Consulta sobre discriminación racial en Venezuela

La inferiorización y exclusión de unos seres humanos por otros por algún tipo de discriminación, siempre redunda en la violación de los DDHH de los excluidos y discriminados y por ende, en prejuicio de su calidad de vida material, intelectual y espiritual.

Por las redes sociales de nuestro país está circulando una encuesta sobre discriminación racial que pretende recoger la opinión de venezolanas, venezolanos y cualquier persona residente en Venezuela, para lo cual solicitan responder las preguntas que encontrarás al ingresar al link que a continuación Afroamiga comparte contigo.

Participa en la consulta sobre discrimnación racial

LA INFORMACIÓN ES CONFIDENCIAL. No serán usados datos personales de identificación.

Demando mi libertad. Mujeres negras y sus estrategias de resistencia en la Nueva Granada, Venezuela y Cuba, 1700-1800

“En los relatos que constituye el libro Demando mi Libertad se rescata la voz de varias mujeres que a través de los tiempos nos trasmiten un objetivo común: defender su derecho de ser parte, en igualdad de condiciones, de una sociedad que se había construido sobre una fórmula de exclusión que racializaba las relaciones de género. En este sentido, los temas que aquí se tratan si bien se inspiran en la lectura de estas historias, reflejan problemas y temas de la mayor actualidad en el contexto de unas sociedades que, a pesar de las transformaciones políticas que las convirtieron en naciones independientes, siguen afincadas en la misma fórmula de exclusión de intensa raigambre colonial.”

Descargar el libro completo

Turbante, no moño, ni cintillo, ni adorno. Turbante

Este símbolo de resistencia, identidad y de la diáspora africana en el mundo ha ganado visibilidad tras el triunfo de tres atletas afrodescendientes ecuatorianas en Tokio 2020. Es importante decir qué es y lo que representa para la negritud.

Gracias a que las campeonas olímpicas Neisi Dajomes, Tamara Salazar y Angie Palacios llevaron turbantes en sus cabellera cuando ganaron sus medallas y diplomas en Tokio 2020, este símbolo de la identidad y resistencia de los pueblos afrodescendientes ha ganado nueva visibilidad. Pese a la mediatización y viralización de este símbolo ancestral, se ha generado una nueva forma de negación e invisibilización, pues en medios de comunicación y en redes sociales se han referido al mismo como ‘cintillo’, ‘lazo’, ‘pañoleta’, ‘adorno’. Se lo ha reducido a un mero accesorio de moda, incurriendo además en lo que se denomina apropiación cultural. Pocos se han preguntado qué es y lo que significa, para la negritud, un turbante.

Valga la oportunidad que nos brinda a las mujeres negras, afroecuatorianas y afrodescendientes esta exposición mediática momentánea (que sin duda con el pasar de los días se irá diluyendo). Es importante y debemos aprovechar para que en los medios de comunicación se hable de estos temas que pueden parecer superficiales pero que, para nosotras, descendientes de la africanidad, nietas de mujeres y hombres esclavizados, tiene una singular importancia: nuestro cuerpo, nuestros cabellos, nuestros símbolos ancestrales nos permiten generar reflexiones y debates sobre el racismo, el empoderamiento y la identidad.

Y es que ya sea afro, rizado, trenzado o con el uso de turbantes, la apariencia del cabello natural africano y su simbología, siempre ha sido cuestionada. Incluso, ha sido rechazada por parte de un orden social cuya hegemonía se basa en una supuesta superioridad étnico-cultural, donde en la cúspide están las referencias blanco europeas de belleza y en su base, lo antónimo, la negritud.

El turbante, ese es su nombre, al igual que el uso de nuestro cabello natural, para las mujeres afrodescendientes son símbolo de resistencia, porque por siglos ha servido como una forma sutil de blanqueamiento y negación. Durante la esclavitud, las mujeres negras —consideradas calientes, amorales, sensuales— eran obligadas a usarlo para ocultar sus llamativos cabellos que cautivaban a los hombres. Luego se resignificó al turbante: dejó de ser un instrumento de sumisión, de servidumbre, u ocultamiento.

Para los grupos sociales y civilizaciones que existían en África Subsahariana, históricamente negadas desde la época de la colonización americana y la esclavización africana, cada manifestación capilar, incluido el uso del turbante, representaba el estatus social, religión, edad, diferenciación entre tribus, jerarquía —incluso, del estado civil. Estas formas no verbales de comunicación aún persisten, no solo en África, sino en otros países y culturas donde la diáspora se asentó. Entre ellos, por supuesto, el Ecuador.

Muchas de las mujeres negras que fueron arrancadas de la madre África y esclavizadas en las colonias americanas, no se sometieron. Se organizaron y buscaron la libertad a riesgo de perder su vida en el intento. El cabello y los turbantes de esas mujeres rebeldes fueron de vital importancia en su lucha así como lo describe Eduardo Galeano en su cuento Paramaribo: ellas llevan su vida en el pelo:

“Antes de escapar, las esclavas roban granos de arroz y de maíz, pepitas de trigo, frijoles y semillas de calabaza. Sus enormes cabelleras hacen de graneros. Cuando llegan a los refugios abiertos en la jungla, las mujeres sacuden sus cabezas y fecundan, así, la tierra libre”. 

Así lograron subsistir, cimarronear, cultivar los palenques y abrir el camino hacia la libertad.

Ahora, para las mujeres negras, afrodescendientes y de la diáspora, el turbante es símbolo tangible de identidad, de una lucha permanente, de una postura política y de una cosmovisión. Es una forma de gritarle al mundo que existimos, que pensamos, que sentimos, que nos reconocemos mujeres descendientes de la africanidad.

El uso del turbante, de las trenzas, del cabello afro natural es una respuesta simbólica antirracista, desde la dignidad, visibilizando, reivindicando y empoderando a la mujer negra, reconociendo la existencia y legitimidad de otras formas de belleza  e independizándonos de los esquemas tradicionales excluyentes.

Asumirnos mujeres negras es una ruptura contra el sistema que se alimenta del racismo, el machismo y el sexismo. Es un contradiscurso a lo que por siglos se legitimó respecto de la negritud: a esa negación sistemática, a la hipersexualización y cosificación de nuestros cuerpos, a la deshumanización: durante la esclavización, por siglos la Iglesia Católica aseguró que las y los negros éramos poco menos que humanos, carecíamos de alma y estábamos a la par de los animales de carga. A ese racismo tan vigente y tan dañino que busca callarnos, someternos y aniquilarnos. 

Cuando vivimos experiencias excluyentes por parte del Estado, cuando se nos niega o condiciona el uso de símbolos propios de nuestra identidad étnico-cultural, se nos rechaza por nuestra herencia africana —ese es el racismo estructural. Por ejemplo: en 2013 pretendí renovar mi cédula de ciudadanía usando un vistoso turbante rojo pero el Registro Civil me lo negó, materializando ese racismo, esa negación. Fue una ramplona vulneración de mi derecho constitucional a la identidad, aduciendo que yo era quiteña de nacimiento, cuestionando mi origen étnico por no haber nacido en territorio ancestral afroecuatoriano (como Esmeraldas o el Valle del Chota) y limitándome el pleno goce de mis garantías constitucionales, de mi autoreconocimiento y afirmación.

En 2019 nuevamente el aparataje estatal incurrió en la misma práctica. Esta vez fue mi mamá quien impotente debió retirarse el turbante para ser fotografiada en su cédula de ciudadanía. Ella tenía 64 años y sobre sus hombros, toda una vida de exclusión. Es solo que en esta ocasión que mi reclamo sí hizo eco. El mismo día, tras escribir la experiencia en Twitter, recibí una llamada del Registro Civil, se disculparon por lo que llamaron un “incidente”, y para reparar la vulneración enviaron, al siguiente día, una brigada para cedular a mi mamá con su turbante. 

Si bien sentí satisfacción por la reivindicación, no deja de doler, de indignar, el saberte ciudadana de último orden en un país cuya Constitución establece y garantiza el respeto a la diversidad étnica, mientras en la práctica sucede todo lo contrario: persisten esas prácticas violentas de ocultamiento y negación. 

Ojalá que esta vez, que tres mujeres ecuatorianas emocionaron y llenaron de orgullo a todo el Ecuador, persista el discurso de identidad y unidad nacional. Ojalá cuando pase este boom olímpico y ‘turbantero’ nos quede el respeto hacia el otro: el indígena, el campesino, el rural, el afrodescendiente, las mujeres, los deportistas, las y los ecuatorianos.

Fuente: Rebelión

Afrodescendientes en las Américas

Afrodescendientes en las Américas. Trayectorias sociales e identitarias es un texto que recoge una serie de investigaciones sobre diferentes aspectos relativos a la afrodescendencia en nuestro continente.

A través de sus páginas podrá encontrar escritos referidos a identidad cultural, identidad ritual, asimilación, multiculturalismo, mestizaje, conflictos territoriales y territorialidad negra, memoria de esclavitud y polémica sobre las reparaciones, los discursos de la etnicidad y la militancia, entre muchos otros.

También ofrece un balance de las conclusiones de la III Conferencia Mundial de la ONU contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia relacionadas y sus implicaciones para el movimiento social afrocolombiano.

Descargue el libro completo

Las cimarroneras y cumbes de negros esclavizados

Los negros africanos no eran considerados como seres humanos, eran una “cosa” una “propiedad”, a partir de esta concepción perdían los derechos que tenemos los seres humanos, como el derecho a la vida, a la libertad, simplemente eran una mercancía y como tal eran tratados.

Los barcos esclavistas obtenían sus mercancías (los negros) en el África de dos maneras: los compraban, muchas veces a tribus africanas, o los cazaban como animales. Luego los trasportaban a América en barcos, en condiciones infrahumanas, muchos de ellos morían en el trayecto; el negocio era tan rentable que barcos esclavistas ingleses y holandeses contrabandeaban negros esclavos en las costas venezolanas.

Sin embargo, los negros nunca abandonaron su actitud de rebeldía ante semejante atropello, a riesgo de esa rebeldía desembocara en castigos inhumanos, como: azotes, grilletes, cadenas, mutilaciones o encierro en lugares muy estrechos e insalubres. Esa actitud rebelde fuetambién el origen de las cimarroneras y cumbes.

El antropólogo, Miguel Acosta Saignes, al referirse al régimen esclavista, escribe: “…Él envilece a los esclavos, pero también a los amos; rebaja la dignidad humana de unos y otros, conduce a la crueldad, al sadismo, porque el enemigo en todo régimen de clase, es el propio hombre, no solo explotado bajo la esclavitud, sino negado, destruido, aniquilado en sus atributos humanos esenciales”. De tal manera que hubo razones suficientes para que los negros esclavizados se fugaran, se alzaran y hasta se suicidaran.

Los fugados constituyeron las cimarroneras y los cumbes, en lugares montañosos, apartados e inaccesibles. De tal manera que las mismas, eran comunidades de negros esclavizados huidos que tenían cierta organización: líderes, viviendas o ranchos, conucos, vigilancia permanente e inclusive en algunos cumbes el negro convivía con el indio y con blancos marginados o tenían relación con comunidades integradas por éstos.

Además, los cimarrones tuvieron una participación importante en el comercio ilícito que practicaban en las costas venezolanas los ingleses, holandeses y franceses. De tal manera que los cumbes fueron, inicialmente, la expresión más genuina de sincretismo cultural entre el negro, el indio y el blanco.

Los negros esclavizados, no solo eran comercializados por las compañías autorizadas que operaban de la isla La Española y a donde iban muchos hacendados venezolanos a adquirirlos, sino también por los barcos contrabandistas de esclavos (ingleses y portugueses) que llegaban a las Antillas y a las costas venezolanas. En Venezuela, hubo cumbes en todas las regiones donde fueron ubicados los negros traídos en condición de esclavos (Barlovento, Puerto Cabello, Yaracuy, Zulia y Cumaná).

Fuente: https://josevargasponce.wordpress.com/

El presidente Alvarado firma ley que promueve la igualdad de los afrodescendientes en Costa Rica

El presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, firmó este martes la Ley de Acciones afirmativas a favor de las personas afrodescendientes, la cual busca promover la igualdad y garantizar los derechos de esta población que representa al menos el 8 % de los habitantes del país.

“Hoy nos corresponde agradecer el legado de una cultura que ha contribuido significativamente con el desarrollo de este país y con estas acciones afirmativas reiteramos nuestro compromiso con miles de personas afrocostarricenses que han desafiado la historia, las leyes y la injusticia, por su libertad y el respeto a todos sus derechos”, aseguró el mandatario en un acto oficial.

La ley, aprobada semanas atrás por el Congreso, dispone que durante un plazo de diez años, el país dará un trato diferenciado a la población afrodescendiente, con el fin de promover la justicia y la igualdad, asegurar su acceso al empleo, a la educación y promover la discusión cultural que permita el pleno goce de sus derechos.

El presidente afirmó que “la promoción, protección y defensa de los derechos de las personas afrodescendientes ha sido un eje prioritario tanto en nuestra política interna como de nuestra política exterior”.

La vicepresidenta del país Epsy Campbell, primera mujer afrodescendiente que ejerce ese cargo, expresó que la firma de la ley “es un paso en la dirección correcta para cumplir las promesas de igualdad, justicia y reconocimiento para las personas afrodescendientes”.

“Diversos informes han dado cuenta que la discriminación y el racismo sistémico parece tener techos de hierro difíciles de romper y por eso son absolutamente necesarias acciones afirmativas y políticas universales con perspectivas de diversidad”, expresó.

La ley establece que todas las instituciones públicas podrán destinar al menos un 7 % de los puestos de trabajo vacantes al año para que sean ocupados por las personas afrodescendientes y que el estatal Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), que imparte carreras técnicas, reservará un 7 % de sus espacios, en cada una de sus ofertas educativas, para esta población.

Además, los programas educativos de la educación primaria y secundaria deberán incorporar en sus temarios el estudio sobre el legado de las personas afrodescendientes en la conformación de la nación y en las diversas expresiones culturales.

La ley dispone también que el Estado estimulará la apertura de espacios públicos dedicados a la información, el análisis y la discusión de la temática de la población afrodescendiente, desde el punto de vista educativo y cultural.

Además, el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) impulsará acciones afirmativas específicas relativas a la participación política, la autonomía económica y el acceso a la salud para las mujeres afrodescendientes, y deberá medir sus resultados.

Por otra parte, en el marco del Mes Histórico de la Afrodescendencia en Costa Rica, la Casa Presidencial izó este martes la bandera panafricana, un símbolo para la promoción de los derechos de las personas afrodescendientes y la unión entre el continente africano y su diáspora, detalló el Gobierno.

Fuente: https://www.laestrella.com.pa/

El impacto en Ecuador de los “turbantes” y el afro de las mujeres medallistas olímpicas

Tamara Salazar, Neisi Dajomes y Angie Palacios

Neisi Dajomes y Tamara Salazar no sólo comparten el hito de haber logrado medallas para Ecuador en los Juegos Olímpicos de Tokio.

La dos mujeres, levantadoras de pesas, lo hicieron con un colorido pañuelo, cintillo o turbante que recogía su pelo rizado. Un accesorio que más allá de la comodidad ha sido visto en Ecuador como un símbolo para reivindicar el éxito de las mujeres negras.

“El tuit tiene una historia”, le dice Cabezas a BBC Mundo desde Quito.

El domingo, su sobrina de 5 años, orgullosa, se jactó de ver una campeona olímpica con su cabello, y la asambleísta sintió que la decisión de hace algunos años había sido la correcta.

Para Cabezas, muchas mujeres afroecuatorianas no son aceptadas en su trabajo porque el afro es considerado antiestético, sucio y sinónimo de pobreza.

Final de Quizás también te intereseEsto va mucho más allá de un tema estético y se incluye en lo que Cabezas llama una discriminación sistémica:

“El sistema excluye a las personas negras, las empuja a sectores donde no hay agua, donde no hay luz, donde no hay acceso de transporte; las mujeres afroecuatorianas tienen a vivir en sectores urbano-marginales y -con la pandemia- son las que más se han quedado sin un empleo adecuado”.

Neisi Dajomes

La poeta afrodescendiente Yuliana Ortiz recuerda a BBC Mundo que ella no pudo trabajar con su cabello afro: “Cuando trabajaba como profesora de Literatura en un colegio de secundaria no me dejaban ir con el cabello suelto, porque para ellos era estar despeinada. A veces a una mujer negra no la dejan usar trenzas porque se asocia lo negro a lo festivo. Nuestros símbolos, que pertenecen a nuestra cotidianeidad, son siempre asociados con lo carnavalesco”.

Jaqueline Gallegos, del colectivo Afrocomunicaciones, que intenta llevar las voces del pueblo negro a los medios de comunicación, señala que es muy difícil encontrar a una mujer negra “con esa estética, con ese cabello” en dichos medios.

Para la asambleísta Cabezas, quien comenzó su carrera como periodista, que su sobrina menor vea su propio cabello afro en una campeona olímpica, puede cambiar estos patrones:

“La gente necesita tener nuevos referentes y los medios de comunicación en Ecuador quedan debiendo mucho en ese sentido; las niñas, por ejemplo, si quieren ser periodistas, se preguntan cómo van a ser periodistas con esa nariz, con esa boca, con ese pelo, porque se construyen estándares de belleza que deben romperse”.

Cintillos no, turbantes sí

El 3 de agosto, ante las repercusiones generadas por los moños, o cintillos, o lazos, o pañuelos que llevaron Dajomes y Salazar en las pruebas olímpicas, Gallegos escribió en Twitter que no se trataba de nada de eso, sino de turbantes.

Gallegos le dice a BBC Mundo desde Quito que el turbante tiene un significado cultural, estético e incluso de clase propio de la identidad de mujeres afrodescendientes: es un símbolo de resistencia y de “reexistencia”.

“Entonces démosle ese valor. Porque ahora veo en todos los medios que dicen que la niñita mestiza de 2 años estuvo frente al televisor y quiere usar el moñito. No hagamos de este símbolo un fetichismo: que todos vayamos a usar el moño sin conocer el trasfondo, este símbolo tiene un significado y esa niña de 2 años frente al televisor tiene el derecho a conocerlo”, añade Gallegos.

Para la poeta Ortiz, estas expresiones como el pelo o los turbantes pasan a ser parte del folclore, en el mal sentido de la palabra:

“No es una moda, es que la gente negra tiene símbolos, como los indígenas y otras nacionalidades del Ecuador, y a mí me preocupa la apropiación de estos símbolos y la descontextualización: compras un turbante sin saber toda la historia de persecución”.

“Las mujeres negras comenzaron a utilizarlos no por voluntad propia, hasta cierto punto, sino porque se le prohibía mostrar sus cabellos y sus trenzas”, añade Génesis Anangonó, periodista del medio ecuatoriano Wambra.ec. “Parte de la resistencia de las mujeres negras fue conservar estos turbantes: todo tiene un significado, hasta en la forma en que se anudan”, explica.

La periodista considera que es muy probable que pronto se vendan estos turbantes, pero teme que ni siquiera se los compren a las mujeres negras: “Seguramente serán las grandes corporaciones, las grandes marcas, en una producción masiva”.

La diseñadora de moda ecuatoriana María José Ordóñez, quien ha denunciado en el pasado la apropiación de elementos propios de las culturas ancestrales ecuatorianas por parte de grandes marcas, cree que el problema sigue estando dentro del país:

“En la industria de moda local se hace poco énfasis en la indumentaria de las comunidades amazónicas y afrodescendientes. Sería increíble ver iniciativas en que se les haga partícipes a las comunidades durante los procesos de creación y no sólo se los tome como referente o inspiración”, le dice a BBC Mundo desde Nueva York.

“Esa mujer también es negra”

Tras la medalla de Dajomes, la periodista Anangonó priorizó la condición de la deportista de mujer afrodescendiente, hija de refugiados colombianos y de origen humilde.

“Yo soy periodista, pero también una mujer afrodescendiente que se nombra desde la negritud. No puedo contar esto separándolo de lo otro. Porque tenemos una primera medallista dorada en Ecuador, pero esa mujer también es negra“, le dice Anangonó a BBC Mundo desde Quito, y añade que pocos medios locales destacaron esta condición.

“Ninguno de los titulares de la prensa, y creo que tampoco el cuerpo de las notas, hablaban de que son mujeres negras, esta identidad se invisibilizó; sin embargo, estas identidades sí son retratadas en los medios cuando se trata de lo malo”, por ejemplo, en las páginas policiales de los diarios.

La pesista Tamara Salazar, quien logró una medalla de plata, proviene de un territorio ancestral que se llama Valle del Chota, en Pusir.

Pusir, le dice a BBC Mundo desde Quito la antropóloga Marisol Cárdenas, es “una comunidad ubicada en la provincia de Imbabura, está sólo a 3 horas y media de Quito, pero con condiciones totalmente desfavorables en cuestión de salud, educación y comunicación“.

La situación de provincias amazónicas como Pastaza, donde nació Dajomes, tampoco es muy diferente.

Jaqueline Gallegos, del colectivo Afrocomunicaciones, coincide en que la población afrodescendiente ha sido históricamente ignorada en Ecuador:

“Somos el pueblo con el menor acceso a la educación secundaria y universitaria, y a los trabajos formales. Si el índice de desempleo actual está en el 35%, las mujeres negras nos encontramos en el 50%”.

Para la periodista Anangonó, las dos medallas de las pesistas no cambiarán a la sociedad en su conjunto, pero tendrán una influencia dentro de la población afrodescendiente ecuatoriana, que supera el 7% de la población del país:

“Tenemos a las mujeres más fuertes del mundo. Y son mujeres negras las primeras en ganar medallas para el país que constantemente las discrimina”.

Yuliana Ortiz, por su parte, sostiene que Ecuador “siempre está ahí para celebrar porque es una estrategia política generar y fomentar la ecuatorianeidad”, pero que es muy difícil para las mujeres afrodescendientes identificarse con esa idea de país.

“Para nosotros tiene mucho más valor que simplemente contar las medallas y ver qué lugar ocupamos en el medallero”, dice la activista Jaqueline Gallegos, y añade:

“Lo que yo sé de mí y de mi cultura lo he tenido que aprender por fuera de todo este sistema de educación formal. Y cuando veo a Neisi y veo a Tamara, sé quiénes son: son esas mujeres que nadie va a someter y pienso que está en la sangre. Venimos de resistir todo el tiempo y tal vez no estaríamos hablando de esto si ellas no ganan una presea”.

Fuente: BBC News Mundo

Establecen en ONU Foro Permanente de los Afrodescendientes

El Foro Permanente de los Afrodescendientes ya es hoy una realidad en ONU pues tras varios años de esfuerzos, finalmente se aprobó un mecanismo consultivo enfocado en mejorar la calidad de vida de esa comunidad.

La víspera, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó por consenso una resolución para el establecimiento de ese Foro, que será también órgano asesor del Consejo de Derechos Humanos.

El texto refrenda el compromiso de la Asamblea con el respeto a la dignidad humana y la igualdad de las víctimas de la esclavitud, la trata de esclavos y el colonialismo.

Asimismo, estipula que el mandato del Foro será ‘contribuir a la plena inclusión política, económica y social de los afrodescendientes en las sociedades en las que viven, en pie de igualdad con los demás ciudadanos y sin discriminación de ningún tipo’.

También persigue y mejorar la calidad de vida y medios de subsistencia de ese grupo históricamente marginado.

La idea de este Foro Permanente se venía planteando desde hace años y ya en 2011 había sido un reclamo de la I Cumbre Mundial de Afrodescendientes, celebrada en Honduras.

Según la resolución aprobado, ese organismo estará formado por miembros designados por los Gobiernos y por la presidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y defenderá la inclusión de comunidades afrodescendientes en los planos político, económico y social.

Las reuniones anuales del órgano durarán cuatro días y tendrán lugar en la oficina de la ONU en Ginebra y en la sede de Nueva York alternativamente a partir del próximo año.

Entre otras funciones, el Foro deberá evaluar una posible declaración de las Naciones Unidas sobre la promoción, la protección y el respeto pleno de los derechos humanos de los afrodescendientes.

Igualmente, tendrá que identificar las mejores prácticas, retos y oportunidades e iniciativas para abordar las cuestiones relacionadas con esa comunidad.

Asimismo, supervisará los avances en la implementación del programa de actividades del Decenio Internacional de los Afrodescendientes.

Fuente: Prensa Latina

Peinados afro: te contamos cómo hacerlos y los productos que necesitas

Si tienes el cabello rizado, crespo u ondulado, esta información te interesa. Entra y conoce más sobre los peinados afro.

Cada tipo de cabello requiere de cuidados especiales para poder mantenerlo hidratado, sano y fuerte. Para conocer cómo cuidar y hacer peinados afro, hablamos con la periodista Edna Liliana Valencia.

En entrevista con la Revista Cromos, esta mujer afrodescendiente nos cuenta qué productos se deberían tener en cuenta, cuáles son sus peinados favoritos y cómo hacerlos. Finalmente, la periodista le deja un mensaje de empoderamiento muy especial a aquellas mujeres que están pensando en alisar su cabello con productos químicos como la queratina.

¿Qué productos se deberían tener en cuenta a la hora de peinar el cabello crespo o rizado?

Edna Liliana Valencia (ELV): “Es muy importante que sean productos sin sal y sin parabenos. Hoy en día existen líneas especializadas en cabello crespo. Y también es importante saber que el champú se debe aplicar sólo en la raíz y el acondicionador únicamente de medios a puntas.

También es bueno aplicarse mascarillas caseras una vez cada 15 días antes del lavado. Puede ser, por ejemplo, una mascarilla de aguacate con aceite de oliva o de huevo con mayonesa. Otra opción es la sábila o la linaza”.

¿Cuáles son los peinados afro que recomienda y cómo hacerlos?

ELV: “Mi peinado afro favorito de llama “nudos bantú” o “bantu knots”. Consiste en separar el cabello en unos 15 o 16 mechones y enrollarlos hasta que se formen una especie de cebollitas. Luego se aseguran con cauchitos. Este peinado funciona también como técnica de definición.

Otro peinado muy fácil y práctico en cabello afro se llama “la piña”. Consiste en recoger el cabello en la corinilla y dejar que se forme un moño alto y voluminoso en la parte de arriba.

A mí me gusta mucho también la cresta y las dos colitas. Sin embargo, una de las ventajas del cabello crespo es que hay infinidad de peinados y cada día podemos cambiar y lucir diferentes”.

¿Cuál es su mensaje para aquellas mujeres afrodescendiente que planean alisar su cabello con productos químicos porque se les dificulta peinarlo?

ELV: “Mi mensaje es que la solución no es alisar el cabello. La solución es aprender a cuidarlo, pero, sobre todo, a amarlo. El hecho de que históricamente se nos haya negado el acceso a la información que las mujeres lisas sí han tenido, no significa que nuestro cabello es un problema. Significa que ahora nosotras tenemos la oportunidad de generar esa información y compartirla con otras mujeres que la necesitan.

Fuente: El Espectador

La vida de los esclavos negros en Venezuela

Afroamiga te ofrece este artículo de Miguel Acosta Saignes publicado en la Revista del Cesla a través de cual se relatan diferentes aspectos que caracterizaron la vida de los esclavos negros en nuestro país.

El documento incluye importantes referencias relativas a las protestas y rebeliones de los negros, así como las medidas adoptadas por la monarquía para sofocar los alzamientos.

Lo anterior haciendo mención a los sitios donde se refugiaban y estructuraban sus comunidades, generalmente llamadas cumbes o quilombos.


Descargar el artículo completo