La vida de los esclavos negros en Venezuela

Afroamiga te ofrece este artículo de Miguel Acosta Saignes publicado en la Revista del Cesla a través de cual se relatan diferentes aspectos que caracterizaron la vida de los esclavos negros en nuestro país.

El documento incluye importantes referencias relativas a las protestas y rebeliones de los negros, así como las medidas adoptadas por la monarquía para sofocar los alzamientos.

Lo anterior haciendo mención a los sitios donde se refugiaban y estructuraban sus comunidades, generalmente llamadas cumbes o quilombos.


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Cumbe, cimarronera, quilombo o palenque

A partir de la introducción de esclavos en Venezuela, el maltrato por parte de los europeos y criollos esclavistas y la búsqueda de la libertad los obligaron a refugiarse en las montañas formando Cumbes, en los que implantaron sus propias reglas y formas de vivir.

Por lo general los esclavizados negros fugados eran perseguidos y fuertemente castigados.

Estos escarmientos variaban desde el azote en el cual se les amarraba para pegarles en el cuerpo, hasta la pena de muerte.

Cimarroneras, cumbes, quilombos o palenques son tan sólo algunas de las denominaciones dadas a las comunidades de esclavos, escapados de las haciendas y casas de sus patrones, quienes se internaban en las zonas montañosas y selváticas.

Estos lugares, debido a sus características geográficas, se convirtieron por lo general en el refugio perfecto para los fugitivos, aunque también albergaban a comunidades aborígenes, a blancos pobres y a cualquier hombre o mujer que viviera al margen de los principales centros poblados.

Fuente: https://radio.otilca.org

Historia y Tradición: Macuquita afrovenezolanos

A finales del siglo XVI, una embarcación cargada de esclavos, procedente de Guinea con destino a Curazao, zozobró cerca de las costas de Falcón. Situación que aprovecharon algunos para establecer en Coro los barrios “Curazaito” y ” La Guinea”, otros se internaron en la sierra falconiana a diecisiete kilómetros de Coro, y a dieciséis de Cabure.

Denominaron ese asentamiento como “Consolao” que significa:

“Haber realizado una travesía, sufriendo calamidades y penurias”.

Dicho nombre fue denominado luego “Macuquito”, que significa: “negro procedente de África” , conocido más adelante como: *”Macuquita”, ubicada en la parroquia Guillermo Guzmán, del municipio Miranda capital Coro.

El sector que ocupan, había sido desalojado por indígenas, que emigraron a otros lugares por sufrir persecuciones y maltratos a raíz del movimiento del 10 de mayo de 1795, con la toma de la hacienda Macanillas de José Telleria, cerca de Curimagua, en la sierra de Coro, dirigido por el zambo José Leonardo Chirino. Actividad que recuerdan cada 10 de mayo.

“Macuquita”, fue declarada esa fecha, en el 2009 como: ” Patrimonio Histórico Cultural de Venezuela”.

La población, no llega a los diez mil habitantes; mantienen algunos aspectos de su cultura, transmitidos de generación en generación.

Estos coterráneos, se han mantenido en la Sierra, sin realizar mestizaje, trabajando por su destino, disponen de ambulatorio y escuela, siempre esperando la solución de sus problemas de bienestar.

Algunos pobladores de “Macuquita” se mudaron a sectores cercanos, en busca de mejores condiciones de vida.

José Caridad González

Negro Loango, ( tribu del reino del Congo), llegó a Coro escapado de Curazao, donde se comercializaba a los esclavos.

Hablaba el Patuá curazoleño, castellano, francés y su idioma de origen. Viajó a Santo Domingo y Haití donde conoció líderes emancipadores.

También se trasladó a España, a solicitar los títulos de propiedad de las tierras y exigir el cumplimiento de la reales cédulas, relacionadas con la Libertad de los Esclavos, alimentación, vestuario y trato, las cuales no eran cumplidas por los terratenientes.

José Caridad, junto a veinte compañeros de lucha, fueron encarcelados en Coro, por la participación en el Movimiento del zambo Chirino, fue ajusticiado el 12 de mayo de 1795.

Considerado como Precursor de los Derechos Humanos de su raza en Venezuela.

La Unidad Educativa de Macuquita, honra el nombre de José Caridad González.

Fuente: El Carabobeño

Más allá del decenio de los pueblos afrodescendientes

Este libro, según asevera su autor, plantea la tesis de que “la situación de clandestinización de la Diáspora Africana exige arqueologías colectivas y urgentes, ancladas en rutas hechas en la contramano del proceso colonial. En términos concretos, se trata de una propuesta metodológica en donde lo más urgente es conocer y poner fuerza en las voces clandestinizadas para generar acciones anticoloniales”.

Consta de cuatro partes a través de las cuales diferentes autores presentan sus investigaciones y aportes acerca de temas inherentes a la afrodescendencia.

• Primera parte: Afro-epistemologías

• Segunda parte: Afro-feminismos en clave descolonial

• Tercera parte: Movimientos afro-descendientes

• Cuarta parte: Anexos (resoluciones, declaraciones y conferencias)

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10 Tips para cuidar y amar tu cabello afro

Nuestros cabellos son una muestra de resistencia al sistema, y detrás de su belleza majestuosa que hace coronas, es importante saber el por qué de sus características. 

El cabello negroide o afro es característicamente rizado como consecuencia de la adaptación a los climas cálidos, permitiendo la circulación del aire con mayor facilidad, refrigerando la cabeza y evitando que alcance temperaturas peligrosas para el ser humano. Así vemos como nuestros cabellos son herencia ancestral, hermosa herencia que al liberarnos del yugo del blanqueamiento, exaltamos y reivindicamos al tiempo que sonreímos siendo y mostrando nuestro verdadero ser.

Aquí  unos tips para el cuidado de nuestros cabellos, mediante rituales amorosos que enaltecen nuestra afrofemenidad.

1. Usa tus dedos

A diferencia de la creencia popular, los cabellos afro generalmente son finos y tienden a partirse fácilmente si los maltratamos. Al desenredarlo con los dedos y peines de dientes gruesos evitamos el fracturar la hebra, además de ser un ritual de amor a nuestros cabellos y a nuestra afrofemenidad.

2. Cubre tu cabello

Nuestros cabellos son naturalmente resecos, por lo que el conservar la hidratación es una tarea que dará sus frutos en un cabello saludablemente hermoso. Al dormir cubre tu cabello o almohada con una funda sedosa, que al contrario del algodón no absorben los aceites naturales del cabello, evitando el friz matutino.

3. No sulfatos, no champú

Los sulfatos contenidos en champús son los que al producir la espuma dejan al cabello libre de sus aceites naturales y artificiales, dejándolo sumamente reseco. Al utilizar champús sin sulfatos, evitamos esta sensación; el problema es que muchos champús aún sin sulfatos dejan nuestros cabellos con la sensación de resequedad, por lo que existe hoy en día un movimiento que cobra cada vez mas adeptas y es el régimen no-poo (no champú). Este consiste en limpiarnos el cabello con productos alternativos que no resequen nuestra hebra. Existen variadas opciones (co-wash, vinagre de manzana y bicarbonato de sodio, entre otros), que personalmente recomiendo, ya que limpian a profundidad el cabello y lo dejan manejable. La cuestión es que este régimen debe ir de la mano con la no utilización de siliconas, ya que éstas al ser de origen mineral (petróleo) es posible removerlas sólo con los productos detergentes contenidos en champús. Si aún decides lavar tu cabello con champú elige los libres de sulfatos y que contengan productos humectantes.

4. Hidrátalo

Nuestros cabellos aman el agua, y mientras más expuesto estén a ella mejor se sentirán, este es un principio que nos choca mucho a las negras, debido a la costumbre de no mojarnos el cabello por el secado y el desriz, y hasta el mito de que el exceso de humedad pudre el cabello. Humedecer nuestros cabellos con atomizador varias veces al día, aplicarnos acondicionadores sin enjuague (que no contenga Hidróxido de Sodio), así como aplicar hidrataciones profundas cuando el cabello lo pide, son hábitos que el cabello agradece.

5. Sella la hidratación

Nuestros cabellos tienden a perder la humedad rápidamente y volver a su estado de resequedad fácilmente. Por lo que aplicar aceites o mantecas preferiblemente  naturales, luego de un acondicionador sin enjuague, sella la humedad contenida en la hebra del cabello, lo que lo mantiene por más tiempo hidratado.

6. ¡Desenrédalo!

Un hecho sin lugar a duda es que mientras más días dure tu cabello afro sin ser desenredado, mas rebelde se pone y más lo maltratas en el proceso. Así que define una rutina donde mínimo dos o tres veces por semana lo desenredes. No olvides hacerlo utilizando toda el agua, aceites y el acondicionador necesario para no quebrar las hebras del cabello, utilizando tus dedos o peine de dientes gruesos, dividiéndolo por partes para ayudarte, y si prefieres al finalizar péinate con moños, twist o trenzas para proteger y mantener tu cabello sin enredos.

7. Elige lo natural

A pesar de lo difícil que es llevar un régimen natural, esta es la manera de lograr un cabello saludable. Los sulfatos, las siliconas, parabenos y el sin fin de productos químicos que se han creado para el “manejo” de nuestros cabellos, lo maltratan y deforman. Evita los champús que resecan nuestra hebra, y elige acondicionadores sin siliconas, ya que estos cubren y sellan la hebra del cabello con derivados del petróleo, resecando y bloqueando la hidratación del mismo; péinate con gel de linaza, aplica aceites naturales para el sellado de la hidratación, e hidrata profundamente con productos naturales como aguacate, coco, plátano, huevo. Además de ser mucho más económico que los productos comerciales, son rituales orgánicos de amor con excelentes resultados en la salud y apariencia del cabello negroide.

8. Diviértete

La sociedad aún asume que nuestros cabellos son feos e inapropiados, por lo que en muchos casos nuestra autoestima es afectada, desencadenando en una relación de más odio que amor con nuestros cabellos. Peinándolo de formas divertidas, utilizando accesorios, bandanas, pañoletas, de colores y tamaños variados, le damos un vuelco a ese prejuicio y hacemos ver nuestra afrofemenidad hermosa y contrarrestamos preconceptos errados, ganando adeptas a esta forma de llevar la negritud con hermoso orgullo.

9. Trátalo con cariño

Me refiero a cuando lo toques; no lo maltrates, masajéalo, péinalo y juega con él desde el amor. Al lavarlo distribuye el producto de tu preferencia con agua desde la raíz, masajeando con los dedos (no las uñas) el cuero cabelludo, llevando el producto suavemente sin maltratar ni romper la hebra, hasta las puntas. Al desenredarlo y peinarlo evita romperlo, separa los nudos que se creen, ve de puntas a raíz y sepáralo en partes para mejores resultados. Al secarlo no restriegues la toalla contra el cabello, puedes sacar el exceso de agua exprimiéndolo sutilmente con las manos, o secarlo utilizando una camiseta vieja o toalla de microfibra ya que absorben el agua sin ocasionar las puntas dañadas y el frizz de frotarlo con toallas convencionales. Por último evita peinarte, desenredarte o lavarte el cabello apurada o molesta, permítete un espacio de amor con tu cabello.

10.  Estilos protectores

Son esos peinados que nos hacían de niñas, las trenzas, los twist o rollitos, los moños,  entre otros; que permiten agrupar nuestro cabello protegiéndolo de los agentes externos que lo perjudican, además de constituir peinados al tenerlos y al deshacerlos, ya que definen un patrón de rizo muy bonito. Los estilos protectores son trenzas que en termino general, se hacen separando el cabello y trenzándolas o enrollándolas en dos o tres partes. Para mejores resultados y no maltratar la hebra, al hacer los estilos protectores el cabello debe estar húmedo y con algún producto hidratante sin enjuague. Se deben deshacer con las manos preferiblemente, previamente frotadas con el aceite de tu preferencia, evitando así el friz, y al terminar puedes seguir separando el cabello y peinarlo con los dedos hasta obtener el aspecto deseado.

Fuente: Afrofemeninas.com

Fatoumata Diawara, fulgor africano en el Grec

La artista maliense se lució como cantante, guitarrista y figura escénica defendiendo los valores positivos de la africanidad y reivindicando a Fela Kuti y Nina Simone

La pulsión africana del Grec 2021 nos deparó el concierto de una artista, Fatoumata Diawara, en la que se condensan vistosas aptitudes: cantante de voz esbelta, guitarrista eléctrica presta al solo vibrante (territorio tradicionalmente masculino), actriz con dotes escénicos, portavoz de una África que quiere sacarse el polvo de encima y lucir moderna y resuelta. Esta maliense de 39 años representa una perspectiva cosmopolita, como refleja su currículo de colaboraciones, las más recientes con Gorillaz y Disclosure.

Lo suyo no es, en realidad, innovador, pero desprende personalidad en el modo de desarrollar los ritmos mandinga y afrobeat con su guitarra atrayendo los focos y abriéndose al funk, el pop o los vestigios del góspel. Un punteo crudo con la Gibson SG, trenzado con su canto reflexivo, abrió el concierto con vistas a ‘Don do’, de su último disco, ‘Fenfo’ (2018), cuyo título significa “algo que decir”. Diawara tiene, en efecto, un discurso que compartir, textos en bambara que hablan de las penalidades de la mujer africana, las guerras y las tradiciones obsoletas. Material peliagudo, que envolvió con unos parlamentos vivaces, aunque un tanto lineales, sobre “presentar África al mundo en un sentido positivo” y el poder de la música como “lo opuesto a la guerra”.

Las canciones se desplegaron en bucles rítmicos largos, porque se trataba de bañarnos en esa noción de la música absorbente con cadencia de lluvia fina. Arquitectura tersa, con un cuarteto que incluyó a dos músicos alistados en Barcelona, el bajista Tito Bonacera (Jaleo Real, Nathy Peluso) y el teclista Arecio Smith (Astrio). Un grupo dispuesto al trance lisérgico con musculatura rock en piezas como ‘Kanou’, con solo de sintetizador.

En el centro, ella, su guitarra y sus movimientos de danza, falda roja al viento, con su carisma natural, su canto de amplio espectro, con graves airados y punzantes agudos, y su entusiasmo al hablar de los pioneros y de los líderes: de Fela Kuti, Miriam Makeba y Angelique Kidjo a una Nina Simone que evocó con un ‘Sinnerman’ con alta tensión rítmica. De ahí a favoritos propios como ‘Sowa’, ya con el Grec en pie de baile, aunque sin apartarnos ni un pelo de nuestras sillas.

Fuente: https://www.elperiodico.com/

Aproximación ideológica sobre lo afrovenezolano en la historiografía venezolana: Una mirada antropológica

Este documento de la Licenciada en Psicología Social Comunitaria, Meyby Ugueto Ponce, forma parte de la Colección Difusión promovida por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura con el objetivo de socializar el conocimiento histórico a través de la masificación de diversos textos de diferentes índoles y con ello fortalecer el proceso de democratización real de la memoria nacional y dar continuidad al proceso de inclusión a partir de la divulgación de nuestra memoria histórica.

Afroamiga comparte este trabajo como un aporte al conocimiento, divulgación y estudio de los temas inherentes a la afrodescencia y con ello reforzar la idea de que la historia es fundamental para el fortalecimiento de nuestra identidad.

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Bachelet denuncia en Consejo Derechos Humanos el “racismo sistemático” en sociedades

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, denunció la existencia de un “racismo sistemático” en las sociedades, y pidió que la comunidad internacional transforme las estructuras, instituciones y comportamientos que conducen a la discriminación de la población afrodescendiente.

“El asesinato de George Floyd (en EEUU) fue un punto de inflexión que desvió la atención del mundo hacia las violaciones de derechos humanos que habitualmente padecen los africanos y los afrodescendientes”, afirmó Bachelet en la presentación de un informe sobre racismo durante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que precisamente se empezó a elaborar a partir de ese suceso.

La alta comisionada explicó que el racismo sistemático contra los africanos y afrodescendientes afecta a sus derechos “en todos los ámbitos de la vida”, agravando las desigualdades, su marginalización y profundizando las diferencias en el acceso a oportunidades, recursos y poder, algo que aún es más patente en mujeres.

Además, Bachelet aseguró que estos obstáculos se ven agravados por el hecho de que las personas afrodescendientes no están lo suficientemente representadas en la toma de decisiones.

El informe demuestra que el racismo comienza en la infancia y que los niños afrodescendientes suelen sufrir discriminación en los colegios, tienen peores resultados académicos, y en algunas ocasiones incluso son tratados como criminales desde una edad temprana.

Bachelet aseguró que este colectivo sufre detenciones desproporcionadas, basadas en perfiles raciales, que dan lugar a sentencias más severas, incluida la imposición excesiva de la pena de muerte.

“Además, las fuerzas de seguridad rara vez rinden cuentas por violaciones de derechos humanos y delitos cometidos contra personas de ascendencia africana”, agregó.

La alta comisionada, que se reunió con familias de personas afrodescendientes que fueron asesinadas por la policía, aseguró que su oficina ha recibido informaciones de 190 personas de este colectivo muertas a manos de las fuerzas de seguridad, la inmensa mayoría en Europa, Latinoamérica y Norteamérica.

La ONU examinó exhaustivamente siete muertes alrededor del mundo de afrodescendientes a manos de la policía, entre ellas las de George Floyd y Breonna Taylor en Estados Unidos, Adama Traoré en Francia, y varias personas más en Brasil, el Reino Unido y Colombia, encontrando que se repetían determinados patrones en todas ellas.

Detrás del racismo sistemático y la violencia racial está la ausencia de un reconocimiento formal de las responsabilidades de los países que participaron o se beneficiaron de la esclavitud, el comercio transatlántico de africanos y el colonialismo“, insistió Bachelet.

La alta comisionada recomendó en su informe que las fuerzas de seguridad rindan cuentas por los delitos y las violaciones de derechos humanos y que se defienda la libertad de expresión y la seguridad de las personas que participan en las protestas contra el racismo.

Fuente: EFE

Frantz Fanon, profeta de la negritud

Las protestas en Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd por la policía de Minneapolis el pasado mayo, que sacaron a las calles a cientos de miles de personas desde Nueva York a California para decir que las vidas negras importan, suponen uno de esos raros momentos que obligan a una nación a replantear su identidad para hacer audibles las voces minoritarias y de los marginados.

John Trudell (1946-2015), poeta de la nación dakota y expresidente del American Indian Movement, solía decir que los pueblos nativos de EEUU eran la tribu invisible, que al estar desposeída, los blancos “no podían ver”: por no tener, no tenían siquiera nombre. Los términos “indio” o “nativo” no existían antes de 1492. Muchos nombres de los pueblos originarios americanos –hopis, iniuts, dinés, runas…– significaban simplemente “gente”. Algo similar sucedió con los descendientes de yorubas, lucumíes o bantús, entre otros, cuyas identidades étnicas originales se fundieron en un conjunto amorfo al que unía el color de piel.

En el centro del diseño original del Gran Sello de la Unión –que propuso un comité integrado por Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y John Adams, y algunos de cuyos símbolos han sobrevivido hasta hoy, como el ojo de la providencia en el triángulo radiante que figura en el dólar– figuran los escudos heráldicos de las seis naciones europeas sobre la que se constituía la nueva república: Inglaterra, Escocia, Irlanda, Francia, Alemania y Holanda.

Amnesia europea

El pasado esclavista ocupa un lugar marginal en el imaginario colectivo europeo. Hasta que Adam Hochschild no publicó King Leopold’s Ghost en 1998, a nadie parecía extrañar en Bruselas la presencia ubicua de las estatuas ecuestres de Leopoldo II, el monarca que embelleció la capital belga expoliando el Congo, del que fue soberano, fundador y único propietario entre 1885 y 1908.

Según un sondeo de 2019, un 30% de los británicos cree que las antiguas colonias estaban mejor cuando formaban parte del imperio. En Francia, que ha eliminado el término “raza” de la Constitución, el memorial en París dedicado a los deportados a los campos de concentración nazis no menciona que la mayoría de las víctimas fueran judías. Lo único destacable era que fueron franceses.

Solo este año, 60 después de la independencia, el rey de los belgas “lamentó” los actos de crueldad en el Congo y fue derribada en Bristol y arrojada al mar la estatua de un notorio tratante de esclavos, Edward Colston. En Barcelona la de otro, Antonio López y López, fue retirada por decisión del consistorio de la capital catalana en 2018.

Emmanuel Macron ha sido el primer presidente francés que ha reconocido que el colonialismo en Argelia fue un “crimen contra la humanidad”. Solo en 1999 Francia admitió que había habido una guerra en su antigua colonia magrebí. Y en 2009, con ocasión de una visita de Muamar Gadafi a Roma, el gobierno italiano autorizó el estreno de Lion of the Desert (1982), del director sirio Mustafá Akkad sobre la lucha del caudillo rebelde libio Omar al Mukhtar contra las fuerzas coloniales de la Italia fascista. Según diversas estimaciones históricas, en los 60 años de colonialismo italiano, desde Libia a Etiopía y el Cuerno de África murieron casi un millón de personas por las guerras, deportaciones e internamientos forzosos.

En España, el actual director de la Real Academia de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, publicó en 2019 un libro con un título no muy políticamente correcto para los tiempos que corren: Civilizar o exterminar a los bárbaros, sobre los contrastes entre la colonización británica y española de las Américas.

Según el académico indio Sankaran Krishna, el olvido oficial obedece a una política de “amnesia voluntaria”. No resulta extraño. En su Discurso sobre el colonialismo (1950), el poeta martiniqués Aimé Cesaire escribió que, en el fondo, lo que no se perdonaba a Hitler era haber aplicado en Europa métodos que hasta entonces las potencias europeas solo habían utilizado en sus colonias contra las razas de color.

Según escribe Adrienne Brown, profesora de la Universidad de Chicago, en The Black Skyscraper (2017), los códigos sociales no escritos y las relaciones internacionales de su país están basados en conceptos eurocéntricos y “racializados” que crean dicotomías antagónicas imaginarias: civilizado-salvaje, desarrollado-subdesarrollado, moderno-primitivo…

Andrew Carnegie, el filántropo fundador del Carnegie Endowment for Intertnational Peace, creía que si los pueblos anglosajones se unían, traerían al mundo una era de justicia y paz. Esa ideología supremacista explica, entre otras cosas, que entre 1899 y 1902 la represión contra los rebeldes filipinos de las fuerzas de ocupación de EEUU se cobrara unas 200.000 vidas de civiles en la excolonia española. La sombra del racismo es alargada. En 2019, el 90% de los asesinatos relacionados con grupos extremistas fueron cometidos por fanáticos de extrema derecha.

El crisol caribeño

En Island on Fire (2020), sobre la rebelión en Jamaica de 1831 que codujo a la abolición de la esclavitud en el Imperio británico, Tom Zoellner estima que solo en el siglo XVIII la trata llevó desde África al continente americano a casi 6,5 millones de esclavos. Unos 350.000 fueron directamente a las plantaciones de Virginia, Georgia y las Carolinas, dos millones a colonias caribeñas británicas como Jamaica y Barbados, y el resto a las francesas, españolas, holandesas y portuguesas.

En el llamado Siglo de las Luces, la trata hizo ganar fortunas a marinos, comerciantes, prestamistas y dueños de astilleros, destilerías e ingenios azucareros. En 1776, en vísperas de la independencia de las 13 colonias, la riqueza nominal de una persona blanca media, según Zoellner, era de unas 42 libras esterlinas en Inglaterra y de 60 en América del Norte. En Jamaica era de 2.200.

Entre 1700 y 1800, el consumo de azúcar en Inglaterra aumentó de cuatro a 20 libras per cápita, 10 veces más que en Francia. Ciudades como Londres, Liverpool, Bristol, Nueva York, Filadelfia, Burdeos, Nantes, Le Havre, Port-au-Prince y La Habana, entre otras, debían el esplendor y prosperidad que alcanzaron en esos años a la industria del azúcar que alimentaban los brazos esclavos en las plantaciones antillanas.

Voltaire, cuya estatua frente a la Académie Française en París acaba de ser retirada para evitar que siga siendo objeto de actos vandálicos, fue accionista de La Compañía Francesa de las Indias Orientales, fundada en 1664, cuyas fragatas armadas comerciaban esclavos entre Europa, África y América en la década de 1740, cuando el escritor invirtió en ella. En Foreing Policy, Nabila Ramdani recuerda que en sus Lettres d’Amabed (1769) describió a la africanos como “animales”, solo un poco por encima de los monos.

El filósofo escocés David Hume escribió que en Jamaica los negros educados solo repetían como “loros” lo que habían aprendido de sus amos. En 1843, Alexis de Tocqueville sostuvo que aunque los negros tenían derecho a ser libres, los colonos también tenían derecho a no ser arruinados por su liberación. De hecho, las grandes plantaciones se mantuvieron intactas tras la abolición.

Las jerarquías de sangre permeaban todo el tejido social colonial caribeño. Según escribió el historiador cubano Manuel Moreno Fraginal en El Ingenio (1978), la Iglesia recibía el 5% de la producción de azúcar por enseñar resignación a los negros porque la esclavitud encadenaba a sus cuerpos, no a sus almas. Una tez más o menos oscura o clara lo determinaba casi todo. Los testimonios de viajeros de la época aseguraban que los békés –colonos criollos ricos de Guadalupe y Martinica, posesiones francesas desde 1762– salían de sus casas solo después del crepúsculo para que el sol no oscureciera su piel.

Pero nada era del todo claro. En Haití eran negros los mulatos pobres y mulatos los negros libres adinerados, aunque pocos de ellos conseguían los documentos que les permitían tocar a una mujer blanca sin correr el riesgo de que les cortaran la mano. Las guerras de los llamados cimarrones (maroons en inglés y nègres marrons en francés), que tras huir de las plantaciones se armaban en selvas y montes, se prolongaron desde 1728 hasta finales del siglo XIX, cuando se abolió la esclavitud en Cuba (1880) y Brasil (1888).

Solo en la guerra de independencia de Haití, que dio origen a la primera república negra del mundo en 1804, se perdieron unas 350.000 vidas. En un informe de 1833 dirigido al rey Luis Felipe I de Francia, la comisión real que lo redactó señaló que las masacres de civiles indefensos tras la invasión de Argelia mostraban que los franceses habían superado “en barbarie a los bárbaros que habíamos venido a civilizar”. En su biografía de Engels de 2010, Tristam Hunt recuerda que el socio de Marx escribió que la conquista francesa de Argelia favorecía “el avance de la civilización”.

Retrato del rebelde adolescente

De ese bullente universo social emergió la figura del escritor, psiquiatra y activista político martiniqués Frantz Fanon (1925-1961), discípulo de Aimé Césaire, cuyo Les damnés de la terre (1961), que prologó Jean-Paul Sartre y fue traducido a 19 idiomas, es un texto clásico de la literatura política de la descolonización. Para Sartre y Fanon, la violencia en la guerra argelina era una respuesta inevitable a una historia de violencia colonial.

El menor de ocho hermanos, Fanon nació en Fort de France en 1925 en el seno de una familia mulata de clase media y que, como muchas, vivía en la frontera entre la cultura de la metrópoli y la creole caribeña. En la isla, que recién se convirtió en un departamento de ultramar francés en 1983, los békés solo empleaban el creole –en Martinica una mezcla de francés, holandés, español, inglés y dialectos africanos– para hablar con sus sirvientes.

Fanon recordaba que en su infancia la imagen de los békés a caballo con un látigo en la mano, símbolo de los privilegios de las dinastías terratenientes de la isla, seguían intimidando a los creoles. Con 18 años se escapó de casa para enlistarse en las fuerzas de la Francia Libre del general De Gaulle, con las que combatió en Marruecos, Argelia, Francia y Alemania.

Fanon es una figura aun enigmática y elusiva. Si debe considerársele martiniqués, antillano, francés o argelino –o simplemente negro– es una cuestión aún irresuelta. Según Césaire, Fanon eligió ser argelino: “Vivió, luchó y murió” como tal, decía. Los argelinos, cuyo nacionalismo se autodefine como árabe-islámico, otorgaron a Fanon en 1963 el premio nacional de las Letras de forma póstuma, pero a veces le hacían sentirse más extranjero que en Lyon, donde estudió psiquiatría.

La propia vida de Fanon explica la fascinación que ha ejercido entre generaciones de activistas de izquierda, los últimos de ellos los seguidores del movimiento Black Lives Matter. Cuando en marzo de 1945 el ejército aliado se aprestaba a cruzar el Rin, entre los cientos de miles de soldados coloniales británicos y franceses se encontraba un joven antillano condecorado con la Croix de guerre por su valentía en los campos de batalla de Alsacia. Pero ni él ni sus compañeros de color pudieron desfilar con los ejércitos victoriosos en Alemania. Los antillanos de las “viejas colonias” eran tratados como semi-europeos y llevaban los mismos uniformes que los demás soldados franceses, pero en las celebraciones aliadas, la consigna de los altos mandos militares fue que tropas debían ser “blanqueadas”. Por una cuestión de prestigio.

En su tesis de psiquiatría y primer libro –Peau noire, masques blancs (1952)–, Fanon sostuvo que en el sistema racial-colonial los colonizados debían adoptar las “máscaras blancas” del colonizador en la pirámide pigmentocrática, en la que el vértice solo podía ser inmaculadamente caucásico.

Un destino argelino

Cuando fue designado en 1952 al hospital psiquiátrico de Blida en Argelia,  descubrió que la escuela psiquiátrica colonial había tipificado a los árabes de “primitivos, fanáticos y fatalistas” porque según sus teorías el islam era una “patología mental” que hacía a las masas musulmanas “impermeables a la civilización”.

En noviembre de 1954, tras el estallido de la guerra anticolonialista, Fanon entró en contacto con el Frente de Liberación Nacional (FLN). De día trataba a los oficiales de la fuerzas coloniales y por las noches enseñaba a los insurrectos a mantener la sangre fría y soportar las torturas.

En 1956, expulsado de Argelia, se refugió en Túnez para trabajar en el aparato propagandístico del FLN. Como embajador itinerario del gobierno argelino en el exilio, conoció a Kwame Nkrumah en Ghana, a Patrice Lumumba en Congo, a Sékou Touré en Guinea y a Léopold Senghor en Senegal. Después de una campaña en el Sáhara para abrir un tercer frente en Argelia, los médicos le diagnosticaron leucemia, de la que murió a los 36 años.

Los condenados de la Tierra

En 1961, Fanon se comprometió a entregar un manuscrito al editor francés François Maspero, que ya había publicado en 1959 su segundo libro, Año V de la revolución argelina. El texto final fue Les damnés, obra póstuma porque su autor murió el 6 de diciembre de 1961 en un hospital de Maryland. Cuando sus restos retornaron a Argelia, fueron escoltados por columnas del FLN hasta el Cementerio de los Mártires en Chouhada.

En un tour de force biográfico, David Macey (1949-2011) –uno de los historiadores británicos más brillantes de su generación y autor de estudios fundamentales sobre Paul Nizan, Jacques Lacan y Michel Foucault– navega con consumado tacto y sentido común para desbrozar la mitología que se tejió en torno a Fanon, trazando las coordenadas –históricas, políticas, sociales y culturales– que permiten entenderle en un minucioso fresco histórico sobre la Francia de la posguerra.

Los actuales son buenos tiempos para releer a Macey y Fanon, que escribió que él mismo descubrió que era “negro” en Francia: la “negritud” no existe como tal, sino que es algo que uno descubre en la mirada del otro, observó.

Fuente: politicaexterior.com

Soul Cap, el gorro de natación para pelo afro vetado en Tokio 2020, pendiente de su aceptación final

soulcap

Los Juegos Olímpicos de Tokio iban a introducir por primera vez gorros de natación adaptados a los peinados afro. Pero el organismo mundial que regula los deportes acuáticos se ha mostrado contrario a uso porque según ellos,“no siguen la forma natural de la cabeza”. Aunque las reacciones en contra de su prohibición han provocado que la Fina (la Federación Internacional de Natación) reconsidere su postura.

Porque hay voces que defienden que este tipo de gorros animaría a las personas de color a nadar de manera profesional para las competiciones. El caso es que el denominado como Soul Cap está siendo muy polémico antes de que se confirme su empleo o no en los JJOO.

“Fina se compromete a garantizar que todos los nadadores tengan acceso a trajes de baño adecuados para la competición sin que éstos les confieran una ventaja”, ha explicado el organismo.

Estos gorros están diseñados para personas con rastas, pelo rizado, trenzas, afro o cualquier look capilar que les ralentiza en el agua. Por lo que estos gorros son fundamentales para la alta competición si no se quiere renunciar a una estética determinada.

Kejai Terrelonge, una nadadora británica de 17 años, ha reconocido que el cuidado del cabello es una de las muchas barreras que enfrenta como nadadora negra. “Los gorros de natación diseñados para el cabello afro pueden reducir las barreras a este deporte para los grupos minoritarios”, ha defendido Swim England, que ha recordado que los deportistas si pueden usar los Soul Cap en el Reino Unido.

Y es que esto ayudaría a fomentar la práctica de deportes acuáticos de niños y niñas de todas las razas. Según un informe de Sport England de enero de 2020, alrededor de 29,3% de los niños británicos blancos se inician en la natación, en comparación con el 21,9% de los niños asiáticos y el 20,1% de los niños negros.

Michael Chapman y Toks Ahmed-Salawudeen, fundadores del Soul Cap han agradecido el apoyo recibido tras la oposición de la Fina a su uso en Tokio 2020. “No pensamos que (la natación) fuera un deporte para nosotros, porque no era una cosa entre nuestros amigos y no fue alentado por nuestra escuela ni por nuestros padres”, reconocen.

No fue hasta el 2017 cuando se iniciaron en este deporte. Y a raíz de ver a una mujer negra con pelo afro que tenía dificultades para colocarse los gorros existentes, pensaron en diseñar uno que se adaptase mejor a todo tipo de cabellos. Ahora solo falta que el máximo organismo internacional lo acepte para los Juegos Olímpicos y cualquier competición en todo el mundo.

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