Violencia doméstica contra las mujeres: Reconoce los patrones, busca ayuda

La violencia doméstica es una amenaza grave para muchas mujeres. Conoce los signos de una relación abusiva y cómo alejarte de una situación peligroso.

Tu pareja se disculpa y dice que no volverá a tener una conducta hiriente — pero tienes miedo a que la tenga. A veces te preguntas si te estás imaginando el maltrato o si el dolor físico y emocional que sientes es real. Si esto te suena familiar, puedes estar sufriendo violencia doméstica.

Reconoce la violencia doméstica

La violencia doméstica, también llamada violencia de pareja, ocurre entre personas que tienen una relación íntima. La violencia doméstica puede adoptar muchas formas, entre ellas, el abuso emocional, sexual y físico, y las amenazas de abuso. La violencia doméstica puede darse en relaciones heterosexuales u homosexuales.

Las relaciones abusivas siempre conllevan un desequilibrio de poder y control. El abusador usa palabras y comportamientos intimidatorios e hirientes para controlar a su pareja.

Puede que no sea fácil identificar la violencia doméstica al principio. Aunque algunas relaciones son claramente abusivas desde el principio, el abuso suele comenzar de manera sutil y empeora con el tiempo. Puede que estés experimentando violencia doméstica si estás en una relación con alguien que:

• Te insulta, te denigra o te desprecia

• Te impide o desalienta ir a trabajar o estudiar, o ver a familiares o amigos

• Trata de controlar cómo gastas el dinero, dónde vas, qué medicamentos tomas o qué ropa usas

• Es celoso o posesivo, o constantemente te acusa de serle infiel

• Trata de controlar si puedes ver a un proveedor de atención médica

• Te amenaza con violencia o con un arma

• Te da golpes, patadas, empujones o bofetadas, te estrangula o te produce cualquier otro daño a ti, tus hijos o tus mascotas

• Te obliga a tener relaciones sexuales o a participar en actos sexuales contra tu voluntad

• Amenaza con contar a amigos, familiares, compañeros de trabajo o miembros de la comunidad sobre tu orientación sexual o identidad de género

• Si eres lesbiana, bisexual o transgénero, también podrías estar experimentando violencia doméstica si estás en una relación con alguien que:

• Te dice que las autoridades no ayudarán a una persona lesbiana, bisexual o transgénero

• Te dice que, si cortas con la relación, estás admitiendo que las relaciones lesbianas, bisexuales o transgénero son anormales

• Dice que las mujeres no pueden ser violentas

• Justifica el abuso diciéndote que no eres “realmente” lesbiana, bisexual o transgénero

No te eches la culpa

Es posible que no esté lista para buscar ayuda porque crees que eres, al menos en parte, culpable del abuso en la relación. Se pueden mencionar las siguientes razones:

Tu compañero te culpa por la violencia en tu relación. Las parejas abusivas rara vez asumen la responsabilidad de sus actos.

Tu pareja solo muestra un comportamiento abusivo contigo. Los abusadores suelen preocuparse por las apariencias externas, y les pueden parecer encantadores y estables a las demás personas ajenas a tu relación. Esto puede hacerte creer que sus acciones solo pueden explicarse por algo que tú hayas hecho.

Los terapeutas y médicos que te ven sola o con tu pareja no han detectado ningún problema. Si no le has dicho a tu médico o a otros proveedores de atención médica sobre el abuso, es posible que solo tomen nota de los patrones no saludables en tu pensamiento o comportamiento, lo que puede llevar a un diagnóstico erróneo. Por ejemplo, las sobrevivientes de violencia doméstica pueden desarrollar síntomas que se asemejan a los trastornos de la personalidad. La exposición a la violencia doméstica también aumenta el riesgo de sufrir afecciones de salud mental como depresión, ansiedad y trastorno por estrés postraumático. Si tus proveedores de atención médica se enfocan en tus síntomas, esto podría empeorar tu temor de que tú seas responsable del abuso en tu relación.

Has actuado verbal o físicamente contra tu abusador, gritando, empujando o golpeándolo durante los conflictos. Es posible que te preocupe que tú también seas abusiva, pero es mucho más probable que hayas actuado en defensa propia o con un intenso sufrimiento emocional. El abusador puede usar tales incidentes para manipularte, describiéndolos como prueba de que tú eres el miembro abusivo de la pareja.

Si tienes problemas para identificar lo que está sucediendo, toma distancia y analiza los principales patrones de tu relación. Luego, analiza los signos de violencia doméstica. En una relación abusiva, la persona que usa estos comportamientos de manera rutinaria es el abusador. La persona del lado receptor está siendo abusada.

El embarazo, los niños y el abuso

A veces, la violencia intrafamiliar comienza, o aumenta, durante el embarazo, lo cual pone en riesgo tu salud y la del bebé. El peligro continúa después del nacimiento.

Incluso si tu hijo no es abusado, el simple hecho de ser testigo de la violencia intrafamiliar puede ser perjudicial. Los niños que crecen en hogares abusivos tienen más probabilidades que otros de ser abusados y de tener problemas de conducta. En la adultez, es más probable que se conviertan en abusadores o que piensen que el abuso es una parte normal de las relaciones.

Puede que te preocupe que decir la verdad te ponga en peligro, o ponga en peligro a tu hijo o a otros miembros de la familia, y que pueda romper tu familia, pero buscar ayuda es la mejor manera de proteger a tus hijos y de protegerte tú.

Rompe el ciclo

Si te encuentras en una situación de abuso, es posible que reconozcas este patrón:

• El abusador amenaza con emplear la violencia

• El abusador ataca

• El abusador se disculpa, promete cambiar y ofrece regalos

• Este ciclo se repite una y otra vez

En general, la violencia se vuelve más frecuente y grave con el tiempo. Cuanto más tiempo permanezcas en una relación abusiva, mayores serán las consecuencias físicas y emocionales. Podrías sufrir depresión o ansiedad, o comenzar a dudar de tu capacidad para cuidarte. Podrías sentirte indefenso o paralizado.

Desafíos únicos

Si eres inmigrante, es posible que dudes en buscar ayuda por miedo a la deportación. Las barreras lingüísticas, la falta de independencia económica y el apoyo social limitado pueden aumentar tu aislamiento y afectar tu capacidad para acceder a los recursos.Las leyes de los Estados Unidos garantizan la protección contra el abuso doméstico, independientemente de tu condición de inmigrante. Tienes a tu disposición recursos gratuitos o de bajo costo, incluidos abogados, refugio y atención médica para tus hijos y para ti. Además, podrías ser elegible para recibir las protecciones legales que permiten a los inmigrantes que sufren violencia doméstica permanecer en los Estados Unidos.Llama a una línea nacional de ayuda para la violencia doméstica para pedir asesoramiento. Estos servicios son gratuitos y confidenciales.

Si es una mujer mayor, puede que te enfrentes a retos relacionados con tu edad y con la duración de tu relación. Puede que hayas crecido en una época en la que no se hablaba de la violencia doméstica. Tú o tu pareja podrían tener problemas de salud que aumentan tu dependencia o sentido de responsabilidad.

Si te encuentras en una relación entre personas del mismo sexo, es menos probable que busques ayuda después de una agresión si no quieres revelar tu orientación sexual. Si te ha agredido sexualmente otra mujer, también podrías temer que no te crean.

La única manera de terminar con el ciclo de la violencia doméstica es actuando. Empieza por contarle a alguien sobre el abuso, ya sea a un amigo, un ser querido, un proveedor de atención médica u otro contacto cercano. También puedes llamar a una línea nacional de ayuda para la violencia doméstica.

Al principio, puede que te resulte difícil hablar del abuso. Pero debes entender que no estás solo y que hay gente que puede ayudarte. También es probable que sientas alivio y recibas el apoyo que tanto necesitas.

Crea un plan de seguridad

Dejar a un abusador puede ser peligroso. Considera la posibilidad de tomar estas precauciones:

• Llama a un refugio para mujeres o a una línea de ayuda para la violencia doméstica para pedir consejo. Haz la llamada en un momento seguro (cuando el abusador no esté cerca) o desde la casa de un amigo u otro lugar seguro.

• Prepara un bolso de emergencia que incluya los artículos que necesitarás cuando te vayas, como ropa adicional y llaves. Deja el bolso en un lugar seguro. Ten a mano los papeles personales importantes, el dinero y los medicamentos recetados para poder llevarlos contigo con poca antelación.

• Planifica exactamente dónde irás y cómo llegarás allí.

Protege tus medios de comunicación y tu ubicación

Un abusador puede usar la tecnología para controlar tu teléfono y comunicación en línea y rastrear tu ubicación. Si te preocupa tu seguridad, busca ayuda. Para mantener tu privacidad:

Usa los teléfonos con precaución. El abusador podría interceptar las llamadas y escuchar tus conversaciones. Puede usar el identificador de llamadas, revisar tu teléfono celular o buscar en tus registros de facturación telefónica para ver tu historial de llamadas y mensajes de texto.

Usa la computadora de tu casa con precaución. El abusador podría usar spyware para vigilar tus mensajes de correo electrónico y los sitios web que visitas. Considera la posibilidad de usar una computadora en el trabajo, en la biblioteca o en la casa de algún amigo para buscar ayuda.

Quita los dispositivos GPS de tu vehículo. El abusador podría usar un dispositivo GPS para localizar tu ubicación.

Cambia con frecuencia tu contraseña de correo electrónico. Elige contraseñas que el abusador no pueda adivinar.

Limpia el historial de visitas. Sigue las instrucciones del navegador para borrar cualquier registro de sitios web o gráficos que hayas visto.

Dónde buscar ayuda

En caso de emergencia, llama al 911, a tu número de emergencia local o a la agencia de policía. Los siguientes recursos también pueden ayudar:

Alguien en quien confíes. Acude a un amigo, un ser querido, un vecino, un compañero de trabajo o un consejero religioso o espiritual para que te apoye.

Tu proveedor de atención médica. Los médicos y el personal de enfermería tratarán las lesiones y podrán remitirte a una vivienda segura y otros recursos locales.

Un refugio para mujeres o centro de crisis. Los refugios y los centros de crisis brindan refugio de urgencia las 24 horas, así como también asesoramiento en asuntos legales y servicios de defensa y apoyo.

Un centro de asesoramiento psicológico o de salud mental. En la mayoría de las comunidades existen grupos de asesoramiento y apoyo para las mujeres en relaciones abusivas.

Un tribunal local. El tribunal de distrito puede ayudarte a obtener una orden de restricción que ordena legalmente al abusador a mantenerse alejado de ti o a enfrentarse a un arresto. Los abogados locales pueden guiarte a través del proceso.

No es fácil reconocer o admitir que estás en una relación abusiva, pero siempre puedes pedir ayuda. Recuerda, nadie merece ser abusado.

Afroamiga te recomienda que si necesitas ayuda u orientación no dudes en contactarte a través de la línea de atención nacional 0800-MUJERES (0800-6853737) en donde te proporcionarán la ayuda y acompañamiento necesario.

Fuente: mayoclinic.org

La violencia de género en situaciones de emergencia

La violencia basada en el género (VBG) es un término utilizado para describir los actos perjudiciales perpetrados en contra de una persona sobre la base de las diferencias que la sociedad asigna a hombres y mujeres. Mientras que se entiende a veces que la interpretación más amplia de la violencia de género incluye tipos específicos de violencia contra hombres y niños, tanto históricamente como en la actualidad el término se utiliza principalmente como una forma de poner de relieve la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas a las diversas formas de violencia en los lugares donde son víctimas de la discriminación porque son mujeres. Entre los ejemplos de violencia de género que afectan a las mujeres y las niñas en todo su ciclo vital cabe destacar: el aborto selectivo por razones de género, las diferencias en el acceso a la alimentación y los servicios, la explotación y el abuso sexual, el matrimonio infantil, mutilación/ablación genital femenina, el acoso sexual, el abuso en el precio de la dote, los asesinatos de honor, la violencia doméstica o íntima, la privación de la herencia o de los bienes, y el maltrato de las personas mayores.

Un aspecto fundamental de la violencia de género contra las mujeres y las niñas es que la violencia se utiliza en las culturas de todo el mundo como una forma de preservar y mantener la subordinación de la mujer con respecto al hombre. En otras palabras, los actos de violencia contra las mujeres y las niñas son a la vez una expresión y una manera de reforzar la dominación masculina, no sólo sobre las mujeres y las niñas individuales, sino las mujeres como una clase entera de personas. La violencia tiene sus raíces en los desequilibrios de poder y desigualdad estructural entre hombres y mujeres.

Aclarar que la discriminación de género es un elemento central en la comisión de todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas refuerza las obligaciones de los estados para trabajar hacia la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas como parte de sus responsabilidades para proteger y promover los derechos humanos universales. 

En estos casos, la comunidad humanitaria tiene la responsabilidad de garantizar la seguridad, el bienestar y los derechos de las personas en riesgo de violencia de género, independientemente de si existen datos sobre el verdadero alcance del problema. Es probable que los datos disponibles sobre la violencia de género, incluidos informes de la policía, jurídicos, médicos o de otras fuentes, sólo representen una proporción muy pequeña del número real de incidentes de violencia de género. Por lo tanto, se debe asumir que la violencia de género será un problema en toda situación de emergencia, lo que requiere que todos los actores humanitarios (por ejemplo, las personas que trabajan dentro y fuera de los sectores de agua y saneamiento, salud, nutrición, logística, educación, protección, etc.) tomen medidas para hacerle frente.

En caso de emergencia, los sistemas de protección de la infancia –incluidas las leyes, políticas, normas y servicios en todos los sectores sociales, en especial de bienestar social, educación, salud y seguridad– se debilitan e interrumpen. El desplazamiento y la separación de las familias y las comunidades colocan a las mujeres y las niñas en mayor riesgo de violencia y abuso. La violencia sexual puede ser utilizada como método de guerra para brutalizar e infundir miedo a la población civil.

De acuerdo con Directrices sobre la violencia basada en el género en situaciones de crisis humanitaria , del Comité Permanente entre Organismos, UNICEF se compromete con los principios de seguridad, confidencialidad, respeto y no discriminación centrados en la persona sobreviviente, que tratan de minimizar el daño y maximizar la eficiencia de las intervenciones de prevención y de respuesta. El enfoque de UNICEF para hacer frente a la violencia de género reconoce que la lucha contra la violencia de género requiere una estrategia integral que dé prioridad al acceso a los servicios y fomente a la vez un entorno protector por medio de la coordinación de la prevención de la violencia de género y las actividades de respuesta de todos los actores humanitarios. UNICEF y sus aliados apoyan las reformas de las políticas y la implementación de mecanismos para fomentar un entorno protector para mujeres, niñas, hombres y niños. UNICEF promueve el fortalecimiento de la capacidad del personal de salud, bienestar social, justicia y seguridad para reconocer y controlar la violencia de género mientras que proporciona a los sobrevivientes unos servicios rápidos y respetuosos. Por último, UNICEF apoya los debates de la comunidad que abordan las normas de discriminación para cambiar los comportamientos nocivos y poner fin a la violencia de género.

Fuente: UNICEF

La violencia contra la mujer: Las estrategias que han funcionado para combatirla

¿Cómo se han enfrentado las mujeres al flagelo de la violencia de género?

¿Qué caminos, estrategias y medidas han ideado para defender su integridad física y crear coaliciones y alianzas que les permitan lograr la justicia y la igualdad entre los géneros?

¿Qué ha funcionado bien y por qué, y cómo se pueden apoyar y ampliar sus esfuerzos?

La violencia contra las mujeres y las niñas es una forma virulenta de abuso y discriminación que no conoce de razas, clases sociales ni identidades nacionales. Adopta múltiples formas y puede ser física, sexual, psicológica y económica, aunque esas formas suelen estar todas interrelacionadas, pues desencadenan complejos efectos mutuos. Otros tipos específicos de violencia, como la trata de mujeres y niñas, trasciende con frecuencia las fronteras nacionales. Se calcula que cada año, hasta dos millones de personas, muchas de las cuales proceden de los más de 150 países que constituyen el “Sur global”, son objeto de comercio para la prostitución, los trabajos forzados, la esclavitud o la servidumbre. Al poner en peligro la seguridad, libertad y autonomía, de las mujeres y niñas, la violencia de género vulnera sus derechos e impide su participación plena en la sociedad y el pleno desarrollo de su potencial como seres humanos.

Una de cada tres

Aunque las estadísticas mundiales de la violencia de género varían de un lugar a otro, según las estimaciones, a lo largo de su vida, una de cada tres mujeres es maltratada, coaccionada para que mantenga relaciones sexuales o sometida a otros abusos. Entre el 30% y el 60% de las mujeres que han tenido pareja alguna vez han sufrido violencia física o sexual a manos de su compañero, y entre el 7% y el 48% de las niñas y jóvenes de edades comprendidas entre los 10 y los 24 años afirman haber mantenido sus primeras relaciones sexuales bajo coacción, con los consecuentes riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual, como el VIH/SIDA.

El costo de la violencia es extremadamente alto, ya que incluye los gastos directos de los servicios necesarios para tratar y apoyar a las víctimas y sus hijos y llevar a los agresores ante la justicia, y el costo incalculable del daño que puede infligirse a las familias y las comunidades a través de generaciones, reforzando otras formas de violencia prevalentes en la sociedad.

No obstante, las mujeres no han aceptado estas violaciones de su integridad física y mental, y se han enfrentado a la violencia de género diariamente, con acciones grandes y pequeñas, con o sin el apoyo de los Estados y los organismos internacionales. A través de actividades sancionadas por la sociedad, como la denuncia y el descrédito de los agresores, canciones y otras expresiones artísticas, el recurso a las redes confesionales, o las nuevas formas de organización transnacionales, las mujeres han establecido alianzas, han ejercido presión en los Estados y los gobiernos municipales, han evocado las normas internacionales de derechos humanos y han recurrido a las organizaciones continentales y regionales para llamar la atención sobre estas relaciones y prácticas sociales opresivas y exigir resarcimiento.

El “Sur global”

Según nuestros estudios sobre la mujer en el “Sur global”, suelen ser la pareja o los familiares quienes ejercen la violencia, mediante violaciones y ultrajes, prácticas de mutilación genital femenina en partes de África, el Cercano Oriente y el Oriente Medio, asesinatos por la dote en Asia meridional, el infanticidio de niñas, la selección prenatal del sexo y el abandono sistemático de las niñas, en particular en Asia meridional y oriental, el África septentrional y el Oriente Medio. Pero también pueden cometer violencia de género personas en puestos de confianza, como el personal internacional de la paz o funcionarios de la policía nacional en zonas de conflicto, que violan, acosan y explotan sexualmente a sus víctimas, con frecuencia como estrategia intencionada para humillar al adversario, aterrorizarlo y aniquilar una sociedad, como ocurrió recientemente en la República Democrática del Congo o Guinea.

Además, el Estado mismo puede infligir violencia mediante actos directos de comisión y omisión, o mediante actos y posturas militaristas de sus diversos mecanismos de represión, mientras que las políticas económicas y sociales del Gobierno pueden abocar sistemáticamente a grandes segmentos de la población, en particular los grupos desfavorecidos, las mujeres y los habitantes de las zonas rurales, a la pobreza, la privación y la indignidad, situaciones todas que pueden considerarse formas de violencia.

Las dificultades económicas agravan las circunstancias, en particular de las mujeres pobres que, por ejemplo, permanecen con parejas que abusan de ellas o adoptan prácticas de riesgo, como el comercio sexual, para sobrevivir. Incluso cuando las mujeres trabajan arduamente para salir de la extrema pobreza, pueden ser agredidas físicamente por conseguir la independencia económica, mientras que otras mujeres pueden ser acusadas de brujería o de cometer actos inmorales. Algunas también han sufrido violencia al intentar participar en elecciones locales o nacionales, como sucedió en Kenya en 2007, o en México, donde algunas mujeres casadas se han abstenido o han dejado de participar en proyectos de desarrollo porque sus cónyuges percibían su creciente empoderamiento como una amenaza a su autoridad patriarcal y las golpeaban para tratar de impedirlo.

Caminos y estrategias

En gran medida, fueron los movimientos sociales de mujeres y las organizaciones feministas quienes atrajeron la atención mundial sobre la violencia de género. Los colectivos de mujeres han creado redes nacionales, regionales y mundiales y han desempeñado una función primordial en la toma de conciencia y la reivindicación de un cambio positivo en las actitudes y prácticas comunitarias en relación con la violencia de género. Estas redes han inspirado diversas campañas que han transformado radicalmente las normas, leyes, políticas y prácticas. Encontramos también ejemplos destacados de liderazgo de mujeres en países en conflicto tan alejados unos de otros como Colombia y la República Democrática del Congo.

Las mujeres han exigido a sus gobiernos que armonicen la legislación local con los dictados de las normas internacionales de derechos humanos. En consecuencia, muchos países del hemisferio sur han promulgado leyes contra la violencia y el acoso sexual a las mujeres, han adoptado medidas encaminadas a lograr la igualdad entre los géneros y han coordinado las iniciativas nacionales a fin de asegurar la aplicación plena y efectiva de la legislación. Sin embargo, las leyes aprobadas no se han aplicado estrictamente y, en muchos casos, no están al alcance de quienes las necesitan debido al elevado costo de las demandas judiciales. Además, muchas iniciativas nacionales no cuentan con fondos suficientes, son de escaso alcance y están concentradas de manera desproporcionada en las zonas urbanas y prósperas, en detrimento de las comunidades rurales y desfavorecidas. Uno de los factores principales que impiden la aplicación efectiva de las leyes y políticas es la falta de voluntad política y de compromiso con la igualdad entre los géneros.

Las mujeres también han propugnado enérgicamente la reforma del sistema de justicia penal para que tenga más en cuenta sus necesidades. Piden que los jueces y los agentes del orden público reciban una nueva formación a fin de que atiendan con consideración a las víctimas y que se apliquen las normas internacionales y regionales de derechos humanos a los casos de violencia contra la mujer, se creen tribunales especiales o comisarías de policía con personal femenino y se establezcan procedimientos e instituciones de investigación dirigidos por personas cuyas actitudes sean reflejo de las de la sociedad en la que ejercen sus actividades.

La idea de que las mujeres entienden mejor las experiencias de otras mujeres y suelen poder comunicarse más eficazmente con mujeres de la localidad y servir de modelos para su empoderamiento ha llevado a la creación de comisarías de policía en el Brasil integradas únicamente por personal femenino, o a que en algunas misiones de consolidación de la paz de las Naciones Unidas haya mujeres en el personal de los cascos azules. La prestación de servicios de apoyo a las víctimas de la violencia, como albergues, gabinetes de asesoramiento jurídico y centros de ayuda psicosocial, ha sido decisivo en los esfuerzos de movilización de las mujeres. Los servicios disponibles no están concebidos para atender las necesidades específicas de la mujer y los que necesitan las mujeres no suelen existir. Las mujeres han decidido hacer las cosas por sí mismas porque las políticas nacionales no atienden muchas veces sus necesidades.

Organizaciones de mujeres de todo el mundo han abogado a favor de la lucha contra la violencia de género lo que también contribuye al éxito de la campaña del Secretario General “Unidos para poner fin a la violencia contra las mujeres” y de la Estrategia y marco de acción para hacer frente a la violencia por motivos de género, del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Algunas de las cuestiones que abarca esa Estrategia y marco de acción son las siguientes:

Impunidad: la alta tolerancia existente hacia la impunidad, a la que se debe hacer frente y poner fin.

La prevención y la función de los hombres y los niños: en la actualidad, la mayoría de las organizaciones que luchan contra la violencia se dedican fundamentalmente a la prevención, centrándose de forma general en el trabajo con los niños y los hombres. Sin embargo, existe acuerdo en que esto debe hacerse sin permitir que los hombres se “apropien del problema” y que es preciso determinar la función de cada cual, incluida la de los hombres y los niños, en la lucha contra la violencia de género, respetando a la vez el liderazgo y la voz de las mujeres en la definición de esta cuestión.

Lucha contra las culturas de la violencia: la dinámica de la sociedad sigue favoreciendo la violencia de género, y las actitudes comunitarias tradicionales y contemporáneas que protegen a los agresores son un aspecto clave a ese respecto. Sin embargo, es importante revisar la forma en que se suele analizar la cultura en lo que se refiere a la violencia de género y ocuparse de las denominadas “prácticas culturales tradicionales” y otras formas de violencia que encuentran respaldo en las actitudes y prácticas contemporáneas.

Datos: se necesitan datos fiables sobre la prevalencia e incidencia de distintas formas de la violencia de género, así como sobre los métodos y estrategias que han funcionado mejor para reducirla en contextos diversos. Es necesario dedicar recursos para documentar los trabajos y contribuir a la constitución de un acervo más amplio de conocimientos en este ámbito.

Recursos: los gobiernos y la sociedad civil deben proporcionar recursos suficientes para la lucha contra la violencia de género en todos los ámbitos (desde la prestación de servicios y el acceso de las víctimas al sistema judicial, hasta la formulación de estrategias de educación y prevención), en particular a las personas que trabajan sobre el terreno, puesto que es allí donde deben sentirse primero los efectos de las intervenciones.

La reducción de la violencia contra las mujeres debería considerarse un indicador directo del desarrollo en general y, en particular, del grado de consecución del Objetivo de Desarrollo del Milenio relativo a la igualdad entre los sexos. La atención y el apoyo políticos deben centrarse cada vez más en comprender las vías que adoptan las propias mujeres para hacer frente al persistente flagelo de la violencia de género, en particular en el “Sur global”.

Fuente: https://www.un.org/

Poner fin a la violencia contra las mujeres

La violencia contra mujeres y niñas es una violación grave de los derechos humanos. Su impacto puede ser inmediato como de largo alcance, e incluye múltiples consecuencias físicas, sexuales, psicológicas, e incluso mortales, para mujeres y niñas. Afecta negativamente el bienestar de las mujeres e impide su plena participación en la sociedad. Además de tener consecuencias negativas para las mujeres, la violencia también impacta su familia, comunidad y al país. Los altos costos asociados, que comprenden desde un aumento en gastos de atención de salud y servicios jurídicos a pérdidas de productividad, impactan en presupuestos públicos nacionales y representan un obstáculo al desarrollo.

Tras varias décadas de movilizaciones promovidas por la sociedad civil y los movimientos de mujeres, se ha conseguido incluir la erradicación de la violencia de género en las agendas nacionales e internacionales. Nunca tantos países han contado con leyes contra la violencia doméstica, las agresiones sexuales y otras formas de violencia. Sin embargo, continúan existiendo desafíos en la aplicación de estas leyes, resultando en una limitada protección y acceso a la justicia por parte de mujeres y niñas. Asimismo, no se hace lo suficiente para prevenir la violencia, y cuando ésta ocurre a menudo queda impune.

Nuestras soluciones

El derecho de las mujeres a vivir sin violencia está consagrado en los acuerdos internacionales como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), en especial a través de sus recomendaciones generales núm. 12 y 19 y de la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de las Naciones Unidas. A nivel global, ONU Mujeres trabaja con los países para avanzar los marcos normativos internacionales prestando apoyo a procesos intergubernamentales, tales como la Asamblea General y la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. A nivel de país, ONU Mujeres trabaja para conseguir la adopción y promulgación de reformas jurídicas acordes con normas y estándares internacionales.

Colaboramos con gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y otras instituciones para promover el fin de la violencia, aumentar la sensibilización sobre sus causas y consecuencias y fortalecer las capacidades de nuestras contrapartes para su prevención y respuesta. También promovemos la necesidad de cambiar normas y el comportamiento de hombres y niños, y abogamos por la equidad de género y los derechos de las mujeres. ONU Mujeres apoya la ampliación de acceso a respuestas multisectoriales de calidad para sobrevivientes, que incluyen seguridad, refugio, salud, justicia y otros servicios esenciales. Prestamos orientación para políticas públicas para ayudar a maximizar las inversiones destinadas a la prevención – la solución más rentable y de largo plazo para detener la violencia.

Trabajamos con gobiernos para desarrollar planes nacionales de acción dedicados a prevenir y abordar la violencia contra mujeres, fortaleciendo la coordinación entre actores y sectores diversos que se requieren para una acción significativa y de largo alcance. ONU Mujeres también aboga por integrar medidas de lucha contra la violencia en marcos estratégicos a nivel internacional, regional y nacional.

Fuente: ONU Mujer

Tipos de violencia contra las mujeres

¿Qué es la violencia contra las mujeres?

La violencia contra las mujeres es un acto sexista que produce cualquier tipo de daño físico, psicológico o emocional y se traduce en el maltrato verbal o físico en cualquier contexto. Hoy, recogemos todos los tipos de violencia contra las mujeres, porque no hay ninguno que sea menor: todos son consecuencia de la discriminación que las mujeres sufren a través de las leyes o la práctica, y persisten por razones de género; todos —desde el menosprecio o la discriminación hasta la agresión física, sexual o el asesinato— son manifestaciones de la necesidad de un cambio y un problema gravísimo que se debe solucionar para obtener una igualdad real entre las personas.

¿Qué tipos de violencia contra las mujeres existen?

Asimismo, es imprescindible conocer y reconocer qué tipos de violencia existen en nuestras sociedades para poder combatirlos. Teniendo en cuenta que no existe un maltrato peor que otro, pues todos surgen de la discriminación y terminan en la violencia física, la opresión y hasta la muerte.
Entre las formas de violencia más común están:

1. La violencia económica

Corresponde a cualquier acción o acciones (sean estas directas o mediante la ley) que buscan una pérdida de recursos económicos/patrimoniales mediante la limitación (por ejemplo, las mujeres no pueden tener propiedades o hacer uso de su dinero o de sus derechos patrimoniales). Este tipo de violencia contra la mujeres es una de las más comunes, incluso en países con alto índice de desarrollo humano (IDH), e incluye todo tipo de acto que genere limitaciones económicas con la intención de controlar el dinero o privar de medios económicos para vivir de forma autónoma.

2. Violencia laboral

Presente en decenas y decenas de países donde se dificulta el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad laboral, o se complica su desarrollo en la empresa o estabilidad por el hecho de ser mujer. Este tipo de discriminación constituye uno de los más comunes también, y algunos ejemplos son el no cumplimiento de igual salario para hombres y mujeres en puestos idénticos o los despidos o no contratación a causa de posibles embarazos. Una realidad contra la que tenemos que luchar tanto hombres como mujeres.

Al mismo nivel que la violencia laboral contra las mujeres encontramos la violencia institucional.

3. Violencia institucional

Es aquella mediante la que funcionarios o autoridades dificultan, retrasan o impiden el acceso a la vida pública, la adhesión a ciertas políticas e incluso la posibilidad de que las personas ejerzan sus derechos.

4. Violencia psicológica 

Puede darse en todo tipo de contextos, si bien la casa, la pareja y la familia suelen ser tres de los más comunes, y consiste en cualquier acción que sintamos que nos degrada como personas o trata de controlar nuestras acciones o decisiones. Este tipo de violencia contra las mujeres no tiene por qué alcanzar el hostigamiento o la humillación, sino que puede manifestarse como acoso, restricción, humillación, manipulación o aislamiento, produciendo daños emocionales y perjudicando nuestro desarrollo personal hasta problemas emocionales y psicológicos muy graves que han llevado a muchas mujeres al suicidio.

La violencia psicológica suele ser la puerta de entrada hacia otros tipos de violencia, como la física o la sexual, por lo que debemos tener mucho cuidado si creemos que se están dando muestras de este tipo de violencia.

5. Violencia física

Se traduce en cualquier acción que provoca daño o sufrimiento físico y afecte a la integridad de la persona: hematomas, heridas, quemaduras y hasta un empujón es violencia física y jamás debemos excusarla.

6. Violencia sexual

Toda acción que amenaza o viola el derecho de una mujer a decidir sobre su sexualidad y abarca cualquier forma de contacto sexual. La violencia sexual no se limita a forzar a una mujer contra su voluntad, sino a cualquier tipo de acoso, explotación, abuso o intimidación, sin importar si se da dentro o fuera del matrimonio o de cualquier relación. 

7. Violencia simbólica

Es aquella que recoge estereotipos, mensajes, valores o signos que transmiten y favorecen el hecho de que se repitan relaciones basadas en la desigualdad, el machismo, la discriminación o la naturalización de cualquier rol de subordinación de las mujeres en nuestras sociedades. Se trata de un tipo de violencia contra las mujeres más difícil de erradicar, porque está anclado en la colectividad y la mera permisividad lo fortalece: así un chiste o la transigencia ante valores que, tradicionalmente, se han aceptado dificulta el cambio.

Ahora que conoces los tipos de violencia contra las mujeres más comunes, no importa que seas hombre o mujer, denuncia cualquier situación de violencia y ayuda a terminar con la violencia de género en tu país.

Fuente: ayudaenaccion.org

Violencia contra la mujer

Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada» .

La violencia de pareja se refiere al comportamiento de la pareja o ex pareja que causa daño físico, sexual o psicológico, incluidas la agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y las conductas de control.

La violencia sexual es cualquier acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual u otro acto dirigido contra la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de su relación con la víctima, en cualquier ámbito. Comprende la violación, que se define como la penetración, mediante coerción física o de otra índole, de la vagina o el ano con el pene, otra parte del cuerpo o un objeto.

Claves

• La violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres.

• Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.

•La mayoría de estos casos son violencia infligida por la pareja. En todo el mundo, casi un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida.

• Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja masculina.

• La violencia puede afectar negativamente la salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres y, en algunos entornos, puede aumentar el riesgo de contraer el VIH.

• Los hombres que tienen un nivel de instrucción bajo, han sido objeto de malos tratos durante la infancia, han estado expuestos a escenas de violencia doméstica contra sus madres y al uso nocivo de alcohol, han vivido en entornos donde se aceptaba la violencia y había normas diferentes para cada sexo, y creen que tienen derechos sobre las mujeres son más proclives a cometer actos violentos.

• Las mujeres que tienen un nivel de instrucción bajo, han estado expuestas a actos de violencia de pareja contra sus madres, han sido objeto de malos tratos durante la infancia, han vivido en entornos en los que se aceptaba la violencia, los privilegios masculinos y la condición de subordinación de la mujer corren un mayor riesgo de ser víctimas de la violencia de pareja.

• Existen datos que demuestran que las intervenciones que promueven la sensibilización y emancipación de la mujer, la prestación de orientación psicológica y las visitas domiciliarias podrían favorecer la prevención o la reducción de la violencia de pareja contra la mujer.

• Las situaciones de conflicto, posconflicto y desplazamiento pueden agravar la violencia existente, como la infligida contra la mujer por su pareja y la violencia sexual fuera de la pareja, y dar lugar a nuevas formas de violencia contra la mujer.

Hoja informativa

La violencia contra las mujeres es una violación de derechos humanos, y un problema de salud pública que afecta a todos los niveles de la sociedad en todas las partes del mundo. Desde niñas hasta mujeres mayores, una de cada tres mujeres es golpeada, forzada a tener relaciones sexuales, o abusada de otra manera en su vida. Estudios de la OMS muestran que la violencia por parte de una pareja íntima es la forma más común de violencia contra mujeres en el mundo.

La violencia contra las mujeres causa consecuencias graves para la salud y el bienestar de las mujeres. Estudios han documentado una asociación entre violencia contra las mujeres y una serie de problemas de salud física y mental. Algunos comportamientos de alto riesgo son más frecuente entre las víctimas de violencia de pareja y violencia sexual.

El sistema de salud puede desempeñar un papel vital en responder y prevenir la violencia contra las mujeres. Este papel incluye identificar el abuso temprano, proporcionar tratamiento, y encaminar las mujeres para que reciban atención adecuada. El sistema salud también debe trabajar para prevenir la violencia. Y como el abordaje de salud pública para la prevención estipula claramente, el primer paso en la prevención de la violencia es entenderla, y el sector de salud tiene un papel clave en ayudarnos a medir y comprender la violencia contra la mujer.

Fuente: Organización Panamericana de la Salud