Frantz Fanon, profeta de la negritud

Las protestas en Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd por la policía de Minneapolis el pasado mayo, que sacaron a las calles a cientos de miles de personas desde Nueva York a California para decir que las vidas negras importan, suponen uno de esos raros momentos que obligan a una nación a replantear su identidad para hacer audibles las voces minoritarias y de los marginados.

John Trudell (1946-2015), poeta de la nación dakota y expresidente del American Indian Movement, solía decir que los pueblos nativos de EEUU eran la tribu invisible, que al estar desposeída, los blancos “no podían ver”: por no tener, no tenían siquiera nombre. Los términos “indio” o “nativo” no existían antes de 1492. Muchos nombres de los pueblos originarios americanos –hopis, iniuts, dinés, runas…– significaban simplemente “gente”. Algo similar sucedió con los descendientes de yorubas, lucumíes o bantús, entre otros, cuyas identidades étnicas originales se fundieron en un conjunto amorfo al que unía el color de piel.

En el centro del diseño original del Gran Sello de la Unión –que propuso un comité integrado por Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y John Adams, y algunos de cuyos símbolos han sobrevivido hasta hoy, como el ojo de la providencia en el triángulo radiante que figura en el dólar– figuran los escudos heráldicos de las seis naciones europeas sobre la que se constituía la nueva república: Inglaterra, Escocia, Irlanda, Francia, Alemania y Holanda.

Amnesia europea

El pasado esclavista ocupa un lugar marginal en el imaginario colectivo europeo. Hasta que Adam Hochschild no publicó King Leopold’s Ghost en 1998, a nadie parecía extrañar en Bruselas la presencia ubicua de las estatuas ecuestres de Leopoldo II, el monarca que embelleció la capital belga expoliando el Congo, del que fue soberano, fundador y único propietario entre 1885 y 1908.

Según un sondeo de 2019, un 30% de los británicos cree que las antiguas colonias estaban mejor cuando formaban parte del imperio. En Francia, que ha eliminado el término “raza” de la Constitución, el memorial en París dedicado a los deportados a los campos de concentración nazis no menciona que la mayoría de las víctimas fueran judías. Lo único destacable era que fueron franceses.

Solo este año, 60 después de la independencia, el rey de los belgas “lamentó” los actos de crueldad en el Congo y fue derribada en Bristol y arrojada al mar la estatua de un notorio tratante de esclavos, Edward Colston. En Barcelona la de otro, Antonio López y López, fue retirada por decisión del consistorio de la capital catalana en 2018.

Emmanuel Macron ha sido el primer presidente francés que ha reconocido que el colonialismo en Argelia fue un “crimen contra la humanidad”. Solo en 1999 Francia admitió que había habido una guerra en su antigua colonia magrebí. Y en 2009, con ocasión de una visita de Muamar Gadafi a Roma, el gobierno italiano autorizó el estreno de Lion of the Desert (1982), del director sirio Mustafá Akkad sobre la lucha del caudillo rebelde libio Omar al Mukhtar contra las fuerzas coloniales de la Italia fascista. Según diversas estimaciones históricas, en los 60 años de colonialismo italiano, desde Libia a Etiopía y el Cuerno de África murieron casi un millón de personas por las guerras, deportaciones e internamientos forzosos.

En España, el actual director de la Real Academia de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, publicó en 2019 un libro con un título no muy políticamente correcto para los tiempos que corren: Civilizar o exterminar a los bárbaros, sobre los contrastes entre la colonización británica y española de las Américas.

Según el académico indio Sankaran Krishna, el olvido oficial obedece a una política de “amnesia voluntaria”. No resulta extraño. En su Discurso sobre el colonialismo (1950), el poeta martiniqués Aimé Cesaire escribió que, en el fondo, lo que no se perdonaba a Hitler era haber aplicado en Europa métodos que hasta entonces las potencias europeas solo habían utilizado en sus colonias contra las razas de color.

Según escribe Adrienne Brown, profesora de la Universidad de Chicago, en The Black Skyscraper (2017), los códigos sociales no escritos y las relaciones internacionales de su país están basados en conceptos eurocéntricos y “racializados” que crean dicotomías antagónicas imaginarias: civilizado-salvaje, desarrollado-subdesarrollado, moderno-primitivo…

Andrew Carnegie, el filántropo fundador del Carnegie Endowment for Intertnational Peace, creía que si los pueblos anglosajones se unían, traerían al mundo una era de justicia y paz. Esa ideología supremacista explica, entre otras cosas, que entre 1899 y 1902 la represión contra los rebeldes filipinos de las fuerzas de ocupación de EEUU se cobrara unas 200.000 vidas de civiles en la excolonia española. La sombra del racismo es alargada. En 2019, el 90% de los asesinatos relacionados con grupos extremistas fueron cometidos por fanáticos de extrema derecha.

El crisol caribeño

En Island on Fire (2020), sobre la rebelión en Jamaica de 1831 que codujo a la abolición de la esclavitud en el Imperio británico, Tom Zoellner estima que solo en el siglo XVIII la trata llevó desde África al continente americano a casi 6,5 millones de esclavos. Unos 350.000 fueron directamente a las plantaciones de Virginia, Georgia y las Carolinas, dos millones a colonias caribeñas británicas como Jamaica y Barbados, y el resto a las francesas, españolas, holandesas y portuguesas.

En el llamado Siglo de las Luces, la trata hizo ganar fortunas a marinos, comerciantes, prestamistas y dueños de astilleros, destilerías e ingenios azucareros. En 1776, en vísperas de la independencia de las 13 colonias, la riqueza nominal de una persona blanca media, según Zoellner, era de unas 42 libras esterlinas en Inglaterra y de 60 en América del Norte. En Jamaica era de 2.200.

Entre 1700 y 1800, el consumo de azúcar en Inglaterra aumentó de cuatro a 20 libras per cápita, 10 veces más que en Francia. Ciudades como Londres, Liverpool, Bristol, Nueva York, Filadelfia, Burdeos, Nantes, Le Havre, Port-au-Prince y La Habana, entre otras, debían el esplendor y prosperidad que alcanzaron en esos años a la industria del azúcar que alimentaban los brazos esclavos en las plantaciones antillanas.

Voltaire, cuya estatua frente a la Académie Française en París acaba de ser retirada para evitar que siga siendo objeto de actos vandálicos, fue accionista de La Compañía Francesa de las Indias Orientales, fundada en 1664, cuyas fragatas armadas comerciaban esclavos entre Europa, África y América en la década de 1740, cuando el escritor invirtió en ella. En Foreing Policy, Nabila Ramdani recuerda que en sus Lettres d’Amabed (1769) describió a la africanos como “animales”, solo un poco por encima de los monos.

El filósofo escocés David Hume escribió que en Jamaica los negros educados solo repetían como “loros” lo que habían aprendido de sus amos. En 1843, Alexis de Tocqueville sostuvo que aunque los negros tenían derecho a ser libres, los colonos también tenían derecho a no ser arruinados por su liberación. De hecho, las grandes plantaciones se mantuvieron intactas tras la abolición.

Las jerarquías de sangre permeaban todo el tejido social colonial caribeño. Según escribió el historiador cubano Manuel Moreno Fraginal en El Ingenio (1978), la Iglesia recibía el 5% de la producción de azúcar por enseñar resignación a los negros porque la esclavitud encadenaba a sus cuerpos, no a sus almas. Una tez más o menos oscura o clara lo determinaba casi todo. Los testimonios de viajeros de la época aseguraban que los békés –colonos criollos ricos de Guadalupe y Martinica, posesiones francesas desde 1762– salían de sus casas solo después del crepúsculo para que el sol no oscureciera su piel.

Pero nada era del todo claro. En Haití eran negros los mulatos pobres y mulatos los negros libres adinerados, aunque pocos de ellos conseguían los documentos que les permitían tocar a una mujer blanca sin correr el riesgo de que les cortaran la mano. Las guerras de los llamados cimarrones (maroons en inglés y nègres marrons en francés), que tras huir de las plantaciones se armaban en selvas y montes, se prolongaron desde 1728 hasta finales del siglo XIX, cuando se abolió la esclavitud en Cuba (1880) y Brasil (1888).

Solo en la guerra de independencia de Haití, que dio origen a la primera república negra del mundo en 1804, se perdieron unas 350.000 vidas. En un informe de 1833 dirigido al rey Luis Felipe I de Francia, la comisión real que lo redactó señaló que las masacres de civiles indefensos tras la invasión de Argelia mostraban que los franceses habían superado “en barbarie a los bárbaros que habíamos venido a civilizar”. En su biografía de Engels de 2010, Tristam Hunt recuerda que el socio de Marx escribió que la conquista francesa de Argelia favorecía “el avance de la civilización”.

Retrato del rebelde adolescente

De ese bullente universo social emergió la figura del escritor, psiquiatra y activista político martiniqués Frantz Fanon (1925-1961), discípulo de Aimé Césaire, cuyo Les damnés de la terre (1961), que prologó Jean-Paul Sartre y fue traducido a 19 idiomas, es un texto clásico de la literatura política de la descolonización. Para Sartre y Fanon, la violencia en la guerra argelina era una respuesta inevitable a una historia de violencia colonial.

El menor de ocho hermanos, Fanon nació en Fort de France en 1925 en el seno de una familia mulata de clase media y que, como muchas, vivía en la frontera entre la cultura de la metrópoli y la creole caribeña. En la isla, que recién se convirtió en un departamento de ultramar francés en 1983, los békés solo empleaban el creole –en Martinica una mezcla de francés, holandés, español, inglés y dialectos africanos– para hablar con sus sirvientes.

Fanon recordaba que en su infancia la imagen de los békés a caballo con un látigo en la mano, símbolo de los privilegios de las dinastías terratenientes de la isla, seguían intimidando a los creoles. Con 18 años se escapó de casa para enlistarse en las fuerzas de la Francia Libre del general De Gaulle, con las que combatió en Marruecos, Argelia, Francia y Alemania.

Fanon es una figura aun enigmática y elusiva. Si debe considerársele martiniqués, antillano, francés o argelino –o simplemente negro– es una cuestión aún irresuelta. Según Césaire, Fanon eligió ser argelino: “Vivió, luchó y murió” como tal, decía. Los argelinos, cuyo nacionalismo se autodefine como árabe-islámico, otorgaron a Fanon en 1963 el premio nacional de las Letras de forma póstuma, pero a veces le hacían sentirse más extranjero que en Lyon, donde estudió psiquiatría.

La propia vida de Fanon explica la fascinación que ha ejercido entre generaciones de activistas de izquierda, los últimos de ellos los seguidores del movimiento Black Lives Matter. Cuando en marzo de 1945 el ejército aliado se aprestaba a cruzar el Rin, entre los cientos de miles de soldados coloniales británicos y franceses se encontraba un joven antillano condecorado con la Croix de guerre por su valentía en los campos de batalla de Alsacia. Pero ni él ni sus compañeros de color pudieron desfilar con los ejércitos victoriosos en Alemania. Los antillanos de las “viejas colonias” eran tratados como semi-europeos y llevaban los mismos uniformes que los demás soldados franceses, pero en las celebraciones aliadas, la consigna de los altos mandos militares fue que tropas debían ser “blanqueadas”. Por una cuestión de prestigio.

En su tesis de psiquiatría y primer libro –Peau noire, masques blancs (1952)–, Fanon sostuvo que en el sistema racial-colonial los colonizados debían adoptar las “máscaras blancas” del colonizador en la pirámide pigmentocrática, en la que el vértice solo podía ser inmaculadamente caucásico.

Un destino argelino

Cuando fue designado en 1952 al hospital psiquiátrico de Blida en Argelia,  descubrió que la escuela psiquiátrica colonial había tipificado a los árabes de “primitivos, fanáticos y fatalistas” porque según sus teorías el islam era una “patología mental” que hacía a las masas musulmanas “impermeables a la civilización”.

En noviembre de 1954, tras el estallido de la guerra anticolonialista, Fanon entró en contacto con el Frente de Liberación Nacional (FLN). De día trataba a los oficiales de la fuerzas coloniales y por las noches enseñaba a los insurrectos a mantener la sangre fría y soportar las torturas.

En 1956, expulsado de Argelia, se refugió en Túnez para trabajar en el aparato propagandístico del FLN. Como embajador itinerario del gobierno argelino en el exilio, conoció a Kwame Nkrumah en Ghana, a Patrice Lumumba en Congo, a Sékou Touré en Guinea y a Léopold Senghor en Senegal. Después de una campaña en el Sáhara para abrir un tercer frente en Argelia, los médicos le diagnosticaron leucemia, de la que murió a los 36 años.

Los condenados de la Tierra

En 1961, Fanon se comprometió a entregar un manuscrito al editor francés François Maspero, que ya había publicado en 1959 su segundo libro, Año V de la revolución argelina. El texto final fue Les damnés, obra póstuma porque su autor murió el 6 de diciembre de 1961 en un hospital de Maryland. Cuando sus restos retornaron a Argelia, fueron escoltados por columnas del FLN hasta el Cementerio de los Mártires en Chouhada.

En un tour de force biográfico, David Macey (1949-2011) –uno de los historiadores británicos más brillantes de su generación y autor de estudios fundamentales sobre Paul Nizan, Jacques Lacan y Michel Foucault– navega con consumado tacto y sentido común para desbrozar la mitología que se tejió en torno a Fanon, trazando las coordenadas –históricas, políticas, sociales y culturales– que permiten entenderle en un minucioso fresco histórico sobre la Francia de la posguerra.

Los actuales son buenos tiempos para releer a Macey y Fanon, que escribió que él mismo descubrió que era “negro” en Francia: la “negritud” no existe como tal, sino que es algo que uno descubre en la mirada del otro, observó.

Fuente: politicaexterior.com

Simón Bolívar y Pedro Camejo, “Negro Primero”

Los oficiales de mi estado mayor que murieron en esta memorable acción (la Batalla de Carabobo) fueron: Coronel Ignacio Meleán, Manuel Arráiz, herido mortalmente; capitán Juan Bruno, teniente Pedro Camejo (a) el Negro Primero, teniente José María Olivera, y teniente Nicolás Arias.

Entre todos con más cariño recuerdo a Camejo, generalmente conocido entonces con el sobrenombre de “El Negro Primero”, esclavo un tiempo, que tuvo mucha parte en algunos de los hechos que he referido en el transcurso de esta narración. 

Cuando yo bajé a Achaguas después de la acción del Yagual, se me presentó este negro, que mis soldados de Apure me aconsejaron incorporase al ejército, pues les constaba a ellos que era hombre de gran valor y sobre todo muy buena lanza. Su robusta constitución me lo recomendaba mucho, y a poco de hablar con él, advertí que poseía la candidez del hombre en su estado primitivo y uno de esos caracteres simpáticos que se atraen bien pronto el afecto de los que los tratan. Llamábase Pedro Camejo y había sido esclavo del propietario vecino del Apure, Don Vicente Alfonso, quien le había puesto al servicio del rey porque el carácter del negro, sobrado celoso de su dignidad, le inspiraba algunos temores.

Después de la acción de Araure quedó tan disgustado del servicio militar que se fue al Apure, y allí permaneció oculto algún tiempo hasta que vino a presentárseme, como he dicho, después de la función del Yagual. 

Admítile en mis filas y siempre a mi lado fue para mí preciosa adquisición. Tales pruebas de valor dio en todos los reñidos encuentros que tuvimos con el enemigo, que sus mismos compañeros le dieron el título de el Negro Primero. Estos se divertían mucho con él y sus chistes naturales y observaciones sobre todos los hechos que veía o había presenciado, mantenían la alegría de sus compañeros que siempre le buscaban para darle materia de conversación.

Sabiendo que Bolívar debía venir a reunirse conmigo en el Apure, recomendó a todos muy vivamente que no fueran a decirle que él había servido en el ejército realista. Semejante recomendación bastó para que a su llegada le hablaran a Bolívar del negro, con gran entusiasmo, refiriéndole el empeño que tenía en que no supiera que él había estado al servicio del rey.

Así, pues, cuando Bolívar le vio por primera vez, se le acercó con mucho afecto, y después de congratularse con él por su valor le dijo:

-¿Pero qué le movió a V. a servir en las filas de nuestros enemigos?

Miró el negro a los circunstantes como si quisiera enrostrarles la insdiscreción que habían cometido, y dijo después:

-Señor, la codicia.

-¿Cómo así?, preguntó Bolívar. 

-Yo había notado, continuó el negro, que todo el mundo iba a la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía después vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también a buscar fortuna y más que nada a conseguir tres aperos de plata, uno para el negro Mindola, otro para Juan Rafael y otro para mí. La primera batalla que tuvimos con los patriotas fue la de Araure: ellos tenían más de mil hombres, como yo se lo decía a mi compadre José Félix; nosotros teníamos mucha más gente y yo gritaba que me diesen cualquier arma con qué pelear, porque yo estaba seguro de que nosotros íbamos a vencer. Cuando creí que se había acabado la pelea, me apeé de mi caballo y fui a quitarle una casaca muy bonita a un blanco que estaba tendido y muerto en el suelo. En ese momento vino el comandante gritando “A caballo”. ¿Cómo es eso, dije yo, pues no se acabó esta guerra? –Acabarse, nada de eso: venía tanta gente que parecía una zamurada.

-¿Qué decía V. entonces?, dijo Bolívar.

-Deseaba que fuéramos a tomar paces. No hubo más remedio que huir, yo eché a correr en mi mula, pero el maldito animal se me cansó y tuve que coger monte a pie. El día siguiente yo y José Félix fuimos a un hato a ver si nos daban qué comer, pero su dueño cuando supo que yo era de las tropas de Ñaña (Yáñez) me miró con tan malos ojos que me pareció mejor huir e irme al Apure.

-Dicen, le interrumpió Bolívar, que allí mataba V. las vacas que no le pertenecían.

-Por supuesto, replicó, y si no, ¿qué comía? En fin vino el mayordomo (así me llamaba a mí) al Apure y nos enseñó lo que era la patria y que la diablocracia no era ninguna cosa mala, y desde entonces yo estoy sirviendo a los patriotas. 

Conversaciones por este estilo, sostenidas en un lenguaje sui generis, divertían mucho a Bolívar, y en nuestras marchas el Negro Primero nos servía de gran distracción y entretenimiento.

Continuó a mi servicio, distinguiéndose siempre en todas las acciones más notables, y el lector habrá visto su nombre entre los héroes de las Queseras del Medio.

El día antes de la batalla de Carabobo, que él decía que iba a ser la “cisiva”, arengó a sus compañeros imitando el lenguaje que me había oído usar en casos semejantes, y para infundirles valor y confianza les decía con el fervor de un musulmán, que las puertas del cielo se abrían a los patriotas que morían en el campo, pero se cerraban a los que dejaban de vivir huyendo delante del enemigo.

El día de la batalla, a los primeros tiros, cayó herido mortalmente, y tal noticia produjo después un profundo dolor en todo el ejército. Bolívar cuando lo supo, la consideró como una desgracia y se lamentaba de que no le hubiese sido dado presentar en Caracas aquel hombre que llamaba sin igual en la sencillez, y sobre todo, admirable en el estilo peculiar en que expresaba sus ideas.

Fuente: AiSur

Autobiografía del General José Antonio Páez.

El general José Antonio Páez (1790-1873) escribió su Autobiografía, dedicando cuatro páginas a su amigo y compañero de armas, el teniente Pedro Camejo, popularmente conocido como el “Negro Primero”. 

Malcolm X y su legado para la lucha afroamericana en EEUU

El mundo lo conoce como Malcolm X, pero su nombre oficial era El-Hajj Malik El-Shabazz. Nació el 19 de mayo de 1925, en un Estados Unidos gobernado por la intolerancia y el racismo, y murió asesinado el 21 de febrero de 1965.

El orador, ministro, religioso y activista defensor de los derechos de los afroestadounidenses, quien entregó su vida a denunciar la violencia de los blancos contra los negros con el objetivo de transformar la historia de su país, estaría cumpliendo 96 años de edad este 19 de mayo.

Sin embargo, un 21 de febrero de 1965, mientras se preparaba para dar un discurso en el Audubon Ballroom de Manhattan, hubo una pelea simulada en el público que captó la atención de los presentes, lo que permitió que tres hombres dispararan contra Malcolm y fuera declarado muerto al llegar al hospital.

1. Enseñó a los afroamericanos que defenderse no es buscar la violencia

“Cuando respetas la inteligencia de las personas negras de este país como iguales de los blancos, entonces te das cuenta de que la reacción de un hombre negro a la opresión será la misma que la reacción de un hombre blanco frente a la opresión. El hombre blanco no va a mostrar la otra mejilla cuando lo opriman”.

2. Postuló que el racismo es una estructura violenta y sistemática

“No creo ser un incitador. ¿Cómo vas a incitar a personas que están viviendo en basureros y ghettos? Es la estructura de la ciudad la que los incita. Una ciudad que sigue permitiendo que la gente viva en nidos de rata subterráneos en Harlem pagando una renta mayor que si vivieran en el centro. Eso es lo que los incita. (…)

Una ciudad que no va a crear ninguna oportunidad de empleo para gente que no consigue empleos sólo porque su piel es negra. Eso es lo que incita. Nunca acuses a un hombre negro de expresar su resentimiento y su insatisfacción sobre la condición criminal en la que vive su gente y luego le digas que incita la situación. Tienes que reclamarle a la sociedad que permite que estas cosas ocurran.”

3. Influyó en el arte negro del Black Arts Movement

El Black Arts Movement (BAM) fue un movimiento que surgió con potencia entre los años 1965 y 1975, arraigado profundamente en el movimiento por los derechos civiles, en el movimiento del Black Power y, especialmente, en las ideas de Malcolm X y la NI, organización a la que Malcolm X perteneció la mayor parte de su carrera política.

El arte que surgió de ella, principalmente exploraba y definía la cultura afroamericana y su historia, con el objetivo de que las personas negras comenzaran a identificarse culturalmente con África y sus raíces, uniendo así el activismo y el arte.

4. Influyó en el Partido Pantera Negra

En sus orígenes, el Partido Pantera Negra (en inglés Black Panther Party) y popularmente conocido como Panteras Negras, fue una organización nacionalista negra, socialista y revolucionaria en Estados Unidos entre 1966 y 1982, creada para la autodefensa del pueblo negro.

En sus orígenes, defendían “la vocación de actuar, de intervenir, de dar soluciones concretas y posibles”, autodenominándose “panteras” por la representación que veían en la naturaleza del felino: “no es atacar a alguien en primer lugar; cuando (la pantera) es atacada y acorralada, responde ferozmente y sin piedad a su agresor”, acogiéndose así a la idea de la autodefensa de Malcolm X.

5. Fundó el periódico musulman “Muhammad Speaks”

En 1960, Malcolm funda el MS, cuya circulación de 600.000 ejemplares lo convirtió en el más grande periódico de propiedad negra en Estados Unidos, durante sus 10 años de duración. 

6. Crítico del “sueño americano”

Malcolm creía en la unidad familiar y en la solidaridad de las masas y, por lo mismo, fue un acérrimo crítico del llamado sueño americano, al que prefería llamar “pesadilla americana”, pero siempre teniendo en cuenta la cultura y conciencia negra, incluyendo la educación (estudios negros), la política (Black Power) y la religión (black theology).

La lucha de Malcolm X no era una lucha frontal en contra de las instituciones. Como tampoco su doctrina era un llamado al levantamiento en armas inmediato e irreflexivo. Para él, más bien, era importante considerar la violencia sistemática de un sistema racista. Como su hija bien dijo, “Malcolm no creó el enojo de los negros con sus discursos: él se organizó para darle a este enojo una dirección”.

Malcolm fue asesinado el 21 de febrero de 1965. Antes de dar un discurso en el Audubon Ballroom de Manhattan, Nueva York, recibió 16 disparos, siendo herido por cuatro balas de una escopeta recortada, falleciendo en el Centro Médico de la Universidad de Columbia.

7. Su relación con Martin Luther King 

A pesar de las fuertes diferencias entre Malcolm X y Martin Luther King (MLK), los dos más importantes líderes negros se fueron acercando hacia el final de sus vidas: cuando Malcolm comenzó a moderar su discurso y MLK a radicalizarlo. Pese a esto, nunca tuvieron la oportunidad de explorar una alianza.

Durante los últimos tres años de su vida, King comenzó a hablar de eliminar la pobreza y garantizar un ingreso anual a todos los ciudadanos de Estados Unidos. Habló contra la Guerra de Vietnam y proclamó la necesidad de reestructurar la sociedad estadounidense. Por su parte, un año antes de ser asesinado, Malcolm se acercó a varios líderes de los derechos civiles.

Foto: Expansión
La única foto de Malcolm X y MLK juntos.

El mismo año de su muerte, Malcolm X viajó a Selma, en Alabama, para ofrecer apoyo a King, que entonces lideraba una campaña. Y así nació la única fotografía juntos. “Me alegro de verte” fue lo que le dijo X a MLK, mientras ambos sonreían y se daban la mano. 

Fuente: Telesur

La Rebelión del Negro Miguel


Acaudillada por el Negro Miguel en 1533 en las minas de Buría y su región, es considerada como la primera rebelión de afrodescendientes en la historia de Venezuela. Durante el gobierno de Juan de Villegas Maldonado, a mediados del siglo XVI, se intensificó la necesidad de adquirir mano de obra esclavizada, tras el descubrimiento por parte de Damián del Barrio de una importante veta de oro en las márgenes del río Buría, cerca de la ciudad Nueva Segovia de Barquisimeto, fundada en 1552 por Villegas.

El descubrimiento de estas minas causó una gran conmoción en la población de la ciudad de El Tocuyo (fundada en 1545), pues revivió la idea del antiguo y enigmático Dorado. En tal sentido, muchos vecinos motivados con la posibilidad de enriquecerse, organizaron y llevaron a sus esclavizados, mineros o agricultores, hacia la nueva veta. A finales de 1552 son trasladados a la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, 80 esclavizados para dedicarlos al trabajo en las minas, surgiendo así el Real de Mina de San Felipe de Buría (cerca de Nirgua, en el actual estado Yaracuy).

Entre los esclavizados que llegaron al Real de Minas de San Felipe de Buría, figuraba uno oriundo de San Juan Puerto Rico, el cual se distinguía por su rebeldía y arrojo, el Negro Miguel, quien era propiedad de Pedro del Barrío, hijo de Damián del Barrío. Dado su carácter indomable, en 1553 Miguel huyó con unos compañeros a las montañas, desde donde preparó un ataque al Real de Minas, resultando muertos varios mineros en medio de la oscuridad de la noche.

A partir de este exitoso asalto, el Negro Miguel se hizo fuerte en las montañas y su fama crecía día a día, siendo seguido por indios y afrodescendientes levantiscos con los cuales lo que consideró como su reino, pues el mismo se nombró rey y a su mujer, Guiomar, la hizo coronar como reina.

Asimismo, su pequeño fue reconocido por todos como su heredero. También nombró obispo a uno de sus compañeros y conformó una comunidad a semejanza de los pueblos de los españoles, con sus autoridades y empleados. Con el tiempo el Miguel y sus seguidores se convirtieron en un azote para la región y su presencia comenzó a trastornar las tareas de explotación de las minas.

En ocasión de una ataque del Negro Miguel a la recién fundada ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, la misma fue defendida valerosamente por sus pobladores capitaneados por Diego García Paredes y Diego Fernández de Serpa, junto a un refuerzo que llegó de la ciudad de El Tocuyo, dirigido por Diego de Losada y Diego de Ortega. En definitiva, el asalto del Afro Miguel quien fue asesinado en Barquisimeto fue rechazado y sus seguidores fueron perseguidos y nuevamente reducidos a ser esclavizados.

Según el testimonio de capitán Diego de Ortega, uno de los jefes de las fuerzas de El Tocuyo, fue García Paredes el que mató al rey Miguel.

Miguel creó el Movimiento Afroindigena que luchó por la abolición de la esclavitud, siendo las montañas de Buría en la ciudad de Nirgua, estado Yaracuy, su principal epicentro de lucha. Desde el 2008 al 2012 en ese estado, a partir del 26 de abril, se llevó a cabo la Ruta de Cimarronas y Cimarrones, con el fin de exaltar la gesta libertaria que el Rey Miguel nos legó.

La experiencia en este contexto, se inició el 26 de abril del año 2008 en el estado Yaracuy, siendo pionera en el desarrollo de tan importante propuesta, la comunidad de Buría, en la ruinas del Fuerte de San Vicente, municipio Nirgua. Continuando posteriormente en el municipio José Joaquín Veroes, lo que ha permitido construir lo que es hoy día la Ruta de los Cimarrones y Cimarronas de Venezuela. Primer Camino Libertario.

Fuente: Conadecafro (título original: La Rebelión del Afro Miguel)

Hace 267 años nació José Leonardo Chirino

José Leonardo Chirino fue un zambo venezolano que lideró una fallida insurrección en busca del establecimiento de la república en el país y la abolición de la esclavitud. Nació el 25 de abril de 1754 en Curimagua, estado Falcón, Venezuela, el 25 de abril de 1754.

Aunque fue un hecho de carácter local, un levantamiento que obedeció a una situación específica, propia de las condiciones sociales generadas por la esclavitud, tuvo inspiración en las insurrecciones de afrodescendientes africanos que tenían lugar en Saint Domingue y también en la Revolución francesa. El movimiento no se propagó más allá de una parte del occidente del país, pero logró provocar una seria alteración del orden colonial en Venezuela.

José Leonardo Chirino fue hijo único de una indígena libre y de un afro esclavizado perteneciente a una familia criolla de apellido Chirino; es entonces, un zambo libre. Se casó con una esclavizada llamada María de los Dolores con quien tuvo 3 hijos: María Viviana, Rafael María y José Hilario. José Tellería, rico comerciante y síndico procurador de Coro, solía realizar viajes de negocios a las Antillas, y en más de una ocasión Chirino se embarca como acompañante.

Es en el territorio del actual Haití, donde el zambo establece un más intenso contacto con las ideas y la práctica revolucionaria que tuvieron su epicentro en Francia; la noticia del momento son los levantamientos de esclavos liderados por Toussaint-Louverture y las tendencias republicanas que pugnan por imponerse sobre el régimen colonial. José Tellería se entera de tales convulsiones y la cuestión le preocupa, Chirino también está al tanto, pero esto, en lugar de preocuparlo, lo estimula: eso de libertad e igualdad tenía que estimular a alguien que jamás ha visto un movimiento similar en Tierra Firme.

Todo esto le sirvió a Chirino para encabezar el 10 de mayo de 1795 un movimiento armado desde la mencionada hacienda. Tras el fracaso de esta insurrección, Chirino fue perseguido y hecho preso por traición de un amigo en agosto del mismo año. La Real Audiencia de Caracas lo condenó a la horca y una vez ejecutada la sentencia el cuerpo de Chirino fue descuartizado el 10 de diciembre de 1796.


Este levantamiento escenificado en la serranía de Coro por un conjunto de esclavizados e indígenas tuvo por objeto la abolición de los esclavos y la supresión de los numerosos impuestos, así como el establecimiento de un régimen inspirado en el haitiano (la Asamblea Nacional francesa había otorgado la ciudadanía a los hombres libres de color en 1792).

Fuente: Conadecafro

Nat Turner: la rebelión del esclavizado pastor en EEUU

Una sangrienta insurrección en Virginia en 1831, sofocada cruelmente, prueba que la esclavitud no fue el periodo pacífico que idealizaba ‘Lo que el viento se llevó’

Uno de los argumentos de los defensores del sistema esclavista en los EE.UU. fue que era un modo de vida que garantizaba la paz social. Se sostenía que la misma población negra vivía conforme y feliz a este orden y que dicha jerarquía favorecía la convivencia entre razas. Esta visión idealizada se mantuvo incluso después de la proclamación de emancipación de Abraham Lincoln (1863) y es la que se refleja en la popular novela Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell (1936), y posterior adaptación cinematográfica (1939).

Sin embargo, esta imagen no se sostiene en los hechos históricos. El periodo esclavista en EE.UU. no fue, ni mucho menos, una etapa pacífica. Resultó convulsa y conflictiva. Los afroamericanos sometidos nunca aceptaron de buen grado su condición y se estima que se produjeron hasta 250 rebeliones de esclavos entre 1619 y 1865 en el país, desde las célebres revueltas cimarrones en las colonias españolas en los siglos XVII y XVIII hasta las numerosas insurrecciones de principios del XIX en pleno crecimiento del movimiento abolicionista.

La rebelión de Nat Turner es considerada una de las más sangrientas e impactantes de aquel periodo. Turner, un esclavo que había podido aprender a leer y escribir gracias a la supuesta benevolencia de sus amos blancos, utilizó sus capacidades y su posición como predicador para liderar una insurrección que durante 2 días puso en jaque el condado de Southhampton, Virginia.

Fue un levantamiento violento, que conmocionó a la región y todo el país, y que provocó una reacción igualmente represiva y virulenta contra la población negra. Su impacto posterior implicó el endurecimiento de las leyes de los estados del sur contra los negros (tanto esclavos como hombres libres), una situación que se fue tornando insostenible hasta el estallido de la Guerra Civil (1861-1865).

Nat Turner nació el 2 de octubre de 1800. Nació esclavo, hijo de esclavos, en la plantación de su amo Benjamin Turner, de quien, como era costumbre, tomó el apellido. De bien pequeño demostró que tenía altas capacidades y, de forma excepcional, sus propietarios le enseñaron a leer y escribir, especialmente la Biblia y textos religiosos. La primera infancia de Nat fue relativamente feliz: era el niño preferido de sus dueños blancos, que le exhibían a las visitas como una rara atracción.

Cabe puntualizar el contexto de la Virginia de ese entonces. En contra de lo que ocurría en el profundo sur, los propietarios no eran necesariamente crueles con sus siervos, que en algunos casos disponían de vacaciones o tiempo de ocio. Por lo tanto, tratos como los que obtuvo Nat no eran tan extraños. Sin embargo, llegada la adolescencia, ese privilegio se esfumó de forma abrupta. Cuando el joven tuvo la edad para ponerse a trabajar en los campos de algodón, fue apartado de sus estudios y tratado como un esclavo más.

La influencia de la religión tuvo un impacto brutal en Turner. De muy pequeño, su entorno familiar ya le atribuía unos poderes extraordinarios, fruto de una supuesta ancestral herencia africana. Él mismo se vio como una especie de elegido, asegurando que recibía mensajes o señales de Dios. Gozaba así de un gran prestigio entre los suyos, que le consideraban un líder y que le reconocían su inteligencia superior. Al mismo tiempo, conservaba la buena consideración de sus dueños, que veían en él la figura perfecta para evangelizar y tranquilizar al resto de esclavos.

Mantuvo su buena reputación de negro dócil probablemente como una estrategia para elaborar mejor su plan de insurrección. Sus motivos pudieron ser muchos: desde el desengaño por haber perdido su condición privilegiada hasta la toma de consciencia de la inmoralidad e injusticia del sistema esclavista. Todo ello aderezado por sus ideas religiosas. Dejó escrito que en la primavera de 1828 se había convencido de que “el Todopoderoso” le había encomendado “una gran misión” y que esperaba una señal para llevarla a cabo.

En torno a 1830, fue comprado por Joseph Travis, quien admirado por su buena fama, le permitió realizar reuniones religiosas en las que Turner comenzó a trazar sus planes. El predicador fue especialmente cuidadoso. Para evitar traiciones internas, se rodeó de un reducido grupo de fieles. Unas 4 o 5 personas a lo sumo que se intercambiaban la información a través de canciones y prédicas.

En febrero de 1831, Nat Turner interpretó un eclipse solar como la señal que estaba esperando. La noche del domingo 21 de agosto de 1831 comenzó la rebelión cerca de Cabin Pond, en el distrito Cross Keys de Southampton. Armados solo con hachas y cuchillos, el objetivo de Turner y de sus seis hombres era tomar Jerusalén, que así es como se llamaba la capital del condado. Su plan era sembrar el pánico en un ataque relámpago e intentar reclutar el máximo número de armas y combatientes por el camino.

Comenzaron adentrándose en la finca del dueño de Nat, al que ejecutaron rápidamente. Al mismo tiempo, convencieron a los esclavos para que se sumaran al grupo para seguir en la lucha. Este fue el modus operandi de los rebeldes durante esos días: recorrían la región, entraban en las casas, mataban a los dueños blancos, y trataban de convencer a los esclavos negros de que se unieran a la causa.

Existe cierta controversia sobre cómo fueron aquellos ataques. Las crónicas del momento hablan de masacres despiadadas y de todo tipo de atrocidades contra hombres, mujeres y niños, movidas por la sed de venganza de un “fanático religioso”. Lo cierto es que no hubo mucha piedad por parte de los insurrectos, como tampoco la habría posteriormente por parte de los propietarios blancos. Turner aseguró que la matanza indiscriminada solo se llevó a cabo inicialmente para generar alarma y añadió que, por ejemplo, evitó los ataques a “pobres blancos” por considerarlos también víctimas de aquel sistema.

Fuera como fuera, unas 70 personas blancas fueron asesinadas en apenas dos días hasta que la rebelión fue sofocada. Tras el shock inicial, los propietarios blancos comenzaron a organizar grupos armados y se produjeron intercambios de disparos en varias granjas. En las siguientes 48 horas, el grupo siguió liberando y reclutando esclavos -entre 50 y 80 personas se unieron a la lucha- hasta que los propietarios recurrieron a la infantería del estado que, mucho más numerosa en efectivos que los rebeldes, acabó por sofocar el levantamiento. Nat Turner pudo escapar.

La respuesta de las autoridades a la revuelta fue la de una cruenta represión. Con el líder de la rebelión todavía vivo, se optó por dar un mensaje ejemplarizante a la población negra. Los 16 rebeldes capturados fueron condenados a muerte por el tribunal del condado, y centenares de negros fueron linchados y ejecutados sin juicio por sus propietarios, incluso sin haber tenido nada que ver con la rebelión. Las noticias del levantamiento se propagaron rápidamente más allá del Southampton y las atrocidades contra los afroamericanos, fueran esclavos u hombres libres, se extendieron por el resto de Virginia y por los estados del sur.

El cabecilla de la insurrección sobrevivió semanas vagando por el condado sin que fuera capturado, hasta que se entregó a las autoridades el 30 de octubre de ese 1831 tras ser avistado por un granjero. El 11 de noviembre fue ahorcado en Jerusalén, Virginia, tras ser condenado por rebelión. Su cuerpo fue descuartizado y despellejado, en un intento de hacer olvidar su legado. Si se saben tantos detalles de su vida es porque él mismo se los dictó a su abogado de oficio, T.R. Gray, quien poco después de la ejecución publicaría Las confesiones de Nat Turner.

El episodio del levantamiento de Nat Turner conmocionó no solo el condado de Southampton sino todo el país. EE.UU. vivía en aquel entonces un intenso debate sobre la idoneidad del sistema esclavista. Cabe matizar que los contrarios a la esclavitud eran partidarios de una abolición gradual y generalmente, más allá de consideraciones morales, esgrimían argumentos económicos. Sin embargo, la rebelión de 1831 tuvo un efecto contraproducente y el debate terminó abruptamente en el sur en favor de los defensores de la esclavitud, que se entendió como un elemento identitario de los estados sureños.

Además, el miedo a nuevas insurrecciones provocó el endurecimiento de las leyes. El Congreso de Virginia prohibió enseñar a esclavos, negros libres o de “raza mixta” a leer o escribir. Igualmente limitó las reuniones de esclavos y las congregaciones de las iglesias negras, imponiendo que al menos un blanco estuviera presente en este tipo de encuentros para evitar nuevas revueltas.

La nueva legislación también recortó derechos civiles de los negros libres e incluso de blancos favorables del abolicionismo, movimiento que en el sur quedó borrado de la noche a la mañana. Curiosamente fue entonces cuando en el norte tomó mayor impulso: ese mismo 1831 se fundó la New England Anti-Slavery Society, la primera asociación abolicionista de los EE.UU. Una irreconciliable división entre el sur esclavista y el norte antiesclavista se estaba gestando, una situación que acabaría por ser insostenible y desencadenaría la Guerra de Secesión.

La rebelión de Nat Turner es uno de aquellos episodios clave en la historia de los afroamericanos, aunque también de las más controvertidas. Turner es visto como un héroe, sobre todo porque su caso demuestra que la esclavitud nunca fue aceptada por sus víctimas. Sin embargo, existen muchas críticas contra dicha idealización por el componente extremadamente violento del suceso.

La historia alcanzó una gran popularidad a raíz de la publicación en 1967 de la novela Las confesiones de Nat Turner, de William Styrton, obra inspirada en el texto de Gray y presentado como una narración en primera persona del predicador. La obra ganó el premio Pulitzer, como en su momento lo había hecho el clásico de Mitchell. Asimismo, en 2016, el director Nate Parker rodó The Birth of a Nation, un filme basado en el libro de Styrton y que se llevó el primer premio en el festival Sundance.

Fuente: la Vanguardia

Por Jaume Pi

Harriet Tubman: La mujer más valiente en la historia de EEUU

(Harriet Ross Tubman; Bucktown, Dorchester, hacia 1820 – Auburn, Nueva York, 1913) Abolicionista estadounidense. Harriet Tubman creció en una numerosa familia de once hermanos, fruto del matrimonio entre Harriet Green y Benjamin Ross, ambos esclavos. Sus antepasados habían llegado a los Estados Unidos desde África a principios del siglo XVIII. Su amo, Edward Brodas, la llamó Araminta, pero ella adoptó el nombre de Harriet, como su madre.

Harriet no recibió educación de ningún tipo; con cinco años ya trabajaba de criada y niñera. La mujer de su amo la tenía trabajando durante el día y por la noche debía vigilar que ninguno de los hijos lloraran. Por su condición de esclava pasó por toda clase de experiencias traumáticas y humillantes; hubo de ver incluso cómo dos de sus hermanas eran encadenadas. A los seis años empezó a trabajar con otro amo, el cual le enseñó a atrapar ratas y a tejer. En cierta ocasión, el amo la sorprendió cogiendo azúcar, y Harriet se escapó varios días para evitar el castigo. Al final, cansada y hambrienta, tuvo que volver y fue azotada.

Harriet pasó su niñez trabajando en el servicio doméstico o en labores del campo. Ninguno de sus amos estaba contento con su forma de trabajar, por lo que en ocasiones se encontraba en apuros. Con doce o trece años, uno de los capataces se enojó con un esclavo que había abandonado el trabajo, y mandó a Harriet que le ayudara a azotarle. Ella se negó, e incluso ayudó al hombre a escapar. El capataz, al ver al hombre correr, intentó detenerle arrojándole un peso de dos libras, pero falló, y entonces golpeó fuertemente a Harriet, dejándola inconsciente. A causa de esta paliza, durante toda su vida sería propensa a mareos, vértigos y jaquecas; con frecuencia se quedaba dormida de forma inconsciente.

Estos hechos aumentaron su fama de trabajadora ineficaz y rebelde. En 1844, su madre la obligó a casarse con un hombre negro libre llamado John Tubman, con el que vivió durante cinco años. No tuvieron ningún hijo. Entretanto, Harriet empezó a investigar el pasado de su familia. Para conocer la historia de su madre contrató los servicios de un abogado, el cual halló indicios de que su madre había sido libre durante un breve periodo porque un primer amo había muerto sin hacer provisión de ella. Aparentemente, nadie dijo a Harriet Green que era libre, y poco tiempo después volvió a ser esclava. Este descubrimiento obsesionó a Tubman, y acentuó todavía más su rechazo a toda forma de esclavitud.

El año 1849 fue crucial en su vida. Su amo en ese momento era un hombre blanco joven que estaba enfermo, bajo el cuidado de un tutor. Al morir el amo se extendió el rumor de que el tutor planeaba vender todos sus esclavos, y Tubman decidió escaparse. Su marido se negó a acompañarla, pero dos de sus hermanos se fueron con ella. Tuvieron que viajar cientos de millas a través de Maryland, atravesar Delaware y llegar a Philadelphia. A lo largo de aquel viaje, Harriet contó con la inesperada e inestimable ayuda de hombres negros y blancos comprensivos. Cuando alcanzó el suelo libre tenía sensaciones entremezcladas: por un lado la dicha de la libertad, por otro el pesar de que toda su familia siguiese en el sur bajo el yugo de la esclavitud. Determinó que, de alguna manera, tenía que liberarlos.

Su vida como mujer libre fue todo un cambio. En Philadelphia conoció a William Still, un hombre negro llamado el conductor en el grupo denominado Underground Rail. Este grupo de abolicionistas, cuáqueros y hombres blancos y negros había establecido una serie de casas, graneros, cuevas y escondrijos para que los esclavos fugitivos los utilizaran en su huida al norte y a la libertad. Tubman había sido ayudada por algunos miembros de Underground Rail en su huida y siguió aprendiendo más sobre el sistema de escondites con la ayuda de Thomas Garrett, de Wilmington.

Tubman resolvió dedicarse tanto como pudiera a realizar escapadas al sur y ayudar a otros esclavos. Para ganarse la vida se empleó en un hotel, ya que la organización no pagaba ningún sueldo a sus agentes salvo en raras ocasiones. En diciembre de 1850 realizó el primero de sus viajes y logró rescatar a una de sus hermanas y a dos niños. En 1851 rescató a otro hermano y a su familia. También intentó rescatar a su marido, pero cuando lo encontró se había vuelto a casar y no estaba interesado en huir. A final de los años cincuenta había conseguido rescatar a casi trescientas personas.

Después de que el Congreso aprobara la Ley de los Esclavos Fugitivos en 1850, en la cual se requería a los estados del Norte que hicieran retornar a los esclavos que habían huido, su trabajo se complicó. Harriet comenzó entonces a llevar a los fugitivos a St. Catharines, en Ontario, Canadá. Desde allí realizó unos once viajes, y en 1857 llevó a cabo uno de sus rescates más importantes, el de sus propios padres.

En las incursiones de salvamento, Harriet era muy precavida y astuta, tanto que en 1857, en Maryland, se puso un precio de cuarenta mil dólares a su cabeza. Su éxito se basaba en la inteligencia, en la planificación de la operación y en la determinación a la hora de realizar los viajes. Llevaba somníferos para dormir a los bebés, evitando así que llorasen, y solía llevar una pistola, no para defenderse de sus potenciales enemigos, sino para espolear a los fugitivos fatigados o miedosos que no querían continuar. “Vivir en el norte, o morir aquí”, les decía en tales momentos. Utilizaba mensajes secretos para anunciar su llegada. Incluso en cierta ocasión, Harriet y sus fugitivos cogieron astutamente un tren en dirección al sur, ya que nadie iba a pensar que se estaban escapando si iban en esa dirección. Harriet era una mujer baja, de color muy oscuro y con pocos dientes; siempre vestía recordando su pasado de esclava, y el hecho de que se quedara dormida de pronto daba la impresión equivocada de que era una mujer frágil.

Durante la década de 1850 su fama creció entre los abolicionistas. Viajó a Nueva Inglaterra, donde conoció a Ralph Waldo Emerson, a Frederick Douglass, a Gerrit Smith y a Thomas W. Higginson. En 1857 otro partidario de la causa abolicionista, el senador por Nueva York y Secretario de Estado William Seward, le vendió en condiciones muy favorables la tierra para construirse su casa. Estaba situada en Auburn, en el estado de Nueva York.

A finales de los 50 conoció a John Brown. Brown viajaba por las comunidades negras del Canadá para contratar reclutas, con la idea de atacar el arsenal federal que estaba en el trasbordador de Harpers e iniciar una sublevación masiva. Tubman aprobaba el plan de la insurrección y decidió ayudarle, pero una repentina enfermedad se lo impidió. Al conocerse, ambos sintieron mutua admiración: Harriet pensaba que Brown era la personificación de Jesucristo por su forma de ayudar a los esclavos fugitivos, y él decía a menudo que ella era en realidad el General Tubman.

En la primavera de 1860, camino de una reunión abolicionista que se celebraba en Boston, y atravesando Troy (Nueva York), supo que en esa ciudad los federales habían descubierto a un fugitivo y se proponían devolverlo. Tubman luchó hasta conseguir la libertad del fugitivo. Ese mismo año viajó a Maryland, pero el país estaba a punto de entrar en la Guerra de Secesión y se prohibió a los abolicionistas los viajes al sur. En la primavera de 1861 siguió a las tropas del general Benjamin Butler de Massachussets en su marcha hacia el sur para defender Washington. En mayo de 1862 llevó una carta del gobernador de Massachussets al general David Hunter, que se hallaba en Carolina del Sur; el gobernador proporcionaba ayuda para la guerra. Al principio trabajó como enfermera y posteriormente como espía; participó además en varias incursiones y condujo en julio de 1863 la expedición del río Combahee.

En 1864 regresó a Auburn por problemas de salud de sus padres, y ya cerca del final de la guerra, viajó a Virginia para trabajar durante un breve tiempo en la fortaleza Monroe. Al finalizar la guerra se estableció definitivamente en Auburn. A pesar de su pobreza y de su analfabetismo, dedicó su tiempo a obtener dinero para la educación de los antiguos esclavos, reunió ropa para los niños pobres y ayudó a los ancianos incapacitaos para el trabajo. Eventualmente acogió en su propia casa a pobres y ancianos. Con la ayuda de la Iglesia Episcopal y Metodista Africana de Auburn, se abriría en 1908 en la misma ciudad la Casa Harriet Tubman, que acogería a ancianos e indigentes de color.

En 1869 Tubman se casó con un antiguo esclavo y ex soldado del ejército de la Unión, Nelson Davis (John Tubman había fallecido años antes). En ese mismo año, su amiga Sarah Bradford publicó su biografía: Escenas en la vida de Harriet Tubman. Con la publicación de este libro pudo terminar de pagar su casa, pero seguiría teniendo problemas financieros el resto de su vida. Durante dos décadas muchos de sus amigos y aliados intentaron convencer al gobierno de que diera a Tubman una pensión por sus servicios durante la Guerra de Secesión. Pero no fue hasta 1890, tras la muerte de Nelson Davis, cuando le fue concedida una pequeña pensión por los servicios que su marido había prestado al país.

Durante el período posterior a la guerra, Tubman estuvo también activa trabajando en los derechos de la mujer e intentando conseguir el sufragio universal. Para ello colaboró con Susan B. Anthony y otras feministas. Su fama había llegado en esa época hasta Europa, e incluso la reina Victoria le envió un presente y la invitó a pasar una temporada en Inglaterra. Falleció en Auburn el 10 de marzo de 1913, y el ejército le rindió honores en un entierro de carácter militar. Al año siguiente, la ciudad de Auburn le dedicó un monumento en el jardín del Palacio de Justicia del Condado.

Billete de 20 $ cambiara el rostro de un esclavista por el de la heroina Harriet Tubman

La imagen heroína antiesclavista que rompió sus propias cadenas, fue pionera del sufragismo y espía de la Unión contra el Sur esclavista, aspira a acomodarse entre los pliegues tibios del papel moneda, como vienen prometiéndole hace años.

Será la primera persona negra que se asome a un billete de dólar, el de 20 en concreto, y la primera mujer en más de un siglo. El presidente Joe Biden quiere acelerar el proyecto, que arrancó en 2016 en las postrimerías del mandato de Barack Obama, hibernó con Donald Trump, devoto del presidente esclavista Andrew Jackson (figura actual del billete más usado en EEUU), y se reanuda ahora, cuando aún resuena el clamor del movimiento Black Lives Matter.

“El Departamento del Tesoro está adoptando los pasos para reanudar los esfuerzos para poner a Harriet Tubman en la cara de los nuevos billetes de 20 dólares”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, en una rueda de prensa.

Fuente:  Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Harriet Tubman. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). 

El Uali Mustafa el joven mártir, fundador y presidente de la República Saharaui

Sahararekin-Cronología

“Si quieres tu derecho es preciso que estés dispuesto a derramar tu sangre, es preciso que sacrifiques todo por una sola cosa: tu dignidad” (Luali Mustafa)

Luali (El Uali) Mustafa Sayed, apodado cariñosamente Lulei,  (Bir Lehlu 1948-Mauritania 1976) fue un joven revolucionario y líder nacionalista saharaui. Fundador del Frente Polisario en 1973 y elegido como Secretario General durante el segundo congreso del partido, celebrado un año más tarde. Proclamó la formación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el 27 de febrero de 1976, meses antes de su muerte en batalla, cuando solo tenía 27 años de edad. Fue el  Presidente-Fundador de la República. A propósito de celebrarse el aniversario de la Indipendencia de la RASD, AiSUR reproduce el artículo sobre Luali escrito por Jorge Alejandro Suárez Saponaro.

Hace algunos años, en el marco de una agrupación política, me dijeron que por mi juventud, no tenía lugar y que debía concentrarme en estudiar y disfrutar de mi edad, que no estaba preparado a pesar de mis buenas ideas para adentrarme en política. En aquel momento tenía 28 años. En esos momentos me pareció una absoluta injusticia. Es de público conocimiento el clamor de la sociedad de un relevo generacional en la clase política. No solo se precisa gente más joven, sino gente con “alma joven” capaz de liderar transformaciones y tener la fuerza para guiar a toda una nación en momentos de zozobra. Existen muchos casos de liderazgos jóvenes, que estuvieron a la altura de las circunstancias. Un ejemplo de ello fueron los comandantes de las fuerzas israelíes en la guerra de 1948.

En estos días, más precisamente el 9 de junio, se recuerda la muerte del primer presidente de la República Árabe Saharaui Democrática en el campo de batalla. Esta inteligencia singular, como señala con acierto el prestigioso académico Dr. Carlos Ruíz Miguel, nació en el seno de una familia nómada, lo que cuesta precisar su fecha exacta de nacimiento.  Brillante estudiante, le permitió llegar a la Universidad en Marruecos, donde se pondrá en contacto con otros estudiantes saharauis y se impregnará de las corrientes revolucionarias. Aquel joven, lleno de inquietudes, sueños e ideales sin ninguna duda como sus compañeros quedarían fascinados por los profundos cambios que ocurrían en el Mundo. La idea de cambiarlo, parecía estar al alcance de la mano. Su militancia le generará la cárcel y el exilio, por manifestarse abiertamente por la independencia del Sahara Español. El destino lo llevará a Argelia, donde se pondrá en contacto con el FLN argelino. Cabe recordar que el FLN tenía cierto “halo” sagrado por la épica lucha contra el colonialismo francés. El Uali Mustafa Sayed buscará apoyo para la causa independentista saharaui y encontrará eco en la Revolución Libia, liderada por un joven coronel Muammar Gaddafi.

En esos días, los cambios sociales ocurridos en el Sahara Español, crearon la condiciones para la formación de una conciencia nacional saharaui y dio paso al germen del movimiento nacionalista. Este movimiento tuvo un carácter pacífico, liderado por el carismático Bassiri. La trágica desaparición de este personaje, ante la dura respuesta de las autoridades coloniales españolas, radicalizó el movimiento saharaui. El tiempo del diálogo había terminado, había llegado la hora de las armas y de pasar a la acción. Un grupo de representantes del pueblo saharaui en Mauritania decidieron crear el Frente Polisario, en mayo de 1973 y a los pocos días sus hombres tendrían su bautismo de fuego. En todos los combates y acciones de resistencia, estaría presente El Uali, un hombre de veintitantos años. El prestigio ganado entre sus compañeros de lucha lo llevaran que en el II Congreso del Frente Polisario sea electo Secretario General y por ende el máximo líder del movimiento revolucionario, era el año 1974. Marruecos presionaba abiertamente en su reclamo sobre el Sahara Español, sin tener muy en cuenta lo que opinaban los saharauis, mientras que España llevaba un comportamiento contradictorio, por un lado hablaba de referéndum sobre autodeterminación, ciertos sectores del gobierno se aferraban a la idea de un Sahara español, y otros traicionando al pueblo saharaui y las promesas de Madrid apoyaban la tesis entreguista.

 El Uali era líder de un movimiento pequeño y escaso de recursos. Se luchaba ante gigantes y la victoria parecía un espejismo. Ello no lo desanimó. Su carisma, su fuerza joven, y un carácter especial le permitieron seguir adelante con la lucha iniciada en 1973. Las escaramuzas con las fuerzas españolas fueron forjando las fuerzas saharauis y su líder. Cabe destacar que El Uali tenía el hábito de luchar en primera línea.

En 1975 un año trágico para la historia del pueblo saharaui, dado que España decide abandonar a los saharauis intempestivamente. El rey Juan Carlos I, que ahora dejó la Corona, había prometido defender la libertad del pueblo saharaui y sus derechos. A los pocos días, el gobierno español hacía las maletas del Sahara en medio de una brutal invasión perpetrada por Marruecos y Mauritania. La llegada de los invasores estuvo precedida de todo tipo de actos de violencia y el terror llegó a la población civil, que no dudó en emprender el exilio al desierto. Millares huyeron de sus hogares con lo puesto. Antes de expirar la presencia española de manera formal, según los siniestros Acuerdos de Madrid, el 27 de febrero de 1976, en la localidad de Bir Lehlú, el Consejo Nacional Saharaui proclama la RASD con la presencia de numerosos periodistas extranjeros, siendo proclamado presidente nada menos que El Uali Mustafa Sayed.  La guerra es una realidad y pareciera que todo está perdido. Un pueblo huye por el desierto. Los invasores tienen el apoyo de las grandes potencias occidentales y numerosos recursos materiales. Pareciera que en semanas el Frente Polisario sería barrido de la faz de la tierra. Solo un liderazgo de excepcional calidad y talento estratégico, como El Uali Mustafa Sayed supo mantener a un pueblo unido y lograr explotar al máximo la ayuda externa proveniente de Libia y Argelia.

 Los antiguos soldados, suboficiales y policías saharauis eran ahora parte del naciente Ejército de Liberación Popular. Son horas dramáticas. El pueblo huye y no hay medios para asistirlos. Los invasores bombardean la población civil con napalm y fósforo, con la idea de eliminar combatientes saharauis. Um Dreiga, Guelta, Tifariti, son testigos del horror. Los refugiados son la “retaguardia” de la joven República Saharaui. El Uali con su carisma alienta al pueblo a seguir luchando, ante un mundo indiferente que guarda silencio ante tales horrendos crímenes.

Las fuerzas saharauis gracias a un liderazgo de calidad, aprovechamiento del terreno, sorpresa táctica, movilidad y un alto grado de audacia, libran una lucha épica. Diez contra uno.  El liderazgo saharaui apuesta a atacar objetivos estratégicos del enemigo. Es una guerra de todo o nada. No hay opciones. El fracaso no es la opción. Un pueblo sufre la opresión de los invasores. No solo está en juego la libertad, sino la existencia de los saharauis como nación.

En esta etapa de la guerra conocida como “Defensa Positiva” por el escritor español Emiliano López Gómez, los saharauis libran una guerra de dos frentes. Se suceden hechos heroicos como la batalla de La Agüera donde cientos de combatientes saharauis luchan hasta el último cartucho.  Los invasores se ven ante un combatiente decidido a vender cara su vida. En este contexto nace la acción contra Mauritania en el marco de un contexto de racionalidad estratégica. La estrategia se adapta a los recursos existentes.

Así nace la llamada Ofensiva de Verano: unos 800 soldados del ELPS con vehículos armados con cañones sin retroceso, ametralladoras pesadas, fueron lanzados a un raid sobre diversos puntos de la geografía mauritana. Los ataques se dirigieron a la zona donde se explotaban las minas de hierro de Zuérat (eje de la economía mauritana), el centro de la minería cuprífera de Akjujt, para después romper las líneas mauritanas y abrir paso a las fuerzas del ELPS a la capital de Mauritania. Los objetivos militares saharauis eran claros, golpear sectores estratégicos del Estado mauritano, a fin de quebrar la base de financiamiento de su maquinaria de guerra, agregándose algo más audaz, el golpe estratégico contra su liderazgo político – militar: atacar la capital.

Una de las columnas móviles era liderada por el presidente de la RASD, El Uali Mustafa Sayed. las fuerzas saharauis atacan la capital mauritana el 8 de junio de 1976, atacando el palacio presidencial donde queda en evidencia el grado de vulnerabilidad mauritana. El 9 de junio se libran dos nuevos combates entre fuerzas mauritanas y saharauis ocurren en Mutunsi y Benichaab, en la región de Akjujt, donde mueren el presidente de la RASD El Uali Mustafá Sayed con su ayudante Lubeid Uld Larosi. Su pérdida causa una profunda conmoción en el pueblo saharaui  al perder a su carismático líder. El primer presidente de los saharauis solo tenía 27 años. El III Congreso del Frente designará como presidente al actual jefe de estado saharaui, Mohamed Abdelaziz.

La audacia del El Uali le permite a las unidades militares saharauis perfeccionar sus tácticas de guerra de guerrillas en el desierto, únicas en su tipo, permitiendo hacer frente a fuerzas diez veces mayores. La estrategia militar planteada contra Mauritania por El Uali tendrá sus efectos. No solo caerá el régimen de Uld Daddah cómplice de Hasan II de la invasión del Sahara Occidental, sino de los crímenes contra la humanidad y de guerra cometidos, sino que Mauritania saldrá exhausta y con una economía en ruinas por la aventura.

Sin ninguna duda, luchas como las del  pueblo saharaui y el ejemplo de El Uali Mustafa Sayed son fuentes de inspiración para combatir contra la injusticia, la opresión y la ausencia de libertad.  Esperemos que la historia algún día reivindique a este joven que murió en defensa de la dignidad y libertad de su pueblo.

Fuente: Aisur

Por Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro. Abogado  – Magíster en Defensa Nacional. Profesor Invitado de la UNLP. Cátedra Libre de Estudios sobre el Sahara Occidental

La rebelión del negro Miguel en la historiografía venezolana: un balance crítico

En esta oportunidad desde Afroamiga te presentamos un artículo de investigación redactado por el investigador José Marcial Ramos Guedéz a través del cual se hace un balance crítico al abordaje realizado por la historiografía a la rebelión del Negro Miguel.

En el estudio se presentan opiniones, análisis y enfoques metodológicos desde el período de la Colonia hasta el siglo XXI, enfocándose en una muestra representativa de escritos de los autores Fray Pedro Simón, Fray Pedro de Aguado, Juan de Castellanos, José de Oviedo y Baños, Rafael María Baralt, José Gil Fortoul, Miguel Acosta Saignes, Federico Brito Figueroa, Manuel Vicente Magallanes, Jesús María Herrera Salas, Reinaldo Rojas, Gilberto Abril Rojas y otros.

El autor aspira que la ciencia de la historia con carácter de totalidad, permita conocer y comprender la gesta del negro Miguel en el contexto de su época y como símbolo de la primera lucha de los africanos y sus descendientes, incluyendo a la población indígena, contra los conquistadores y colonizadores europeos.

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Te invitamos a ver la galería de personajes caribeños

Hace dos semanas te presentamos la galería de los líderes revolucionarios africanos, hoy compartimos contigo una nueva galería de personajes caribeños a través de la cual queremos seguir ofreciéndote aspectos resaltantes de luchadores y valientes hombres y mujeres de la africanidad.

Esta colección, diseñada por Beatriz Aiffil, es propiedad del Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora, en cuyos espacios puede ser visualizada también de manera presencial, específicamente en su sede académica, ubicada en el Piso 2 del Edificio Gradillas, en Caracas, Venezuela.

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