Esclavos, rebeldes y cimarrones

Con la intención de seguir enriqueciendo los aportes documentales que Afroamiga ofrece cotidianamente en este espacio digital, publicamos el texto Esclavos rebeldes y cimarrones , el cual como bien indica en su presentación contiene una serie de trabajos de distintos investigadores europeos y latinoamericanos sobre el tema de la rebeldía esclava. Uno de los conflictos más importantes a los que se tuvieron que enfrentar tanto las autoridades como los propietarios fue al hecho de la rebeldía. Ésta tomó las más diversas formas en función del tiempo y los espacios de América. Las resistencias variaron y se plasmaron en rebeliones y sublevaciones que poco a poco fueron minando el orden colonial y al propio sistema esclavista. Creemos que uno de los elementos que más minaron el sistema esclavista y que llevaron a la abolición definitiva de la esclavitud fue la resistencia que presentaron los esclavos frente a la esclavitud.

Es imposible entender el mundo colonial sin tener en cuenta las relaciones esclavistas que se dieron desde el origen de las colonias, si bien es cierto, que el fenómeno de la esclavitud no fue ni estático ni homogéneo. Desde los esclavos de servicio que acompañaron a los conquistadores, frailes y funcionarios reales, muchos de ellos ladinos, a los que fueron llevados tras la abolición de la trata negrera para producir azúcar en Cuba, las condiciones y situaciones fueron divergentes. Sin embargo, en todos los casos el elemento común, la condición por la que pasaron los esclavos fue la misma, la ausencia de libertad.

Consta de 10 capítulos:

• Capítulo 1. América esclavista

• Capítulo 2. Rebeliones esclavas

• Capítulo 3. Negros cimarrones

• Capítulo 4. Cimarrones en la Nueva España

• Capítulo 5. Palenques: huellas de africanía

• Capítulo 6. Los Caribes de Yurumein: indios y cimarrones

• Capítulo. La casa y la comunidad

• Capítulo 8. Cosmogonía e identidad

• Capítulo 9. Guerra colonial e identidad

• Capítulo 10. La diáspora o la nueva historia

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Estos son los dos nuevos personajes de ‘Plaza Sésamo’; abordarán temas sobre el racismo

Plaza Sésamo, programa infantil con más de 50 años al aire, abordará el racismo con la participación de dos nuevos personajes afroamericanos, Wes y su padre Elijah, como parte de una iniciativa social para familiarizar a los niños con los distintos colores de piel.

De acuerdo con un comunicado de Sesame Workshop, la compañía sin ánimo de lucro que está encargada de la producción de Plaza Sésamo, se trata de una nueva serie de programas llamada ABCs of Racial Literacy (El ABC de conocimientos raciales).

​El texto señala que tanto los bebés como los niños “notan las diferencias físicas”, y con estos nuevos personajes tratan de proveer las herramientas necesarias a los padres para convertirlo en una lección.

“Creemos en un mundo en el que todos los niños pueden alcanzar su potencial y su humanidad máxima, y hacerlo celebrando las razas, etnicidades y culturas”, asegura el comunicado. En el programa, el personaje de Elmo dice que quiere saber “por qué la piel de Wes es marrón”, a lo que Elijah responde que es debido a la melanina, “algo que todos llevamos dentro de nuestros cuerpos y que hacen que el exterior de nuestro cuerpo tenga el color de piel que tiene”. Profundizando en la identidad racial, Elijah explica asimismo que el color de nuestra piel es una parte importante de quién somos, pero todos debemos saber que está bien que todos tengamos aspectos distintos”.

El polémico personaje eliminado de ‘Plaza Sésamo’

No es la primera vez que este popular programa aborda complicadas conversaciones con las generaciones más jóvenes, ya que también se ha hablado del autismo, los sintecho o la encarcelación. En 2019, habló de la crisis de opioides que se ha desatado en Estados Unidos desde hace años con ayuda de Karli, una marioneta que reveló que su madre tenía problemas de adicción.

Elijah y Wes tampoco son las primeras marionetas afroamericanas de Plaza Sésamo, sino que lo fue el personaje Roosevelt Franklin, que sin embargo fue apartado del programa infantil en 1975 tras críticas de que perpetuaba los estereotipos negativos asociados con niños de esta raza, puesto que era revoltoso y se le castigaba con frecuencia en el colegio.

Fuente: Milenio.com

Una denuncia prohibida

Hijo de inmigrantes rusos, Abel Meeropol nació en 1903 en Nueva York y después de graduarse se ganó la vida como profesor de lengua, un oficio que le permitió además despuntar sus dotes como poeta. En su juventud, se afilió al partido comunista y participó del activismo de izquierda, entre cuyas acciones se contaban las protestas contra la discriminación racial y las leyes que dejaban sin condena el linchamiento de los afroamericanos. Sobre esta temática y bajo el seudónimo de Lewis Allan, en 1937 publicó en la revista del sindicato docente una poesía titulada en un principio “Bitter Fruit” (fruta amarga), pero que luego pasó a llamarse “Strange Fruit” (fruta extraña).

En versos cargados de dramatismo y de alto vuelo lírico, se refería allí de manera trágica a los cuerpos de aquellos que eran colgados de la rama de un árbol, luego de ser linchados hasta quedar moribundos. La pluma de Meeropol procuraba en esta obra generar conciencia acerca de lo que todavía ocurría en Estados Unidos, a pesar de que la esclavitud había sido abolida. La segregación era en ese entonces una práctica socialmente aceptada y a la población negra sólo le quedaba destacarse en el deporte o en la música para gozar de cierta aceptación.

Para que su mensaje tuviera mejor llegada, el autor le puso música a “Strange Fruit” y, una vez convertida en canción, empezó a ser interpretada por la esposa de Meeropol en mitines y reuniones sindicales. En una de esas veladas la escuchó Barney Josephson, el propietario del popular Café Society, un famoso local del Greenwich Village donde confluían intelectuales de pensamiento liberal que admiraban el jazz. Ese particular cabaret nocturno se caracterizaba por admitir el ingreso de personas sin que importara el color de su piel, tanto arriba como debajo del escenario.

Josephson convenció a una de las jóvenes figuras que actuaban en el Café Society, Billie Holiday, de que incorporase “Strange Fruit” en su presentación. No muy segura de cómo encajaría esa pieza dentro de su repertorio, en el que predominaban los temas románticos, ella decidió una noche cerrar su show con ese tema y dejó al público shockeado. Aquella arenga militante de Abel Meeropol, en la voz de Billie Holiday, se había transformado en una joya musical que emocionaba a quien la escuchara, sin perder en absoluto (sino todo lo contrario) su carga de denuncia, que tomaba otro carácter al ser entonada por una afroamericana.

La película “The United States vs. Billie Holiday”, estrenada en febrero en la plataforma Hulu, rastrea las consecuencias que tuvo para esta artista su apropiación de “Strange Fruit”, cuya interpretación en vivo llegó a serle vedada. Bajo la dirección de Lee Daniels, este largometraje constituye el debut cinematográfico de la cantante Andra Day, quien asumió el rol de Billie Holiday con una garra y un despliegue tales que, casi por aclamación, fue nominada para la inminente edición de los premios Oscar y es una de las candidatas favoritas para llevarse la estatuilla como Mejor Actriz en rol principal.

Aunque detrás de esta descollante demostración actoral el filme peca de cierta inconsistencia, su desarrollo sirve para entender cómo funcionaban en esos años ciertas estructuras oficiales, con agentes federales que perseguían a artistas por sus ideas políticas o por el mensaje que transmitían con su música. Lo grave es que, según aclara la propia película en los títulos, las sucesivas iniciativas para ilegalizar los linchamientos jamás fueron aprobadas por el Senado estadounidense, ni siquiera la más reciente, que todavía sigue sin ser resuelta. Mientras tanto, “Strange Fruit” ya es un clásico y ha sido versionada por músicos de todas las razas.

Fuente: diarioalfil.com.ar

Nat Turner: la rebelión del esclavizado pastor en EEUU

Una sangrienta insurrección en Virginia en 1831, sofocada cruelmente, prueba que la esclavitud no fue el periodo pacífico que idealizaba ‘Lo que el viento se llevó’

Uno de los argumentos de los defensores del sistema esclavista en los EE.UU. fue que era un modo de vida que garantizaba la paz social. Se sostenía que la misma población negra vivía conforme y feliz a este orden y que dicha jerarquía favorecía la convivencia entre razas. Esta visión idealizada se mantuvo incluso después de la proclamación de emancipación de Abraham Lincoln (1863) y es la que se refleja en la popular novela Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell (1936), y posterior adaptación cinematográfica (1939).

Sin embargo, esta imagen no se sostiene en los hechos históricos. El periodo esclavista en EE.UU. no fue, ni mucho menos, una etapa pacífica. Resultó convulsa y conflictiva. Los afroamericanos sometidos nunca aceptaron de buen grado su condición y se estima que se produjeron hasta 250 rebeliones de esclavos entre 1619 y 1865 en el país, desde las célebres revueltas cimarrones en las colonias españolas en los siglos XVII y XVIII hasta las numerosas insurrecciones de principios del XIX en pleno crecimiento del movimiento abolicionista.

La rebelión de Nat Turner es considerada una de las más sangrientas e impactantes de aquel periodo. Turner, un esclavo que había podido aprender a leer y escribir gracias a la supuesta benevolencia de sus amos blancos, utilizó sus capacidades y su posición como predicador para liderar una insurrección que durante 2 días puso en jaque el condado de Southhampton, Virginia.

Fue un levantamiento violento, que conmocionó a la región y todo el país, y que provocó una reacción igualmente represiva y virulenta contra la población negra. Su impacto posterior implicó el endurecimiento de las leyes de los estados del sur contra los negros (tanto esclavos como hombres libres), una situación que se fue tornando insostenible hasta el estallido de la Guerra Civil (1861-1865).

Nat Turner nació el 2 de octubre de 1800. Nació esclavo, hijo de esclavos, en la plantación de su amo Benjamin Turner, de quien, como era costumbre, tomó el apellido. De bien pequeño demostró que tenía altas capacidades y, de forma excepcional, sus propietarios le enseñaron a leer y escribir, especialmente la Biblia y textos religiosos. La primera infancia de Nat fue relativamente feliz: era el niño preferido de sus dueños blancos, que le exhibían a las visitas como una rara atracción.

Cabe puntualizar el contexto de la Virginia de ese entonces. En contra de lo que ocurría en el profundo sur, los propietarios no eran necesariamente crueles con sus siervos, que en algunos casos disponían de vacaciones o tiempo de ocio. Por lo tanto, tratos como los que obtuvo Nat no eran tan extraños. Sin embargo, llegada la adolescencia, ese privilegio se esfumó de forma abrupta. Cuando el joven tuvo la edad para ponerse a trabajar en los campos de algodón, fue apartado de sus estudios y tratado como un esclavo más.

La influencia de la religión tuvo un impacto brutal en Turner. De muy pequeño, su entorno familiar ya le atribuía unos poderes extraordinarios, fruto de una supuesta ancestral herencia africana. Él mismo se vio como una especie de elegido, asegurando que recibía mensajes o señales de Dios. Gozaba así de un gran prestigio entre los suyos, que le consideraban un líder y que le reconocían su inteligencia superior. Al mismo tiempo, conservaba la buena consideración de sus dueños, que veían en él la figura perfecta para evangelizar y tranquilizar al resto de esclavos.

Mantuvo su buena reputación de negro dócil probablemente como una estrategia para elaborar mejor su plan de insurrección. Sus motivos pudieron ser muchos: desde el desengaño por haber perdido su condición privilegiada hasta la toma de consciencia de la inmoralidad e injusticia del sistema esclavista. Todo ello aderezado por sus ideas religiosas. Dejó escrito que en la primavera de 1828 se había convencido de que “el Todopoderoso” le había encomendado “una gran misión” y que esperaba una señal para llevarla a cabo.

En torno a 1830, fue comprado por Joseph Travis, quien admirado por su buena fama, le permitió realizar reuniones religiosas en las que Turner comenzó a trazar sus planes. El predicador fue especialmente cuidadoso. Para evitar traiciones internas, se rodeó de un reducido grupo de fieles. Unas 4 o 5 personas a lo sumo que se intercambiaban la información a través de canciones y prédicas.

En febrero de 1831, Nat Turner interpretó un eclipse solar como la señal que estaba esperando. La noche del domingo 21 de agosto de 1831 comenzó la rebelión cerca de Cabin Pond, en el distrito Cross Keys de Southampton. Armados solo con hachas y cuchillos, el objetivo de Turner y de sus seis hombres era tomar Jerusalén, que así es como se llamaba la capital del condado. Su plan era sembrar el pánico en un ataque relámpago e intentar reclutar el máximo número de armas y combatientes por el camino.

Comenzaron adentrándose en la finca del dueño de Nat, al que ejecutaron rápidamente. Al mismo tiempo, convencieron a los esclavos para que se sumaran al grupo para seguir en la lucha. Este fue el modus operandi de los rebeldes durante esos días: recorrían la región, entraban en las casas, mataban a los dueños blancos, y trataban de convencer a los esclavos negros de que se unieran a la causa.

Existe cierta controversia sobre cómo fueron aquellos ataques. Las crónicas del momento hablan de masacres despiadadas y de todo tipo de atrocidades contra hombres, mujeres y niños, movidas por la sed de venganza de un “fanático religioso”. Lo cierto es que no hubo mucha piedad por parte de los insurrectos, como tampoco la habría posteriormente por parte de los propietarios blancos. Turner aseguró que la matanza indiscriminada solo se llevó a cabo inicialmente para generar alarma y añadió que, por ejemplo, evitó los ataques a “pobres blancos” por considerarlos también víctimas de aquel sistema.

Fuera como fuera, unas 70 personas blancas fueron asesinadas en apenas dos días hasta que la rebelión fue sofocada. Tras el shock inicial, los propietarios blancos comenzaron a organizar grupos armados y se produjeron intercambios de disparos en varias granjas. En las siguientes 48 horas, el grupo siguió liberando y reclutando esclavos -entre 50 y 80 personas se unieron a la lucha- hasta que los propietarios recurrieron a la infantería del estado que, mucho más numerosa en efectivos que los rebeldes, acabó por sofocar el levantamiento. Nat Turner pudo escapar.

La respuesta de las autoridades a la revuelta fue la de una cruenta represión. Con el líder de la rebelión todavía vivo, se optó por dar un mensaje ejemplarizante a la población negra. Los 16 rebeldes capturados fueron condenados a muerte por el tribunal del condado, y centenares de negros fueron linchados y ejecutados sin juicio por sus propietarios, incluso sin haber tenido nada que ver con la rebelión. Las noticias del levantamiento se propagaron rápidamente más allá del Southampton y las atrocidades contra los afroamericanos, fueran esclavos u hombres libres, se extendieron por el resto de Virginia y por los estados del sur.

El cabecilla de la insurrección sobrevivió semanas vagando por el condado sin que fuera capturado, hasta que se entregó a las autoridades el 30 de octubre de ese 1831 tras ser avistado por un granjero. El 11 de noviembre fue ahorcado en Jerusalén, Virginia, tras ser condenado por rebelión. Su cuerpo fue descuartizado y despellejado, en un intento de hacer olvidar su legado. Si se saben tantos detalles de su vida es porque él mismo se los dictó a su abogado de oficio, T.R. Gray, quien poco después de la ejecución publicaría Las confesiones de Nat Turner.

El episodio del levantamiento de Nat Turner conmocionó no solo el condado de Southampton sino todo el país. EE.UU. vivía en aquel entonces un intenso debate sobre la idoneidad del sistema esclavista. Cabe matizar que los contrarios a la esclavitud eran partidarios de una abolición gradual y generalmente, más allá de consideraciones morales, esgrimían argumentos económicos. Sin embargo, la rebelión de 1831 tuvo un efecto contraproducente y el debate terminó abruptamente en el sur en favor de los defensores de la esclavitud, que se entendió como un elemento identitario de los estados sureños.

Además, el miedo a nuevas insurrecciones provocó el endurecimiento de las leyes. El Congreso de Virginia prohibió enseñar a esclavos, negros libres o de “raza mixta” a leer o escribir. Igualmente limitó las reuniones de esclavos y las congregaciones de las iglesias negras, imponiendo que al menos un blanco estuviera presente en este tipo de encuentros para evitar nuevas revueltas.

La nueva legislación también recortó derechos civiles de los negros libres e incluso de blancos favorables del abolicionismo, movimiento que en el sur quedó borrado de la noche a la mañana. Curiosamente fue entonces cuando en el norte tomó mayor impulso: ese mismo 1831 se fundó la New England Anti-Slavery Society, la primera asociación abolicionista de los EE.UU. Una irreconciliable división entre el sur esclavista y el norte antiesclavista se estaba gestando, una situación que acabaría por ser insostenible y desencadenaría la Guerra de Secesión.

La rebelión de Nat Turner es uno de aquellos episodios clave en la historia de los afroamericanos, aunque también de las más controvertidas. Turner es visto como un héroe, sobre todo porque su caso demuestra que la esclavitud nunca fue aceptada por sus víctimas. Sin embargo, existen muchas críticas contra dicha idealización por el componente extremadamente violento del suceso.

La historia alcanzó una gran popularidad a raíz de la publicación en 1967 de la novela Las confesiones de Nat Turner, de William Styrton, obra inspirada en el texto de Gray y presentado como una narración en primera persona del predicador. La obra ganó el premio Pulitzer, como en su momento lo había hecho el clásico de Mitchell. Asimismo, en 2016, el director Nate Parker rodó The Birth of a Nation, un filme basado en el libro de Styrton y que se llevó el primer premio en el festival Sundance.

Fuente: la Vanguardia

Por Jaume Pi

Harriet Tubman: La mujer más valiente en la historia de EEUU

(Harriet Ross Tubman; Bucktown, Dorchester, hacia 1820 – Auburn, Nueva York, 1913) Abolicionista estadounidense. Harriet Tubman creció en una numerosa familia de once hermanos, fruto del matrimonio entre Harriet Green y Benjamin Ross, ambos esclavos. Sus antepasados habían llegado a los Estados Unidos desde África a principios del siglo XVIII. Su amo, Edward Brodas, la llamó Araminta, pero ella adoptó el nombre de Harriet, como su madre.

Harriet no recibió educación de ningún tipo; con cinco años ya trabajaba de criada y niñera. La mujer de su amo la tenía trabajando durante el día y por la noche debía vigilar que ninguno de los hijos lloraran. Por su condición de esclava pasó por toda clase de experiencias traumáticas y humillantes; hubo de ver incluso cómo dos de sus hermanas eran encadenadas. A los seis años empezó a trabajar con otro amo, el cual le enseñó a atrapar ratas y a tejer. En cierta ocasión, el amo la sorprendió cogiendo azúcar, y Harriet se escapó varios días para evitar el castigo. Al final, cansada y hambrienta, tuvo que volver y fue azotada.

Harriet pasó su niñez trabajando en el servicio doméstico o en labores del campo. Ninguno de sus amos estaba contento con su forma de trabajar, por lo que en ocasiones se encontraba en apuros. Con doce o trece años, uno de los capataces se enojó con un esclavo que había abandonado el trabajo, y mandó a Harriet que le ayudara a azotarle. Ella se negó, e incluso ayudó al hombre a escapar. El capataz, al ver al hombre correr, intentó detenerle arrojándole un peso de dos libras, pero falló, y entonces golpeó fuertemente a Harriet, dejándola inconsciente. A causa de esta paliza, durante toda su vida sería propensa a mareos, vértigos y jaquecas; con frecuencia se quedaba dormida de forma inconsciente.

Estos hechos aumentaron su fama de trabajadora ineficaz y rebelde. En 1844, su madre la obligó a casarse con un hombre negro libre llamado John Tubman, con el que vivió durante cinco años. No tuvieron ningún hijo. Entretanto, Harriet empezó a investigar el pasado de su familia. Para conocer la historia de su madre contrató los servicios de un abogado, el cual halló indicios de que su madre había sido libre durante un breve periodo porque un primer amo había muerto sin hacer provisión de ella. Aparentemente, nadie dijo a Harriet Green que era libre, y poco tiempo después volvió a ser esclava. Este descubrimiento obsesionó a Tubman, y acentuó todavía más su rechazo a toda forma de esclavitud.

El año 1849 fue crucial en su vida. Su amo en ese momento era un hombre blanco joven que estaba enfermo, bajo el cuidado de un tutor. Al morir el amo se extendió el rumor de que el tutor planeaba vender todos sus esclavos, y Tubman decidió escaparse. Su marido se negó a acompañarla, pero dos de sus hermanos se fueron con ella. Tuvieron que viajar cientos de millas a través de Maryland, atravesar Delaware y llegar a Philadelphia. A lo largo de aquel viaje, Harriet contó con la inesperada e inestimable ayuda de hombres negros y blancos comprensivos. Cuando alcanzó el suelo libre tenía sensaciones entremezcladas: por un lado la dicha de la libertad, por otro el pesar de que toda su familia siguiese en el sur bajo el yugo de la esclavitud. Determinó que, de alguna manera, tenía que liberarlos.

Su vida como mujer libre fue todo un cambio. En Philadelphia conoció a William Still, un hombre negro llamado el conductor en el grupo denominado Underground Rail. Este grupo de abolicionistas, cuáqueros y hombres blancos y negros había establecido una serie de casas, graneros, cuevas y escondrijos para que los esclavos fugitivos los utilizaran en su huida al norte y a la libertad. Tubman había sido ayudada por algunos miembros de Underground Rail en su huida y siguió aprendiendo más sobre el sistema de escondites con la ayuda de Thomas Garrett, de Wilmington.

Tubman resolvió dedicarse tanto como pudiera a realizar escapadas al sur y ayudar a otros esclavos. Para ganarse la vida se empleó en un hotel, ya que la organización no pagaba ningún sueldo a sus agentes salvo en raras ocasiones. En diciembre de 1850 realizó el primero de sus viajes y logró rescatar a una de sus hermanas y a dos niños. En 1851 rescató a otro hermano y a su familia. También intentó rescatar a su marido, pero cuando lo encontró se había vuelto a casar y no estaba interesado en huir. A final de los años cincuenta había conseguido rescatar a casi trescientas personas.

Después de que el Congreso aprobara la Ley de los Esclavos Fugitivos en 1850, en la cual se requería a los estados del Norte que hicieran retornar a los esclavos que habían huido, su trabajo se complicó. Harriet comenzó entonces a llevar a los fugitivos a St. Catharines, en Ontario, Canadá. Desde allí realizó unos once viajes, y en 1857 llevó a cabo uno de sus rescates más importantes, el de sus propios padres.

En las incursiones de salvamento, Harriet era muy precavida y astuta, tanto que en 1857, en Maryland, se puso un precio de cuarenta mil dólares a su cabeza. Su éxito se basaba en la inteligencia, en la planificación de la operación y en la determinación a la hora de realizar los viajes. Llevaba somníferos para dormir a los bebés, evitando así que llorasen, y solía llevar una pistola, no para defenderse de sus potenciales enemigos, sino para espolear a los fugitivos fatigados o miedosos que no querían continuar. “Vivir en el norte, o morir aquí”, les decía en tales momentos. Utilizaba mensajes secretos para anunciar su llegada. Incluso en cierta ocasión, Harriet y sus fugitivos cogieron astutamente un tren en dirección al sur, ya que nadie iba a pensar que se estaban escapando si iban en esa dirección. Harriet era una mujer baja, de color muy oscuro y con pocos dientes; siempre vestía recordando su pasado de esclava, y el hecho de que se quedara dormida de pronto daba la impresión equivocada de que era una mujer frágil.

Durante la década de 1850 su fama creció entre los abolicionistas. Viajó a Nueva Inglaterra, donde conoció a Ralph Waldo Emerson, a Frederick Douglass, a Gerrit Smith y a Thomas W. Higginson. En 1857 otro partidario de la causa abolicionista, el senador por Nueva York y Secretario de Estado William Seward, le vendió en condiciones muy favorables la tierra para construirse su casa. Estaba situada en Auburn, en el estado de Nueva York.

A finales de los 50 conoció a John Brown. Brown viajaba por las comunidades negras del Canadá para contratar reclutas, con la idea de atacar el arsenal federal que estaba en el trasbordador de Harpers e iniciar una sublevación masiva. Tubman aprobaba el plan de la insurrección y decidió ayudarle, pero una repentina enfermedad se lo impidió. Al conocerse, ambos sintieron mutua admiración: Harriet pensaba que Brown era la personificación de Jesucristo por su forma de ayudar a los esclavos fugitivos, y él decía a menudo que ella era en realidad el General Tubman.

En la primavera de 1860, camino de una reunión abolicionista que se celebraba en Boston, y atravesando Troy (Nueva York), supo que en esa ciudad los federales habían descubierto a un fugitivo y se proponían devolverlo. Tubman luchó hasta conseguir la libertad del fugitivo. Ese mismo año viajó a Maryland, pero el país estaba a punto de entrar en la Guerra de Secesión y se prohibió a los abolicionistas los viajes al sur. En la primavera de 1861 siguió a las tropas del general Benjamin Butler de Massachussets en su marcha hacia el sur para defender Washington. En mayo de 1862 llevó una carta del gobernador de Massachussets al general David Hunter, que se hallaba en Carolina del Sur; el gobernador proporcionaba ayuda para la guerra. Al principio trabajó como enfermera y posteriormente como espía; participó además en varias incursiones y condujo en julio de 1863 la expedición del río Combahee.

En 1864 regresó a Auburn por problemas de salud de sus padres, y ya cerca del final de la guerra, viajó a Virginia para trabajar durante un breve tiempo en la fortaleza Monroe. Al finalizar la guerra se estableció definitivamente en Auburn. A pesar de su pobreza y de su analfabetismo, dedicó su tiempo a obtener dinero para la educación de los antiguos esclavos, reunió ropa para los niños pobres y ayudó a los ancianos incapacitaos para el trabajo. Eventualmente acogió en su propia casa a pobres y ancianos. Con la ayuda de la Iglesia Episcopal y Metodista Africana de Auburn, se abriría en 1908 en la misma ciudad la Casa Harriet Tubman, que acogería a ancianos e indigentes de color.

En 1869 Tubman se casó con un antiguo esclavo y ex soldado del ejército de la Unión, Nelson Davis (John Tubman había fallecido años antes). En ese mismo año, su amiga Sarah Bradford publicó su biografía: Escenas en la vida de Harriet Tubman. Con la publicación de este libro pudo terminar de pagar su casa, pero seguiría teniendo problemas financieros el resto de su vida. Durante dos décadas muchos de sus amigos y aliados intentaron convencer al gobierno de que diera a Tubman una pensión por sus servicios durante la Guerra de Secesión. Pero no fue hasta 1890, tras la muerte de Nelson Davis, cuando le fue concedida una pequeña pensión por los servicios que su marido había prestado al país.

Durante el período posterior a la guerra, Tubman estuvo también activa trabajando en los derechos de la mujer e intentando conseguir el sufragio universal. Para ello colaboró con Susan B. Anthony y otras feministas. Su fama había llegado en esa época hasta Europa, e incluso la reina Victoria le envió un presente y la invitó a pasar una temporada en Inglaterra. Falleció en Auburn el 10 de marzo de 1913, y el ejército le rindió honores en un entierro de carácter militar. Al año siguiente, la ciudad de Auburn le dedicó un monumento en el jardín del Palacio de Justicia del Condado.

Billete de 20 $ cambiara el rostro de un esclavista por el de la heroina Harriet Tubman

La imagen heroína antiesclavista que rompió sus propias cadenas, fue pionera del sufragismo y espía de la Unión contra el Sur esclavista, aspira a acomodarse entre los pliegues tibios del papel moneda, como vienen prometiéndole hace años.

Será la primera persona negra que se asome a un billete de dólar, el de 20 en concreto, y la primera mujer en más de un siglo. El presidente Joe Biden quiere acelerar el proyecto, que arrancó en 2016 en las postrimerías del mandato de Barack Obama, hibernó con Donald Trump, devoto del presidente esclavista Andrew Jackson (figura actual del billete más usado en EEUU), y se reanuda ahora, cuando aún resuena el clamor del movimiento Black Lives Matter.

“El Departamento del Tesoro está adoptando los pasos para reanudar los esfuerzos para poner a Harriet Tubman en la cara de los nuevos billetes de 20 dólares”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, en una rueda de prensa.

Fuente:  Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Harriet Tubman. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). 

Nota de duelo

El personal directivo, docente, administrativo y obrero del Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora (Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños) y los directivos y miembros de la Fundación Afroamiga lamentan el sensible fallecimiento de la Doctora Marlene Osuna, destacada profesional de la salud del Hospital General de Higuerote, ubicado en el municipio Brión del estado Miranda, quien perdió la batalla contra el COVID-19.

La Doctora Marlene poseía un liderazgo natural y cariñoso, se entregó por completo a la causa de los más necesitados en salud y colaboraba activamente con el Proyecto de Teleoperadores Médicos y con el Proyecto Curiepe Solidario.

Nuestras organizaciones se encuentran consternadas por esta dura noticia y elevan oraciones por su eterno descanso.

¡Que brille para ella la luz perpetua!

Nuestra América Negra: Territorios y voces de la interculturalidad afrodescendiente

“Nuestra América Negra: Territorios y voces de la interculturalidad afrodescendiente” es una compilación de textos de diversos autores de la región en torno al tema de la afrodescendencia.

La compilación, editada por por la Universidad Bolivariana de Venezuela, fue realizada por Inés Pérez-Wilke y Flor Márquez. Tal como se describe en la presentación del libro, escrita por el profesor Reinaldo Bolívar, se trata de nueve ensayos elaborados por Nelson Aboy, Leda Maria Martins, Matilde Eljach, Alejandro Frigerio, Eva Lamborghini, Inés Pérez-Wilke, Pedro Alexander Cubas, Cristóbal Valencia Ramírez, Aiden Salgado Cassiani y Marta Mercedes Maffia.

Cada uno de ellos nos adentra en ineludibles aspectos relacionados con la afrodescendencia tales como la religión, la migración, la música, la oralidad, la educación universitaria y en suma con la pluriculturalidad, proporcionando herramientas científicas para abordar con propiedad el estudio de la insoslayable presencia africana en América.

En su conjunto, la propuesta de girar en torno a la interculturalidad afrodescendiente, si bien no se agota, cumple con la meta de ofrecer al lector, investigador o estudioso una valiosa bibliografía de consulta y referencia.

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Estudios Afrolatinoamericanos. Nuevos enfoques multidisciplinarios

El documento que hoy Afroamiga comparte en este espacio es una compilación de 50 ponencias presentadas por investigadores y especialistas durante las Terceras Jornadas del Grupo de Estudios Afrolatinoamericanos (GEALA), efectuadas en Argentina en el año 2013.

El texto agrupa las conferencias a través de diferentes capítulos:

• Parte I: Esclavitud y Espacio Social

• Parte II: Caminos a la libertad

• Parte III: Esclavizados y libertos. Sociabilidad

• Parte IV: Representaciones, educación, literatura, estereotipos

• Parte V: Afrodescendencia y Políticas Públicas

• Parte VI: Esclavitud, manumisiones, trabajo y fronteras

• Parte VII: Afrodescendencia: la situación hoy

• Parte VIII: Esclavitud, registros y religiosidades

• Parte IX: Religiosidades

• Parte X: Pensando las categorías racializadas

• Parte XI: Expresiones culturales de raíz afro en las Américas

• Parte XII: Trayectorias. Recorridos afrodescendientes en las Américas

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Ceremonias religiosas Festivas y memoria social en Curiepe: construcción de identidades políticas de una población descendiente de negros libres, estado Miranda, Venezuela

Afroamiga se complace en publicar la Tesis Doctoral de Meyby Ugueto, quien además se ha diplomado en nuestra academia hermana, el Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diápora. Con la divulgación de este trabajo aspiramos ofrecer un nuevo aporte al conocimiento del legado africano en Venezuela.

Tal y como lo explica la propia autora, este trabajo se centra en explicar la construcción de identidades políticas contemporáneas de los habitantes de Curiepe, una comunidad afrovenezolana descendiente de un pueblo de negros libres, ubicada en la subregión de Barlovento, estado Miranda, Venezuela. El objetivo es comprender las posibles relaciones existentes entre los significados religiosos actuales y la memoria social, que sobre el pasado fundacional de esta comunidad, rememoran sus habitantes en las distintas ceremonias que practican.

Desde una perspectiva etnográfica se exploran las relaciones socioculturales que trazan los curieperos con los asistentes a los velorios, paseos, peregrinaciones, repique de tambores y encierro de tres imágenes: San Juan Congo, el Niño Jesús de Curiepe y San Juan Bautista. A partir del instrumental teórico que sobre memoria social e identidades políticas existe, mostraremos cómo el complejo religioso- ceremonial de Curiepe funciona como el escenario que permite que los relatos históricos se usen, transformen y resignifiquen para dar sentido a las relaciones socioculturales que se suscitan entre ellos y los asistentes a las ceremonias, en tres niveles: 1) el local, que se establece entre los propios curieperos, mediado por San Juan Congo; 2) el regional, que se establece entre el curiepero y los habitantes de los pueblos de la región centro-norte costera del país, mediado por el Niño Jesús de Curiepe; y 3) el que se establece entre el curiepero con la sociedad nacional e internacional, mediado por San Juan Bautista.

Se sostiene que lo religioso es la dimensión principal de interacción sociocultural entre los curieperos. Concluye que 1) las identidades políticas de los curieperos están mediadas fundamentalmente por la práctica colectiva de lo religioso y por sus memorias sociales compartidas y reactualizadas constantemente en estos espacios; y 2) partiendo de la asimetría sociopolítica en la que aún viven las poblaciones afrovenezolanas y por ende la población de Curiepe, la relevancia de la religión radica en su operatividad en los procesos de inserción de Curiepe en la sociedad envolvente, como estrategia de negociación y a la vez de resistencia para alcanzar ciertos grados de autonomía cultural.

Lo religioso se concreta en Curiepe como ámbito para el ejercicio del poder y eje transversal de las identidades políticas. Todo esto ceñido a la lógica de resistencia ante los procesos de homogeneización cultural, y enmarcados en el paralelismo institucional que fue creado dentro del proyecto emprendido durante el siglo XVIII como una
“comunidad política legalmente libre”. En fin, concluimos que los procesos identitarios en Curiepe están asociados a mecanismos de resistencia, negociación y autonomía cultural, desarrollados en el pasado y reactualizados en el presente.

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Venezuela celebra 167 años de la abolición de la esclavitud

Este 24 de marzo se cumplen los 167 años de la abolición de la esclavitud en nuestro país, propuesta de nuestro Libertador Simón Bolívar, finalmente adoptada en el año 1854, por el entonces presidente de la República, José Gregorio Monagas, quien firmó de forma definitiva e histórica la Ley que abolió ese oprobioso sistema en Venezuela.

El proceso de abolición legal de la esclavitud se inicia en Venezuela prácticamente con el movimiento independentista, pues la Junta de Gobierno creada el 19 de abril de 1810 prohíbe el 14 de agosto la introducción y venta de esclavos en el país.

El artículo 202 de la Constitución Federal de 1811 eleva a precepto constitucional dicha prohibición. Durante las campañas de la Independencia se ofrece en diversas ocasiones la libertad a título individual (extensiva a sus familiares directos) a aquellos esclavos que se alisten en el Ejército y combatan a favor de la República.

Sin embargo, estas disposiciones no llegaron a significar la abolición legal de la esclavitud, la cual siguió existiendo como institución, tanto en las partes del territorio venezolano libertadas como en aquellas que permanecían bajo el régimen español. 

En su Discurso de Angostura el 15 de febrero de1819, Bolívar-en su condición de jefe supremo de la República- pide al Congreso reunido en esa ciudad que decrete la abolición de la esclavitud, pero la decisión del cuerpo legislativo prevé tan solo su gradual extinción y sin que se perjudique económicamente a los dueños de esclavos, el 11 de enero de1820.

Inmediatamente después de la batalla de Carabobo, el Libertador, en su condición de general en jefe del Ejército vencedor, solicitó el 14 de julio de 1821 al Congreso Constituyente de la Gran Colombia reunido en Cúcuta que decretase “la libertad absoluta de todos los colombianos al acto de nacer en el territorio de la República”.

El 21 de julio siguiente, dicho Congreso, acogiendo lo expresado en 1820 por el Congreso de Angostura y en atención a la mencionada solicitud de Bolívar, dio una ley que preveía la gradual extinción de la esclavitud.

Para lograrla se establecieron dos procedimientos que operaban simultáneamente.Por una parte, todos los hijos de esclavos nacidos a partir de entonces fueron declarados libres al venir al mundo, lo que se llamó “libertad de vientres”  pero hasta su mayoría de edad, que se fijaba en los 18 años cumplidos, deberían permanecer al servicio del amo de su madre con el fin de que éste los enseñase a trabajar y los preparase así a ganarse la vida como trabajadores libres al ser manumitidos cuando alcanzaban su mayoría de edad; tal era, por lo menos, la intención del legislador. A estos hijos de esclavos se les denominó “manumiso”.

Por otra parte, se establecía un impuesto sobre las sucesiones, que ciertos herederos debían pagar a un fondo especial administrado en cada provincia por una Junta de Manumisión; estas juntas determinaban al fin de cada año qué esclavos debían ser libertados (por su edad avanzada o cualquier otra circunstancia), pagándoles su valor a sus respectivos dueños con los fondos recaudados. 

Así, la esclavitud entraba en un proceso lento, pero efectivo, que conducía a su extinción. El 2 de octubre de 1830, el Congreso de Venezuela reunido en Valencia ratificó la ley de Cúcuta, pero aumentando a 21 años la mayoría de edad exigida para ser manumitido y disponiendo que el Estado contribuiría económicamente para libertar a 20 esclavos por año.

En 1839, Venezuela e Inglaterra suscribieron un tratado en el cual declaraban “para siempre abolido el tráfico de esclavos”  y las dos naciones se concedían mutuamente el derecho a que los buques de guerra de cada una pudiesen visitar en alta mar a los mercantes de la otra a fin de comprobar si llevaban negros sacados de África y destinados a la venta en cualquier lugar de América; en caso de que los hubiere, el buque era capturado y los esclavos recuperaban su libertad. De este modo, entre 1810 y 1839 la institución de la esclavitud fue atacada por una parte aboliendo la trata y persiguiendo a los buques negreros y por la otra mediante disposiciones legislativas tendentes a su paulatina extinción en Venezuela.

Abolición definitiva

Considerando que los procedimientos mencionados operaban muy lentamente, la Diputación Provincial de Caracas se dirigió en diciembre de 1852 al Congreso Nacional solicitando que extinguiese la esclavitud mediante una ley. De inmediato no se hizo nada, pero en febrero de 1854, por iniciativa del diputado José María Luyando, el Congreso se abocó al estudio del problema. Fue designada una comisión especial, cuyo informe dio origen a un amplio debate entre quienes apoyaban la abolición con indemnización a los dueños de esclavos y quienes proponían que se llevase a cabo sin indemnización.

El presidente de la República, José Gregorio Monagas, que favorecía la eliminación de la esclavitud, dirigió el 10 de marzo un mensaje especial al Congreso, en el cual abogaba por la abolición, pero sin vulnerar los derechos de los poseedores de esclavos.

El 23 de marzo el Congreso aprobó la ley de la abolición y el 24 fue refrendado por el presidente Monagas, a quien los historiadores han llamado, por esto, “el libertador de los esclavos”.

En efecto, a partir del 24 de marzo de 1854 no hubo más esclavos en Venezuela. La ley constaba de 16 artículos. En el 1° se declaraba tersamente: “Queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela”.

Por el 2° se establecía: “Cesa la obligación legal de prestación de servicios de los manumisos, quedando en pleno goce de la libertad”.

En el 3° se ratificaba la prohibición de introducir «…esclavos en el territorio de la República; y los que sean introducidos […] entrarán por el mismo hecho inmediatamente en el goce de su libertad…».

En el 4° se establecía el derecho de los dueños de esclavos a ser indemnizados del valor que estos tengan por la tarifa, o a juicio de facultativos en caso de enfermedad.

El artículo 5° señalaba los recursos destinados a crear el fondo de indemnización. Este fondo, entre otros renglones, incluía el 10% con que las rentas provinciales contribuían al Tesoro Público; un impuesto especial , sobre los alambiques de destilar aguardiente y sus compuestos; un impuesto sobre las rentas de personas pudientes, y otro impuesto que durante tres años deberían pagar los empleados públicos; los fondos recaudados hasta entonces por las anteriores Juntas de Manumisión; la parte que le correspondía a la Nación de los derechos de registro y diversos porcentajes sobre los bienes de quienes fallecían sin tener herederos directos.

Los artículos 6° y siguientes establecían juntas superiores y subalternas a quienes se les encomendaba la recaudación y administración de los recursos destinados a la indemnización de los dueños y la formación de un censo de todos los que hasta ese momento habían sido esclavos, con expresión de sus dueños, edad y valor.

El 30 de marzo de ese mismo año el presidente José Gregorio Monagas expidió un decreto que reglamentaba la Ley de Abolición. El número de esclavos libertados en virtud de la ley del 24 de marzo de 1854 fue calculado en 12.093, y el de manumisos en 11.285, valuados en conjunto en 4.432.991 pesos. Las 23.378 personas que alcanzaron entonces la plena libertad representaban poco menos del 2% de la población total de Venezuela, que se estimaba para la época en 1.350.000 habitantes.

Se publicó una litografía en la cual el Presidente, vestido de civil y acompañado de otros personajes del régimen (entre los cuales estaba el secretario del Interior y Justicia, Simón Planas, quien tuvo importante participación en la abolición) entrega a un grupo de esclavos la ley del 24 de marzo, mientras una figura alegórica del Libertador Simón Bolívar parece presidir la escena.

Fuente: http://www.mincultura.gob.ve