimiento del 10 de mayo de 1795, con la toma de la hacienda Macanillas de José Telleria, cerca de Curimagua, en la sierra de Coro, dirigido por el zambo José Leonardo Chirino. Actividad que recuerdan cada 10 de mayo.

“Macuquita”, fue declarada esa fecha, en el 2009 como: ” Patrimonio Histórico Cultural de Venezuela”.

La población, no llega a los diez mil habitantes; mantienen algunos aspectos de su cultura, transmitidos de generación en generación.

Estos coterráneos, se han mantenido en la Sierra, sin realizar mestizaje, trabajando por su destino, disponen de ambulatorio y escuela, siempre esperando la solución de sus problemas de bienestar.

Algunos pobladores de “Macuquita” se mudaron a sectores cercanos, en busca de mejores condiciones de vida.

José Caridad González

Negro Loango, ( tribu del reino del Congo), llegó a Coro escapado de Curazao, donde se comercializaba a los esclavos.

Hablaba el Patuá curazoleño, castellano, francés y su idioma de origen. Viajó a Santo Domingo y Haití donde conoció líderes emancipadores.

También se trasladó a España, a solicitar los títulos de propiedad de las tierras y exigir el cumplimiento de la reales cédulas, relacionadas con la Libertad de los Esclavos, alimentación, vestuario y trato, las cuales no eran cumplidas por los terratenientes.

José Caridad, junto a veinte compañeros de lucha, fueron encarcelados en Coro, por la participación en el Movimiento del zambo Chirino, fue ajusticiado el 12 de mayo de 1795.

Considerado como Precursor de los Derechos Humanos de su raza en Venezuela.

La Unidad Educativa de Macuquita, honra el nombre de José Caridad González.

Fuente: El Carabobeño

Aproximación ideológica sobre lo afrovenezolano en la historiografía venezolana: Una mirada antropológica

Este documento de la Licenciada en Psicología Social Comunitaria, Meyby Ugueto Ponce, forma parte de la Colección Difusión promovida por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura con el objetivo de socializar el conocimiento histórico a través de la masificación de diversos textos de diferentes índoles y con ello fortalecer el proceso de democratización real de la memoria nacional y dar continuidad al proceso de inclusión a partir de la divulgación de nuestra memoria histórica.

Afroamiga comparte este trabajo como un aporte al conocimiento, divulgación y estudio de los temas inherentes a la afrodescencia y con ello reforzar la idea de que la historia es fundamental para el fortalecimiento de nuestra identidad.

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Simón Bolívar y Pedro Camejo, “Negro Primero”

Los oficiales de mi estado mayor que murieron en esta memorable acción (la Batalla de Carabobo) fueron: Coronel Ignacio Meleán, Manuel Arráiz, herido mortalmente; capitán Juan Bruno, teniente Pedro Camejo (a) el Negro Primero, teniente José María Olivera, y teniente Nicolás Arias.

Entre todos con más cariño recuerdo a Camejo, generalmente conocido entonces con el sobrenombre de “El Negro Primero”, esclavo un tiempo, que tuvo mucha parte en algunos de los hechos que he referido en el transcurso de esta narración. 

Cuando yo bajé a Achaguas después de la acción del Yagual, se me presentó este negro, que mis soldados de Apure me aconsejaron incorporase al ejército, pues les constaba a ellos que era hombre de gran valor y sobre todo muy buena lanza. Su robusta constitución me lo recomendaba mucho, y a poco de hablar con él, advertí que poseía la candidez del hombre en su estado primitivo y uno de esos caracteres simpáticos que se atraen bien pronto el afecto de los que los tratan. Llamábase Pedro Camejo y había sido esclavo del propietario vecino del Apure, Don Vicente Alfonso, quien le había puesto al servicio del rey porque el carácter del negro, sobrado celoso de su dignidad, le inspiraba algunos temores.

Después de la acción de Araure quedó tan disgustado del servicio militar que se fue al Apure, y allí permaneció oculto algún tiempo hasta que vino a presentárseme, como he dicho, después de la función del Yagual. 

Admítile en mis filas y siempre a mi lado fue para mí preciosa adquisición. Tales pruebas de valor dio en todos los reñidos encuentros que tuvimos con el enemigo, que sus mismos compañeros le dieron el título de el Negro Primero. Estos se divertían mucho con él y sus chistes naturales y observaciones sobre todos los hechos que veía o había presenciado, mantenían la alegría de sus compañeros que siempre le buscaban para darle materia de conversación.

Sabiendo que Bolívar debía venir a reunirse conmigo en el Apure, recomendó a todos muy vivamente que no fueran a decirle que él había servido en el ejército realista. Semejante recomendación bastó para que a su llegada le hablaran a Bolívar del negro, con gran entusiasmo, refiriéndole el empeño que tenía en que no supiera que él había estado al servicio del rey.

Así, pues, cuando Bolívar le vio por primera vez, se le acercó con mucho afecto, y después de congratularse con él por su valor le dijo:

-¿Pero qué le movió a V. a servir en las filas de nuestros enemigos?

Miró el negro a los circunstantes como si quisiera enrostrarles la insdiscreción que habían cometido, y dijo después:

-Señor, la codicia.

-¿Cómo así?, preguntó Bolívar. 

-Yo había notado, continuó el negro, que todo el mundo iba a la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía después vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también a buscar fortuna y más que nada a conseguir tres aperos de plata, uno para el negro Mindola, otro para Juan Rafael y otro para mí. La primera batalla que tuvimos con los patriotas fue la de Araure: ellos tenían más de mil hombres, como yo se lo decía a mi compadre José Félix; nosotros teníamos mucha más gente y yo gritaba que me diesen cualquier arma con qué pelear, porque yo estaba seguro de que nosotros íbamos a vencer. Cuando creí que se había acabado la pelea, me apeé de mi caballo y fui a quitarle una casaca muy bonita a un blanco que estaba tendido y muerto en el suelo. En ese momento vino el comandante gritando “A caballo”. ¿Cómo es eso, dije yo, pues no se acabó esta guerra? –Acabarse, nada de eso: venía tanta gente que parecía una zamurada.

-¿Qué decía V. entonces?, dijo Bolívar.

-Deseaba que fuéramos a tomar paces. No hubo más remedio que huir, yo eché a correr en mi mula, pero el maldito animal se me cansó y tuve que coger monte a pie. El día siguiente yo y José Félix fuimos a un hato a ver si nos daban qué comer, pero su dueño cuando supo que yo era de las tropas de Ñaña (Yáñez) me miró con tan malos ojos que me pareció mejor huir e irme al Apure.

-Dicen, le interrumpió Bolívar, que allí mataba V. las vacas que no le pertenecían.

-Por supuesto, replicó, y si no, ¿qué comía? En fin vino el mayordomo (así me llamaba a mí) al Apure y nos enseñó lo que era la patria y que la diablocracia no era ninguna cosa mala, y desde entonces yo estoy sirviendo a los patriotas. 

Conversaciones por este estilo, sostenidas en un lenguaje sui generis, divertían mucho a Bolívar, y en nuestras marchas el Negro Primero nos servía de gran distracción y entretenimiento.

Continuó a mi servicio, distinguiéndose siempre en todas las acciones más notables, y el lector habrá visto su nombre entre los héroes de las Queseras del Medio.

El día antes de la batalla de Carabobo, que él decía que iba a ser la “cisiva”, arengó a sus compañeros imitando el lenguaje que me había oído usar en casos semejantes, y para infundirles valor y confianza les decía con el fervor de un musulmán, que las puertas del cielo se abrían a los patriotas que morían en el campo, pero se cerraban a los que dejaban de vivir huyendo delante del enemigo.

El día de la batalla, a los primeros tiros, cayó herido mortalmente, y tal noticia produjo después un profundo dolor en todo el ejército. Bolívar cuando lo supo, la consideró como una desgracia y se lamentaba de que no le hubiese sido dado presentar en Caracas aquel hombre que llamaba sin igual en la sencillez, y sobre todo, admirable en el estilo peculiar en que expresaba sus ideas.

Fuente: AiSur

Autobiografía del General José Antonio Páez.

El general José Antonio Páez (1790-1873) escribió su Autobiografía, dedicando cuatro páginas a su amigo y compañero de armas, el teniente Pedro Camejo, popularmente conocido como el “Negro Primero”. 

El papel de la “africanidad” en la consolidación de la identidad cultural de Cabo Verde

Todas las culturas del mundo tienen rasgos distintivos y articulares que las definen, de tal modo que se convierten en únicas. No es extraño, por ello, que el concepto de idiosincrasia cultural identifique comportamientos, ideas y patrones comunes para que, consolidados, se traduzcan en su identidad cultural, y en consecuencia, en sintonía con los postulados del siglo XIX, en la construcción del concepto de Estado- nación.

De igual modo, resulta más que evidente que tales comportamientos, ideas y normas comunes todavía no han sido superados, por mucho que la globalización ejerza una fuerte influencia en las sociedades del siglo XXI. La globalización, como fenómeno homogeneizador, diluye la identidad cultural en características todavía más amplias, pero de la misma forma, las fortalece, mediante un fenómeno de introspección identitario. En este contexto creciente de reidentificación de las normas culturales, quiero abordar una reflexión –hoy que tengo esa oportunidad–, sobre lo que para mí es la fuente y el rasgo principal de la identidad cultural caboverdiana.

En las islas tuvo lugar una fusión cultural, un proceso de mestizaje casi inaudito para la época, que no solamente marcó el futuro de su pueblo, sino que también generó lo que para mí es lo más valioso: su identidad.

En primer lugar, debemos remontarnos al siglo XV para encontrar el origen remoto de la presencia africana en el país. Fue en 1460 cuando D. Afonso V de Portugal dio la posesión de las islas deshabitadas de Cabo Verde a su hermano, el Infante D. Fernando, administrador de la Orden de Cristo, iniciando el llamado período de la colonización. Así, la necesidad de expandir el comercio, alentada por la fuerte demanda internacional, llevó a los portugueses a importar mano de obra esclava oriunda de la vecina costa de Guinea, para el cultivo de caña de azúcar, algodón y árboles frutales, dando inicio a la práctica conocida como esclavitud, la cual marcará la evolución política, económica y social de Cabo Verde durante siglos y hasta la actualidad.

Fue a partir de ese momento que el continente africano llevó, a través de su capital humano, todas sus tradiciones, rituales y costumbres ancestrales a las islas, produciéndose, a partir de ese momento, una mezcla singular de características culturales que conforman la identidad de Cabo Verde, en un verdadero mosaico cultural, tal y como lo conocemos hoy.

Fue de esa manera como Cabo Verde sufrió un fenómeno particular de enormes dimensiones. A diferencia de lo que ocurrió en otras zonas del globo, en donde la cultura colonizadora impondría sus principios y manifestaciones prácticamente sin discusión alguna posible, en las islas tuvo lugar una fusión cultural, un proceso de mestizaje casi inaudito para la época, que no solamente marcó el futuro de su pueblo, sino que también generó lo que para mí es lo más valioso: su identidad.

A pesar de los intentos de imponer las normas culturales europeas, llegando incluso a deshumanizar la cultura africana, sobrevivió en Cabo Verde esta cultura ancestral. Y buena prueba de ello son las múltiples manifestaciones de esta africanidad en la cultura caboverdiana, que como expresiones artísticas se mezclaron y fundieron, influyéndose mutuamente: desde la cosmovisión (el batuque), la oralidad y la lengua (el crioulo), la gastronomía (la cachupa, el cherem, la trochida…) hasta las influencias de los africanos en el arte de cantar y bailar (la tabanka, el kolá, la morna…).

Por consiguiente, nos atrevemos a considerar que la influencia africana en la cultura caboverdiana puede caracterizarse, sin duda, por una perspectiva multidimensional vinculada a la formación de la identidad grupal en todas las áreas sociales y en todos los ámbitos de desarrollo de la conciencia social. Por lo tanto, teniendo en cuenta que la presencia de los africanos en el país fue exponencial durante siglos, ese carácter multidimensional ocasionó el fortalecimiento de una identidad mixta, fuertemente enraizada en esas manifestaciones. Por más que ideológicamente el proceso de la esclavitud fuera entendido como un fenómeno paternalista del blanco-señor sobre el negro-esclavo, lo que podría suponer la superioridad de las normas culturales europeas sobre las locales, en Cabo Verde se produjo un fenómeno peculiar en el que las influencias sobre el carácter de las comunidades acaba resquebrajando esta pauta colonizadora.

Es evidente que Cabo Verde es una sociedad en la que el proceso de construcción del concepto de ciudadanía, como en muchos otros países, está todavía en vías de formación. En este sentido, las sociedades contemporáneas, bajo los postulados del Estado providencia, y la cuestión de la identidad de los pueblos, siempre cuestionada, van de la mano, además de una amalgama de procesos sociales estructurales paralelos, los cuales intervienen como factores de índole diversa: las corrientes migratorias, la movilidad económica, a globalización, este último como fenómeno homogeneizador que desdibuja enormemente la identidad cultural en normas todavía más amplias.

Nos atrevemos a considerar que la influencia africana en la cultura caboverdiana puede caracterizarse, sin duda, por una perspectiva multidimensional vinculada a la formación de la identidad grupal en todas las áreas sociales y en todos los ámbitos de desarrollo de la conciencia social.

Así, Cabo Verde se halla en esa encrucijada. Constituye un país que después de su independencia en 1975 ha experimentado una modernización considerable, mezclándose los postulados tradicionales y conservadores, con la modernidad. Creemos, firmemente, que en dicho proceso de construcción de la ciudadanía y de la identidad de Cabo Verde, alentado por el fenómeno homogeneizador de la globalización, la valorización de la cultura del país, en una tarea de introspección identitaria, no puede dejar de lado el papel desempeñado por la “Africanidad“, sobre todo, como manifestación del mestizaje que caracteriza la cultura de Cabo Verde. La característica que es, precisamente, lo que hace de este país un país diferente y único en el mundo.

En consecuencia, es necesario un esfuerzo mayor hacia el reconocimiento de África y de sus pueblos en relación al papel estructurador de la identidad de las sociedades, no sólo a través de un nuevo debate académico e intelectual que reconozca y valore estas manifestaciones, y colabore en la definición del concepto actual de la ciudadanía, sino también mediante la implementación de un nuevo discurso, a nivel político e institucional, que destaque el inconfundible papel de la “Africanidad” en la consolidación de la identidad cultural de Cabo Verde.

Por Jorge Cólogan y González

Fuente: https://latitud2000.com/

Estudios Afrolatinoamericanos 2

En esta ocasión ponemos a tu alcance las actas de las Cuartas Jornadas del GEALA, las cuales fueron recogidas en el libro que hoy publicamos en nuestro blog.

El texto consta de 12 partes a través de las cuales se presentan una serie de ponencias de especialistas e investigadores del tema afrodescendencia:

• Parte I: Esclavitud y vida cotidiana en tiempos coloniales y de repúblicas
incipientes

• Parte II: Trayectorias afrodescendientes en las Américas

• Parte III: Patrimonialización, legados, cultura material e inmaterial afro
(Argentina, Brasil, Uruguay)

• Parte IV: Condición jurídica y derechos de los afrodescendientes, pasado y
presente

• Parte V: Educación y Afrodescendencia en América del Sur

• Parte VI: Intelectuales afrodescendientes: Literatura, periodismo,
militancia

• Parte VII: Representaciones, Invisibilizaciones, Historiografías

• Parte VIII: Afrodescendencia y Políticas Públicas

• Parte IX: Política y militarización de afrodescendientes en tiempos
coloniales, revolucionarios y posrevolucionarios

• Parte X: Afrodescendientes: autoadscripciones y memoria

• Parte XI: Prensa y afrodescendencia (Argentina, Brasil, Uruguay)

• Parte XII: Música y Expresiones culturales de raíz afro en las Américas

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Cimarrones, y rebeliones negras en la Venezuela colonial

En aras de profundizar en el estudio de nuestra y historia y de nuestros orígenes, Afroamiga pone a tu disposición la entrega N° 9 de la revista “Memorias de Venezuela”, la cual ofrece un contenido
enfocado, en gran parte, a reseñar la presencia de la huella africana en la fragua de nuestra sociedad.

En esta edición de la revista se repasan las contribuciones de algunas de las culturas africanas en Venezuela, así
como de varios de los episodios en los que se puso de manifiesto el anhelo de libertad de quienes permanecían sojuzgados bajo el yugo de la esclavitud.

Todo ello, sin dejar de lado los pormenores de los maltratos sufridos por quienes vivieron la vida bajo la ignominiosa condición de esclavos.

Descargar revista completa

Insurrección de Barlovento

A mediados del mes de junio de 1812 la situación de la Primera República era muy crítica. El capitán de navío realista Domingo de Monteverde, después de haber entrado en Valencia el 3 de mayo anterior, presionaba con sus fuerzas al ejército republicano que al mando del generalísimo Francisco de Miranda defendía en Maracay, San Mateo y La Victoria el acceso a Caracas. Para compensar las continuas deserciones que sufrían los cuerpos militares republicanos, Miranda dictó en La Victoria el 19 de junio una Ley Marcial, que preveía el alistamiento de «…todos los hombres libres capaces de tomar las armas, desde la edad de 15 años hasta la de 55…». Excluía, por consiguiente, a los esclavos, pero no a los negros y mulatos libres.

Por su parte, el 21 de junio, la Cámara de Representantes (Diputados) de la provincia de Caracas decretó la conscripción de 1.000 esclavos para reforzar el ejército, ofreciéndoles que después de haber servido 4 años (o antes, si se distinguían en combate) se les daría la libertad. Ante esta situación, muchos negros libres y esclavos de la región de Barlovento, en los valles de Curiepe, Capaya y otros inmediatos, se rebelaron el 24 de junio, día de San Juan, negándose a ser alistados y proclamando a Fernando VII.

Los alentaron a hacerlo así hacendados como Ignacio Galarraga y José de las Llamozas, varios párrocos de aquellos pueblos (que obedecían instrucciones secretas del arzobispo Narciso Coll y Prat) y algunos comerciantes catalanes que proporcionaron dinero. La insurrección se extendió, y privó a Caracas de los víveres que habitualmente recibía de esa región.

Un oficial de milicias español, Gaspar González, capitaneaba a una parte de los alzados, pero otros actuaban por su cuenta y empezaron a matar blancos criollos, con lo cual ahuyentaron de Barlovento a los propios hacendados que los habían incitado a alzarse. El licenciado Miguel José Sanz, que conocía bien aquellos valles, donde tenía propiedades, se alarmó, y se ofreció a Miranda para ir a calmar la insurrección, el 1 de julio. Pero a pesar de su influencia y de ir acompañado de un destacamento armado cuyo jefe era el comandante Lino de Clemente, no pudo pasar más allá de Guatire, donde permaneció hasta mediados de julio. Según Sanz, en los lugares rebeldes habría entre 4.000 y 5.000 esclavos entre viejos, niños, hombres y mujeres, de los cuales unos 500 a 700 estarían en condiciones de llevar las armas; y los negros y mulatos libres capaces para la lucha serían unos 1.000.

El temor de los hacendados criollos era tan grande, que el 2 de julio propusieron a las autoridades de Caracas que se diese la libertad inmediata a todos los esclavos de Barlovento, pues pensaban que así se mantendrían adictos a la República. La proposición fue rechazada. Miranda, cuya principal preocupación militar eran las tropas de Monteverde, no llegó a enviar fuerzas suficientes a Barlovento, y el 21 de julio dio orden de no atacar a los rebeldes, sino contenerlos. Pero los alzados se apoderaron de Caucagua y de Guatire, desde donde se aprestaban a marchar hacia Caracas «…y pasar a cuchillo a todo caraqueño que les saliese a la mano…», según testimonio del arzobispo Coll y Prat.

Este se dio cuenta entonces de la magnitud del peligro que amenazaba a la ciudad, y envió como emisario ante los negros y mulatos insurrectos al padre Pedro de Echezuría, párroco de Antímano, quien logró contenerlos hasta que Monteverde entró en Caracas durante la noche del 30 al 31 de julio. Según Coll y Prat, una de las razones que tuvo Miranda para acelerar su capitulación con Monteverde fue la insurrección de Barlovento. El jefe realista restableció el orden, aunque quedaron algunos cumbes aislados en inaccesibles áreas montañosas.

En un Memorial dirigido al Rey de España el 3 de octubre de 1812, el Cabildo Municipal de Caracas, reducto de los mantuanos, decía al comentar esos sucesos que «…la gente de color del pueblo de Curiepe se resistió abiertamente a dar cumplimiento a la ley marcial…» de Miranda, y «…los esclavos de casi toda la parte oriental de esta capital se proclamaron libres, tomaron las armas no para defender precisamente la justa causa [la del Rey], sino sus intereses personales…». Fue como un anticipo de la guerra social que más tarde acaudilló José Tomás Boves.

Fuente: Fundación Empresas Polar

La Rebelión del Negro Miguel


Acaudillada por el Negro Miguel en 1533 en las minas de Buría y su región, es considerada como la primera rebelión de afrodescendientes en la historia de Venezuela. Durante el gobierno de Juan de Villegas Maldonado, a mediados del siglo XVI, se intensificó la necesidad de adquirir mano de obra esclavizada, tras el descubrimiento por parte de Damián del Barrio de una importante veta de oro en las márgenes del río Buría, cerca de la ciudad Nueva Segovia de Barquisimeto, fundada en 1552 por Villegas.

El descubrimiento de estas minas causó una gran conmoción en la población de la ciudad de El Tocuyo (fundada en 1545), pues revivió la idea del antiguo y enigmático Dorado. En tal sentido, muchos vecinos motivados con la posibilidad de enriquecerse, organizaron y llevaron a sus esclavizados, mineros o agricultores, hacia la nueva veta. A finales de 1552 son trasladados a la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, 80 esclavizados para dedicarlos al trabajo en las minas, surgiendo así el Real de Mina de San Felipe de Buría (cerca de Nirgua, en el actual estado Yaracuy).

Entre los esclavizados que llegaron al Real de Minas de San Felipe de Buría, figuraba uno oriundo de San Juan Puerto Rico, el cual se distinguía por su rebeldía y arrojo, el Negro Miguel, quien era propiedad de Pedro del Barrío, hijo de Damián del Barrío. Dado su carácter indomable, en 1553 Miguel huyó con unos compañeros a las montañas, desde donde preparó un ataque al Real de Minas, resultando muertos varios mineros en medio de la oscuridad de la noche.

A partir de este exitoso asalto, el Negro Miguel se hizo fuerte en las montañas y su fama crecía día a día, siendo seguido por indios y afrodescendientes levantiscos con los cuales lo que consideró como su reino, pues el mismo se nombró rey y a su mujer, Guiomar, la hizo coronar como reina.

Asimismo, su pequeño fue reconocido por todos como su heredero. También nombró obispo a uno de sus compañeros y conformó una comunidad a semejanza de los pueblos de los españoles, con sus autoridades y empleados. Con el tiempo el Miguel y sus seguidores se convirtieron en un azote para la región y su presencia comenzó a trastornar las tareas de explotación de las minas.

En ocasión de una ataque del Negro Miguel a la recién fundada ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, la misma fue defendida valerosamente por sus pobladores capitaneados por Diego García Paredes y Diego Fernández de Serpa, junto a un refuerzo que llegó de la ciudad de El Tocuyo, dirigido por Diego de Losada y Diego de Ortega. En definitiva, el asalto del Afro Miguel quien fue asesinado en Barquisimeto fue rechazado y sus seguidores fueron perseguidos y nuevamente reducidos a ser esclavizados.

Según el testimonio de capitán Diego de Ortega, uno de los jefes de las fuerzas de El Tocuyo, fue García Paredes el que mató al rey Miguel.

Miguel creó el Movimiento Afroindigena que luchó por la abolición de la esclavitud, siendo las montañas de Buría en la ciudad de Nirgua, estado Yaracuy, su principal epicentro de lucha. Desde el 2008 al 2012 en ese estado, a partir del 26 de abril, se llevó a cabo la Ruta de Cimarronas y Cimarrones, con el fin de exaltar la gesta libertaria que el Rey Miguel nos legó.

La experiencia en este contexto, se inició el 26 de abril del año 2008 en el estado Yaracuy, siendo pionera en el desarrollo de tan importante propuesta, la comunidad de Buría, en la ruinas del Fuerte de San Vicente, municipio Nirgua. Continuando posteriormente en el municipio José Joaquín Veroes, lo que ha permitido construir lo que es hoy día la Ruta de los Cimarrones y Cimarronas de Venezuela. Primer Camino Libertario.

Fuente: Conadecafro (título original: La Rebelión del Afro Miguel)

Hace 267 años nació José Leonardo Chirino

José Leonardo Chirino fue un zambo venezolano que lideró una fallida insurrección en busca del establecimiento de la república en el país y la abolición de la esclavitud. Nació el 25 de abril de 1754 en Curimagua, estado Falcón, Venezuela, el 25 de abril de 1754.

Aunque fue un hecho de carácter local, un levantamiento que obedeció a una situación específica, propia de las condiciones sociales generadas por la esclavitud, tuvo inspiración en las insurrecciones de afrodescendientes africanos que tenían lugar en Saint Domingue y también en la Revolución francesa. El movimiento no se propagó más allá de una parte del occidente del país, pero logró provocar una seria alteración del orden colonial en Venezuela.

José Leonardo Chirino fue hijo único de una indígena libre y de un afro esclavizado perteneciente a una familia criolla de apellido Chirino; es entonces, un zambo libre. Se casó con una esclavizada llamada María de los Dolores con quien tuvo 3 hijos: María Viviana, Rafael María y José Hilario. José Tellería, rico comerciante y síndico procurador de Coro, solía realizar viajes de negocios a las Antillas, y en más de una ocasión Chirino se embarca como acompañante.

Es en el territorio del actual Haití, donde el zambo establece un más intenso contacto con las ideas y la práctica revolucionaria que tuvieron su epicentro en Francia; la noticia del momento son los levantamientos de esclavos liderados por Toussaint-Louverture y las tendencias republicanas que pugnan por imponerse sobre el régimen colonial. José Tellería se entera de tales convulsiones y la cuestión le preocupa, Chirino también está al tanto, pero esto, en lugar de preocuparlo, lo estimula: eso de libertad e igualdad tenía que estimular a alguien que jamás ha visto un movimiento similar en Tierra Firme.

Todo esto le sirvió a Chirino para encabezar el 10 de mayo de 1795 un movimiento armado desde la mencionada hacienda. Tras el fracaso de esta insurrección, Chirino fue perseguido y hecho preso por traición de un amigo en agosto del mismo año. La Real Audiencia de Caracas lo condenó a la horca y una vez ejecutada la sentencia el cuerpo de Chirino fue descuartizado el 10 de diciembre de 1796.


Este levantamiento escenificado en la serranía de Coro por un conjunto de esclavizados e indígenas tuvo por objeto la abolición de los esclavos y la supresión de los numerosos impuestos, así como el establecimiento de un régimen inspirado en el haitiano (la Asamblea Nacional francesa había otorgado la ciudadanía a los hombres libres de color en 1792).

Fuente: Conadecafro