Los Olvidados del 19 de abril de 1810, la fecha esencial de la independencia americana

Ha quedado en este texto demostrado el carácter de mestizo y de hombre sencillo de Juan Germán Roscio Nieves. No era un mantuano, como no lo eran muchos de los que participaron en el movimiento revolucionario que condujo al 19 de abril de 1810, el cual es la síntesis de corrientes anteriores como la de José Leonardo Chirino y Gual y España. Un movimiento de mantuanos se hubiere quedado en una negociación económica exclusiva con la realeza, en un reparto de impuestos similar al de las colonias del norte.

Como indica Losada (1953), Roscio no figuró en la denominada “Conspiración de los Mantuanos”, en la que sí estuvieron algunos como el Marqués del Toro, José Félix Ribas, Juan Nepomuceno Ribas, Mariano Montilla, Nicolás Anzola, José de Tovar, los Tovar Ponte, Pedro Palacios y  Antonio Fernández de León, la mayoría de ellos presentes el 19 de abril de 1810, en el cual hubo componentes de todas las clases sociales, Roscio por los mestizos, o un sargento descrito en la crónica como “mulato”, por los descendientes de africanos y sectores como la iglesia católica en las personas de los curas José Cortes de Madariaga y Juan Antonio Rojas. 

Claro está, por la condición de abogado bien informado de los asuntos de España, Roscio conocía las informaciones del reino, y la conjura de 1808 de cuyos principales actores era amigo y bien conocido por las causas jurídicas sostenidas por el guariqueño las cuales eran del conocimiento general en la pequeña Caracas. A Roscio además se le reputaba como el mejor abogado y profesor del momento, con una biblioteca personal que incluía libros no accesibles públicamente y de mucho interés para los “conspiradores”.

El historiador Pedro Grases (1952), en su obra Un hombre del 19 de abril, Juan Germán Roscio, primera biografía que se conoce del guariqueño, dibuja el papel de éste en aquellos hechos. Grases, apunta algo importante, cual es que los hacedores de aquellos hechos tuvieron que pasar antes por profundos estudios y meditación. Vale decir, no fue una ocurrencia, ni nada de lo que aconteció aquel Jueves Santos fue fruto del azar.

Para el 19 de abril de 1810, el ánimo de transformación americana, aquella sociedad que no requería de andadera, al decir de Bello, tuvo en sus hombres, la necesaria minoría dirigente que supo encontrar el camino que conduce a la gloria. No hay, hasta donde se alcanza otro país hispanoamericano que pueda ostentar en este momento un grupo de igual magnitud. Por eso Caracas fue el punto de arranque y el centro de acción, que sirvió de modelo y ejemplo al resto de Hispanoamérica. Y entre sus hombres, Juan Germán Roscio.

 El relato de Benito Losada (1953) encuentra a Roscio en la noche del 18 de abril y en la madrugada del 19 de abril junto a Martín Tovar Ponte, Nicolás Anzola, Madariaga, Ribas, Sosa entre otros, lo cual confirma la relación de Roscio con los actores de 1808 y su insistencia, tanto en sus intervenciones del Congreso de 1811 como en sus escritos, de que la Independencia debió declararse en 1808.

Juan Germán Roscio Nieves irrumpe en el Cabildo de Caracas la mañana del Jueves Santo de 19 de abril de 1810, como diputado del pueblo. Dicha nominación no fue improvisada, ni tampoco una autoproclamación del llanero.

 La planificación detallada del evento es prueba de que Roscio, De Rivas y Sosa fueron los comisionados por el grupo de conspiradores para que asumiera dicho papel. Los cuatro debieron ganarse con anterioridad la voluntad de la mayoría de los que irían al cabildo abierto del 19 de abril. Tuvieron que haber sido individuos muy populares entre la población y dentro de los “conspiradores”. De no ser así, ni los cabildantes dentro del inmueble, ni la seguridad de Emparan ni los principales líderes entre la gente que estaba en la Plaza Mayor les hubiese permitido la entrada.

La figura de diputado del pueblo fue esencial para la constitución de las juntas supremas que se estaban constituyendo en América. Ante estos diputados (usualmente dos) juraban las nuevas autoridades en las que se deposita la soberanía popular. Estos diputados validan en nombre del pueblo los hechos.

Por tanto, dado el carácter plebiscitario de aquellos acontecimientos, tanto Ribas como Roscio y los demás diputados del 19 de abril fueron elegidos a mano alzada por el pueblo para representarlos en aquel cabildo extraordinario.

Roscio por su popularidad, antecedentes en la defensa de los derechos civiles y la igualdad étnica; Madariaga, sacerdote parroquial cuyas alocuciones liberales eran bien conocidas, y muy respetado por el cabildo y las recién nombradas autoridades españolas. Luego se sumaría, electo por el gremio de los pardos, el preclaro revolucionario José Félix Ribas, pariente de los Bolívar.

El pueblo reconocido en 1810 estaba constituido por los “hombres libres”, por lo que aún no entraban los “infelices esclavos”. En la proclama de Francisco de Miranda, Coro de 2 de agosto de 1806, el Precursor amplía la concepción de pueblo:

Que los buenos e inocentes indios, así como los bizarros pardos, y morenos libres crean firmemente que somos conciudadanos.

El asunto de la abolición de la esclavitud va ser considerado por la República por primera vez en 1812 cuando el General Supremo, Francisco de Miranda, promete la libertad a cambio de servicios militares. Ahora bien, sería Simón Bolívar quien efectivamente la decretará en 1817 tanto para los esclavizados como para sus descendientes.

Sobre el papel los dos diputados del pueblo en las Juntas Supremas, sus funciones se deducen del análisis de actas o pronunciamiento sobre los sucesos españoles. Por ejemplo, en la de Quito de 1809 se establece:

Nos, los infrascritos diputados del pueblo, atendidas las presentes críticas circunstancias de la nación, declaramos solemnemente haber cesado en sus funciones a los magistrados actuales de esta capital.

Estos diputados, al ser representantes del pueblo cuya voluntad era ejercer el derecho de designar sus gobernantes, estaban comisionados para llevar ante el órgano directivo vigente la decisión tomada. 

En el Acta de la Junta de Nueva Granada del 20 de julio de 1810, los diputados tienen un papel determinante en las decisiones de revocatoria de las autoridades españolas y en la designación de las nuevas autoridades:

En virtud de haberse juntado el pueblo en la plaza pública y proclamado por su diputado el señor regidor don José Acevedo y Gómez “respondió el pueblo con las señales de la mayor complacencia, aprobando cuanto expuso su diputado.

(…) Con este motivo se levantaron sucesivamente de sus asientos varios de los vocales nombrados por el pueblo, y con sólidos y elocuentes discursos demostraron ser un delito de lesa majestad y alta traición, el sujetar o pretender sujetar la soberana voluntad del pueblo, tan expresamente declarada en este día.

(…) En manos del señor regidor, primer diputado del pueblo don José Acevedo y Gómez: Juramos por el Dios que existe en los cielos y cuya imagen está presente y cuyas sagradas y adorables máximas contiene este libro, cumplir religiosamente la constitución y voluntad del pueblo expresada en esta acta.

 Y entonces, aumentándose la congregación popular y sus clamores por lo que más le importaba, nombró para que representasen sus derechos, en calidad de diputados, a los señores doctores don José Cortés de Madariaga, canónigo de merced de la mencionada iglesia; doctor Francisco José de Rivas, presbítero; don José Félix Sosa y don Juan Germán Roscio

(…) en la cual también se insertan (acta) los demás diputados que posteriormente fueron nombrados por el pueblo (…) En este estado notándose la equivocación padecida en cuanto a los diputados nombrados por el gremio de pardos se advierte ser sólo el expresado don José Félix Ribas.

 Queda con amplitud y sin lugar a equivocaciones, expresado en el acta, el carácter de elección popular de los diputados mencionados a los que se les dio la misión fundamental de destituir a las autoridades y nombrar nuevo gobierno autónomo, en nombre del pueblo. Esos hombres llevaban sobre sus espaldas el peso más importante de aquella mañana: la representación de la soberanía popular.

Las principales deliberaciones se suceden entre Emparan y los diputados del pueblo. “Habló en primer lugar después de su señoría el diputado primero en el orden con que quedan nombrados”, reza el acta redactada por el Diputado Roscio Nieves. Todo esto explica las palabras y acciones hasta gestuales de aquellos hombres. Eran la voz del pueblo en aquel “congreso” por lo que  sus palabras y señas, como las ya célebres del Padre Madariaga, eran seguidas con máxima atención. 

Al final del Acta del 19 de abril, se incluyen vivas a los diputados que representan al Pueblo. Vale decir, vivas a Madariaga, De Rivas. Sosa, Ribas y Roscio por la misión cumplida. Felicitaciones que les otorgaban sus compañeros por la correcta tarea en aquel glorioso momento para la Patria.

Todo parecía bien aquella mañana hasta que los miembros de la Real Audiencia, una de las instituciones supremas de la tiranía española en la Capitanía General, se negaron a presentarse en el lugar de la vital reunión a la que habían sido convocados.

Los de la Real Audiencia intentan hacer que los soldados, ya impuestos del paso dado, retrocedan y disuelva la augusta asamblea. Uno de los presentes le informa al diputado Roscio. Éste, a pasos firmes y agigantados, se dirige al lugar de reunión de los realistas rebeldes. Entra, impone su recia presencia y con tono decidido les advierte que no tolerarán su conducta en contra de la decisión soberana del pueblo. Sin mediar palabras, les promete que serán tratados con respeto a su condición humana pero con la firmeza necesaria si intentaban algo en contra de la voluntad popular. 

Aquellos hombres, acorralados por la evidencia y la actitud decidida del diputado del pueblo, se doblegan y siguen dóciles al recio diputado cabildo, donde se les despoja definitivamente de toda autoridad.

En las deliberaciones para elaborar el acta, Roscio vuelve sobre principios del derecho natural, del mérito y la virtud. Las coincidencias en la obra escrita, antes y después, de Roscio con el acta, son las que prueban su papel protagónico en la redacción de la misma. En el libro El triunfo de la Libertad sobre el Despotismo, en el Patriotismo de Nirgua y en el Manifiesto que hace al Mundo la Confederación de Venezuela, se distinguen conceptos referidos a la soberanía popular que se incorporan en breves líneas en el Acta del 19 de abril.

Mucho se ha especulado sobre la cualidad étnica del 19 de abril de 1810, a la que se ha insistido en calificar de mantuana y oligarca,  procurando restar méritos a la Revolución que originó la República. Un párrafo de unas notas elaborados por los delegados enviados a Gran Bretaña, cuyo jefe era el recién designado coronel Simón Bolívar, de fecha 5 de agosto de 1810, despeja esta duda: 

La Revolución de Sur América se compone de Españoles nativos, a quienes ha sido siempre la política de la Madre Patria confiar todo el poder civil y militar; de los criollos, de los negros, que representan una muy pequeña proporción con los blancos y de los indios aborígenes; hay una quinta clase, que son los llamados cuarterones producto de un mulato y de un blanco estos están representados en la nueva Convención de Gobierno.

La Revolución que estalló en la ciudad de Caracas el 19 de abril de 1810, fue una insurrección de las cuatros últimas contra la primera casta y por esta causa asume una importancia que de otro modo no tendría como revolución popular que generó la independencia del país.

La decisión había sido tomada, su perfeccionamiento estaba en marcha. Seguía ahora la conformación de la Junta Suprema de Caracas. 

Un amplio número de ciudadanos (23) va a componer este cuerpo:

José de las Llamozas
Martín Tovar Ponte
Feliciano Palacios
Nicolás de Castro
Juan Pablo Ayala;
José Cortés de Madariaga
José Hilario Mora
Isidoro Antonio López Méndez
Francisco José Ribas
Rafael González
Valentín de Ribas
José Félix Sosa
Juan Germán Roscio N
Juan de Ascanio
Pablo Nicolás González;
Francisco Javier de Ustáriz
Silvestre Tovar Liendo
Nicolás Anzola
José Félix Ribas
Fernando Key Muñoz
Lino de Clemente
José María Blanco
Dionisio Palacios

La Junta nombra como secretarios a José Tomás Santana y Casiano Bezares, presidentes a José de las Llamozas y Martín Tovar Ponte. Se designa a Juan Germán Roscio Nieves para la secretaría de Relaciones Exteriores, Nicolás Anzola en Gracia y Justicia, Hacienda a Fernando Key Muñoz y para Guerra y Marina Lino de Clemente. 

Una generación brillante que alumbró el camino hacia la Independencia, gran parte de ellos olvidados en el Bicentenario de su gloriosa gesta.

Por Reinaldo Bolívar

Fuente: Tomado del libro de Reinaldo Bolívar (2013): Los Olvidados del Bicentenario, Juicio Final al Mestizo Juan Germán Roscio Nieves

Discurso de Orden de Reinaldo Bolívar con Motivo de la Elevación de la memoria histórica de Juan Germán Roscio Nieves al Panteón Nacional

Roscio Nieves, arquitecto de repúblicas

En vano las armas destruirán a los tiranos, si no establecemos un orden político capaz de reparar los estragos de la revolución. El sistema militar es el de la fuerza, y la fuerza no es gobierno: así necesitamos de nuestros próceres, que escapados en tablas de naufragio de la revolución, nos conduzcan por entre escollos a un puerto de salvación. Usted y nuestros amigos Roscio y Castillo harían un fraude a la república, si no le tributasen sus virtudes y sus talentos.

Simón Bolívar (1816, carta a José Cortes de Madariaga)

Señor Presidente Nicolás Maduro Moros

El 2 de marzo de 1811, una multitud de caraqueños y caraqueñas ovacionó a los integrantes de la Junta Suprema de Venezuela que ese día cedió sus competencias al primer Congreso de la Nación. Los cronistas dan fe que de los más aplaudidos, mientras entraban al recinto estaba el diputado por Calabozo, Juan Germán Roscio Nieves.

A ese “hombre recio, llanero de frente amplia y mirada aguda”, muy lejos de la popularizada figura de un anciano magistrado con peluca blanca, lo encontramos en 1797 en Valencia, en un airado juicio enfrentando a la Corona Española que pedía la cabeza de Inés María Páez, una descendiente de africanos quien en misa osó arrodillarse en una alfombra, privilegio reservado a las mantuanas.

Casi 200 años antes que Martin Luther King defendiera a Rosa Parks por haber tomado asiento en un puesto reservado para blancos, en un autobús de Alabama,  Estados Unidos, Roscio Nieves defendía exitosamente, aquí, a la aguerrida Inés María, convirtiéndose así en el Precursor  de la defensa de los derechos civiles y de las mujeres en Nuestra América.

Su más fuerte argumento, también usado en el juicio que le entabló el Colegio de Abogados de Caracas, en venganza por atreverse a apoyar a una “zamba” y por ser hijo de una indígena fue: “Todos los hombres y mujeres nacen libres a imagen y semejanza de Dios. Sin colores de piel, sin mayor diferencia que los talentos”.

El atrevimiento del jurista llanero, que reforzaría la ideología libertaria e igualitaria de los que luchaban contra el imperio europeo, era tal, que con la mayor sutileza insultó a los miembros del cabildo y a los abogados mantuanos dejando en el aire frases como ésta:

Pero verdaderamente solo la ignorancia de las leyes de la naturaleza y la atrevida ciencia de los escolásticos pudieron pretender excluir de la especie humana a los negros.

En enero de 1811, siendo Secretario de Gobierno, al enterarse de que en Calabozo se repetía la escena de Valencia, esta vez contra un caballero, emite un decreto por el cual se autoriza el uso de alfombras en las iglesias a todos los hombres y mujeres por igual.

Es el Roscio Nieves que conjuga en sí mismo el ideario de la igualdad total entre los grupos étnicos, favoreciendo la incorporación de los pueblos originarios y afro. Sostenía que para el servicio público sólo debe evaluarse en los seres humanos, la “virtud, el honor y el mérito”. Hasta la sangre de un campesino es tan valiosa como la de los reyes, afirmaba desafiante.

El 18 de abril de 1811, una reunión de 23 venezolanos confirma que al día siguiente será la fecha en la cual las provincias de Venezuela asumirán su propia conducción. Frente a la asamblea popular estaba Roscio Nieves, que da los detalles del golpe y de sus consecuencias. Conformarán una Junta Suprema de Caracas que buscará que se  sumen las otras nueve provincias originarias de Venezuela.

El 19 de abril de 1810, todo sale según lo planeado. El propio Roscio, que había actuado como diputado del pueblo, redacta el Acta del Glorioso día. Aquellos hombres fueron llamados por Francisco de Miranda “Señores y Padres de la Patria”.

En la Junta Suprema, Roscio Nieves ejerce  de Secretario de Relaciones Exteriores, de Marina y Guerra, de Fomento, y de Gobierno.

De su puño y letra salen las instrucciones para los diplomáticos enviados a Londres, Washington, al  Caribe  y a las propias provincias de Venezuela.

A Bolívar, López Méndez y Bello les instruye:

Solicitarán del Gobierno de Su Majestad Británica que se nos facilite la pronta adquisición de armas en los términos que parezcan más favorables: pedirán que se proteja nuestro comercio, y que sea respetado nuestro Gobierno por los representantes de SMB en las Indias Occidentales; promoverán cuanto puedan nuestros intereses, nuestra paz y nuestra felicidad.

Comprende la importancia de las comunicaciones, de la divulgación de noticias, ideas, doctrinas. De inmediato pone al  servicio de la causa patriótica la Gazeta de Caracas, antes realista.

Propagandista y difusor de la ideología libertaria y consciente de los ataques del imperio, en carta a un editor inglés le solicita:

En uso de la oferta generosa que Usted ha querido añadir a sus servicios, espera la Junta Suprema que Usted concurrirá a divulgar con su interesante periódico las providencias, actos y demás papeles con este fin, y el de contrarrestar las insidiosas sugestiones de los enemigos de América.

Proyecta crear una gran Biblioteca Pública para Caracas. Cuando le informan que no hay dineros para comprar libros, ofrece los suyos que son más de mil, entre ellos los de los grandes pensadores prohibidos por España. A su pupilo  Andrés Bello, enviado a Gran Bretaña, le pide traer a Venezuela libros útiles para la enseñanza, y le recomienda leer todo lo que llegue a sus manos. “Ilústrese más para que ilustre a su pueblo”, le aconseja al que se convertiría en el gran humanista americano.

Ante la inminencia de la llegada de Francisco de Miranda para contribuir al recorrido independentista, ordena a todos los cabildos de Venezuela, destruir cualquier documento del gobierno realista que criminalizara al Precursor, de esa forma el Patriota Miranda quedaba legalmente protegido de la saña imperial.

El dinamismo de la Junta Suprema es arrollador. En las instrucciones a los diplomáticos les indicaba informar que pronto habría elecciones para escoger diputados al Congreso, un paso fundamental para la constitución de los poderes de la futura república.

En manos de Roscio queda la elaboración del Primer Reglamento Electoral de Nuestra América.

 En una proclama al pueblo expresa:

Venezolanos, el suelo que habitáis no ha visto desde su descubrimiento una ocurrencia más memorable ni de más trascendencia; ella va a fijar la suerte de la generación actual, y acaso envuelve en su seno el destino de muchas edades.

Redacta, también, el reglamento interno, para dar inicio a aquella maquinaria patriótica que declarará formalmente el 5 de julio de 1811 la Independencia de Venezuela.

En esa oportunidad Miranda y Roscio dieron memorables motivaciones que entusiasmaron a aquellos  nobeles legisladores. Dijo Roscio: “Que nuestras obras justifiquen la rectitud de nuestros procedimientos y lejos de nosotros los temores”.

Roscio y Francisco Isnardi, se encargan de la redacción del documento fundacional. Otra vez, la pluma del llanero, tejiendo la institucionalidad y la historia de América.

Su próxima misión sería la redacción de la carta magna. Lo hacen en un ambiente de gran entusiasmo en las siete provincias firmantes, y diseñando la estrategia para sumar a las tres restantes.

En diciembre de 1811, ya la Patria tiene una constitución. Este documento trascendental además de la influencia jurídica de las revoluciones francesa y estadounidense, contiene ideas expresadas por Roscio sobre los derechos civiles, la esclavitud, los indígenas y  la doctrina del alcance de la mayor felicidad, que será retomada por Simón Bolívar en el Congreso de Angostura, en el cual el jurista también fue diputado y presidente.

El Artículo 191 de la primera constitución reza: El mejor de todos los Gobiernos será el que fuere más propicio para producir la mayor suma de bien y de felicidad.

El Congreso y el Triunvirato ante la arremetida realista y la crisis producida por el terremoto de marzo de 1812 nombran a Francisco de Miranda Generalísimo y Dictador de la Nación. Va a ser el entonces triunviro Roscio Nieves, en su turno como Presidente de la República, quien cabalga a Maracay para imponer al ilustre prócer de la encomienda. También le tocará, tres meses después, reunirse con el generalísimo para escuchar los motivos de la capitulación. Ambos héroes estaban estrechamente unidos en la causa por la libertad.

Violando la capitulación, Monteverde, jefe de los realistas, hace prisioneros a los principales dirigentes de la independencia. Roscio. Madariaga, Ayala, Catillo y otros cuatro son capturados como trofeos de guerra y enviados a España como “los ocho monstruos, los causantes de todos los males”.

Antes son exhibidos semi desnudos en la plaza Capuchinos de Caracas. Encadenados atravesaron a empujones el Guaraira Repano, y tras 70 días en las mazmorras de La Guaira, embarcados cual esclavizados a Cádiz y de allí a Ceuta, en tierras africanas.

Tras dos años de penosa prisión, escapan espectacularmente. Recapturado en Gibraltar, Roscio gana un habeas Corpus contra la Corona Inglesa y se embarca junto con cuatro de sus colegas a Jamaica, a donde lleva su libro liberador de conciencias: El Triunfo de la Libertad sobre el despotismo

En el prólogo escribe su bitácora de vida: “unamos nuestras fuerzas para el restablecimiento de la alta dignidad de nuestros semejantes oprimidos”,

Incansable adalid de la emancipación, en 1817, viaja a Estados Unidos y participa activamente en la fundación de la República de La Florida. En Filadelfia edita su famoso libro, que es todo un manual contra la transculturización de la jerarquía católica.

En 1818 se suma a las filas de Bolívar en Angostura, quien le da grandes responsabilidades, tales como la hacienda pública, la Vicepresidencia de Venezuela, y de Colombia la Grande. No deja su papel de comunicador. Destaca como cofundador, director y articulista del Correo del Orinoco.

Predica con la palabra y el ejemplo. Ante la flojera y burocratismo de algunos empleados les exhorta:

Es necesario que los funcionarios del gobierno naciente sean los primeros que con su palabra y con las obras, enseñen la fraternidad; que sufran cuanto sea posible para alcanzar este beneficio y que, menospreciando pequeñeces, se fije su consideración en lo más importante y necesario.

Al Libertador le escribe, en 1819, sobre la importancia de reforzar la ideología e identidad nacional, debido a que aún hay quienes por ignorancia o avaricia están conspirando o son cómplices del enemigo imperialista.

En Venezuela, intereses mezquinos ya instalados en 1820, intentan desprestigiarlo haciendo ver que solo era un “opinador de oficio”. Cartea nuevamente al Libertador ofreciendo tomar las armas si con ello hacía mayor bien a la Patria. Bolívar lo reconforta y le recuerda como en 1816 en Jamaica, que su gran contribución a la América era la consolidación de la arquitectura política de la república. Bolívar, quien lo tiene en la mayor estima, le manda una carta nada menos que con el General Antonio José de Sucre, en ella le contesta lo siguiente

Usted, es preciso que se mantenga inexorable en su gobierno, porque la miel se la comen hasta las moscas y el mayor vicio de un gobierno es el de la debilidad.

En esa carta, el Libertador concluye con una frase en la que muestra su gran fraternidad con el llanero

Adiós mi querido amigo, cuente Usted, con su afectísimo que lo ama de corazón.

A finales de 1820, con la misión de seguir consolidando a Colombia va a Cúcuta designado como Presidente del Congreso Constituyente de la República.

Se despide de Angostura reafirmando sus ideas de siempre, desde que en 1797 apareció en la escena pública defendiendo a Inés María Páez. Proclama ante los guayaneses:

Venezolanos: me haréis la justicia de creer que aborrezco y detesto el despotismo, y que por la emancipación y libertad de nuestro país ejecutaré más de lo que puedo.”

Su pensamiento, una de las raíces de nuestra independencia, sigue vigente en la lucha que nuestra Patria mantiene contra las ilegales sanciones y el criminal bloqueo económico. En dos oportunidades ejerció la secretaria de hacienda y finanzas bajo la siguiente premisa.

La prosperidad de un pueblo no consiste en la cantidad de oro que posee, sino en el número de talentos y de brazos que emplea con utilidad, a esto atendrá para calificarse de grande y poderoso.

En enero de 1821, se encuentra en la Villa del Rosario de Cúcuta, infatigable junto a su esposa la patriota Dolores Cuevas y su pequeña hija María del Carmen. Despachaba como Vicepresidente de la República, e iniciaba los preliminares del Congreso Fundacional.

Creía superada la enfermedad que lo golpeó a principios del año anterior pero de pronto sus fuerzas flaquearon.

En ese momento, cuando Venezuela, Quito y Cundinamarca sellarían el más grande proyecto unionista concebido por Simón Bolívar, Roscio sentía cumplida su labor.

Las palabras finales en su obra El Triunfo de la Libertad sobre el despotismo,  son propicias para este momento en el que a los 200 años de su inmortalidad, gana el juicio al olvido al que su patriótica carrera fue injustamente sometida. Allí escribió:

Ahora, Señor (diré yo), dejarás ir a tu siervo en paz, porque mis ojos han visto la libertad saludable de mi país, y de todos mis semejantes. Estos son, Señor, los votos de mi corazón, y los que os tributo por la emancipación y felicidad de todos los oprimidos.

Señor Presidente Nicolás Maduro e ilustres autoridades de la República, así como el pueblo de Caracas vitoreó al célebre Roscio Nieves el 2 de marzo de 1811 a su entrada al Congreso, por su obra en el 19 de abril y en la Junta Suprema, hoy Venezuela y Nuestra América aplauden la entrada del Primer Prócer y Pensador Civil de la República  al más Alto Altar de la Patria.

Gracias por este día de Gloria para la recordación de tan notable Prócer, orgullo del gentilicio guariqueño y americano.

Viva la Memoria Inmortal de Juan Germán Roscio Nieves

¡Viva Venezuela! ¡Viva la Patria grande!

Muchísimas Gracias

Reinaldo Bolívar

10 de marzo de 2021

Año Bicentenario de la Batalla de Carabobo, del Congreso de Cúcuta y de la inmortalidad de Juan Germán Roscio Nieves.