Descolonización versus desmemoria

Afroamiga comparte este artículo escrito por el dominicano Carlos Andújar Persinal, en el cual invita a reflexionar en torno a la descolonización y la manera en que se aborda el tema desde el enfoque crítico. Llama la atención acerca de las posturas extremas que a su juicio en ocasiones llevan a la negación de hechos que, para bien o para mal, forman parte de la historia. A continuación reproducimos el texto completo:

He visto con cierta preocupación el hecho de que en los últimos tiempos ha surgido un movimiento contestario, sobre todo desde las academias y gestores culturales, como de intelectuales y artistas, de oposición a todo lo que huele a colonización y sus huellas y cicatrices en los pueblos impactados por tan nefasto acontecimiento.

Historia, memoria e identidad van de la mano en la construcción de lo que somos. Eso que somos es una mezcla agradable y desagradable de hechos del pasado que entonces, sí entiendo debe verse con sentido crítico, pero no necesariamente con amnesia o borrarlo de nuestro interior porque de una u otra manera, son parte de nuestro ethos cultural, de nuestra idiosincrasia y de nuestras identidades, muchas veces conflictuadas.

Por eso le acompaña a descolonizacióndesmemoria. La desmemoria es muchas cosas a la vez: olvidar algo, no querer acordarse de algo, distanciarse de algo en el inconsciente o luchar contra algún fantasma dentro de nosotros para alejarlo, aunque sea parte nuestra.

La historia construye memoria social como le dice la antropología o memoria histórica como le llama la ciencia de la historia, en ambos casos se relacionan a la construcción de una conciencia nacional que cohesiona los conglomerados y ayuda a construir nación, territorio, pueblo y estado, en la visión global que de ella asume la sociología.

No obstante, la memoria no es selectiva al momento de escoger los hechos, aunque algunos sean privilegiados por el poder y la ideología dominante ciertamente. La noción de Max Weber, el sociólogo alemán de finales del siglo XIX, de cohesión social supone aglomerar en un todo los hechos sociales y amalgamarlo para hacer de este proceso un factor unificador colectivo, con mitos y realidades de manera que los pueblos den razón de ser al proyecto de nación o de otra manera dicho, razón social.

La lucha y esfuerzo de nuestros patriotas por distanciarnos de los haitianos de quienes obtuvimos la independencia nacional en 1844 como parte de la construcción de la conciencia nacional y la dominicanidad, hizo que, al negar a Haití para reafirmarnos como dominicanos, implicó la negación de nuestra propia africanía y por tanto, contaminó una parte de la joven nación, solo por el hecho de borrar todo lo que nos asemejaba con el vecino país, convencidos ellos,  que nos permitiría construir una identidad propia, pero con ello afectábamos al mismo tiempo la sanidad de la nuestra.

La tesis en boga de la descolonización es interesante y a la vez contradictoria como todos los hechos del pensamiento social.

Descolonizar es desmontar el discurso histórico del dominador que aun prima desde los grandes procesos coloniales europeos que dominan desde el siglo XV.

Esta descolonización desmonta la explicación histórica, aun fuera esta, fundamentada, para explicar los hechos y razones que lo provocaron, como los argumentos de quienes lo encabezaron, las razones históricas que lo condicionaron, los hombres y mujeres que allí participaron, las maneras desiguales de estos encuentros, así como las causas sociales y económicas que en ellos gravitaron, y así por el estilo podría mencionar múltiples argumentos y posturas para descolonizar que me lleva a pensar que este esfuerzo por negar parte del pasado, obviando ya la historia crítica, la historia social, la historia de lo cotidiano, se hace con sus nuevos enfoques teóricos y metodológicos, lo que podría llevarnos a una desmemoria y a una despersonalización social, sin que ello implique de mi parte, negar el enfoque crítico, todo lo contrario, solo advierto que todo fundamentalismo, conduce indefectiblemente a la cerrazón y al contrasentido.

Hablo de nuevas miradas que impliquen visibilizar hechos, grupos sociales, culturas, personajes, que a veces se encuentran omitidos en el discurso histórico. Sabemos que estos movimientos, que los entiendo como grandes rupturas con el orden social y las ideas prevalecientes en un momento determinado, no pueden borrar hechos y acontecimientos que sin ellos no nos explicamos nosotros.

En mis aulas lo digo y posiblemente esté errado: el creole es un orgullo de identidad para los haitianos y otros pueblos que lo hablan, pero surgió de un desangramiento colonizador y la necesidad de entenderse el uno y el otro, borrarlo le quita el 50% de identidad a los haitianos. El mecenazgo se reivindica hoy por el movimiento cultural como un componente importante para desarrollar el arte y la cultura, pero viene de la iglesia y las familias poderosas italianas como los Medici, que fueron grandes banqueros, convertidos en el blanco estos sectores, sobre todo la iglesia (también mecenas), por el movimiento renacentista.

Por ello solo llamo la atención de que, descolonizar sin entender la historia como un proceso centrífugo, contradictorio, sinuoso, zigzagueante y a veces, marcado por la pasión, los intereses humanos y sociales, la tozudez de algunos y las ideologías prevalecientes en un momento, podría llevarnos a extremos.

Soy partidario, como hace hoy la UNESCO con los sitios de memoria, de contar la historia con equilibrio y sentido crítico, para evitar que no se repitan las atrocidades humanas que la han marcado, pero sin resentimientos que nos conduzcan a confrontaciones sobre viejos hechos ya acaecidos, que no se pueden olvidar, ni repetir, ni ser motivo de nuevas grietas entre los seres humanos, más bien es recordar, para conocer, conocer para no repetir ni olvidar.

Muchos de los hechos cuestionados, como la propia llegada de los europeos a América, a la larga nos cuestiona a nosotros mismos porque somos la resultante de ese proceso colonizador, con sus buenas y sus malas cosas, con sus defectos y bondades, con sus virtudes y distorsiones,  por ello veo con ojeriza abrazar causas que se manejan con pasión, con fervor a lo que se tiene derecho y hasta razones justificadas, pero el comedimiento, el análisis histórico y las fundamentaciones antropológicas, deben mediar para evitar los sesgos en los nuevos discursos y practicas sociales, y evitar repetir la misma receta puesta en el péndulo del juicio histórico.

Fuente: acento.com

El legado de la trata esclavos y la búsqueda de justicia y equidad

A continuación, publicamos la traducción al español de la ponencia de la profesora Verene A. Shepherd, quien es directora del Centro de Investigaciones sobre la Reparación, Universidad de las Indias Occidentales, como parte del panel virtual “Esclavitud y afrodescendencia: educación, cultura y antirracismo”.

Soy la profesora Verene Shepherd, historiadora social y directora del Centro de Investigaciones sobre la Reparación (CIR). Agradezco a la Casa de las Américas, la Comisión Nacional de Cuba de la UNESCO, la Oficina de la UNESCO en La Habana y la Oficina Multipaís de la UNESCO para el Caribe (Kingston), por invitarme a realizar esta presentación, especialmente en el marco del Decenio Internacional de las Naciones Unidas para los Afrodescendientes (IDPAD) y el vigésimo aniversario de la Declaración y el Plan de Acción de Durban (DDPA), documento final de la Conferencia Mundial contra el Racismo de 2001 (W-CAR) celebrada en Durban, Sudáfrica.

Me complace que haya quienes en nuestra Región recuerden la importancia del Día Internacional para el Recuerdo de la Trata Transatlántica de Africanos (TTA) y su Abolición, día designado por la UNESCO para conmemorar el Ma’angamizi (holocausto africano); celebrando así el papel que Ayiti (Haití) ha jugado en la abolición de este crimen de lesa humanidad y en la lucha anticolonial hemisférica, proporcionando armas y soldados para ayudar a otras luchas de liberación y ofreciendo ciudadanía y puerto seguro a los cimarrones marítimos de lugares donde la esclavitud todavía tenía un lugar después de 1804. En este sentido, el trato a las 128 personas esclavizadas de las Islas Turcas y Caicos que huyeron a Haití entre 1822 y 1825; y a los 15 del barco Deep Nine de Jamaica a Ayiti en 1817 no debe olvidarse nunca.

Lo que hizo posible todo eso fue la Revolución Haitiana. Para que no olvidemos, en la noche del 22 al 23 de agosto de 1791, los esclavizados en la colonia francesa de Saint-Domingue comenzaron una revolución, es ese el único ejemplo de una exitosa protesta negra armada en la historia mundial y el evento fundacional de la primera República negra moderna. En un cruel giro del destino, mientras hoy celebramos el inicio de esa gloriosa revolución que resultó en la independencia de Haití en 1804, también lamentamos la pérdida de vidas a causa de otro terremoto. La incapacidad de su infraestructura social y física para resistir los peligros naturales es parte de ese legado colonial que se manifiesta no solo en la degradación ambiental, sino también en la pobreza económica de una nación que enfrentó una deuda de reparación paralizante hasta 1947 y la injerencia externa antes y después de 1947.

Soy consciente de que hay quienes creen que temas como la TTA, la esclavitud y sus legados están demasiado lejos, en el pasado distante, para tener una aplicación contemporánea. Este tipo de respuesta ilustra cómo el concepto de «distancia» impregna el pensamiento de las sociedades. La opinión opuesta es que el argumento de “muy lejos en el pasado para tener una aplicación contemporánea” es inaceptable. La distancia solo afecta la forma en que uno piensa sobre el pasado, en el sentido en que los historiadores lo han explorado, a pesar de los años transcurridos ello ha intensificado nuestra determinación de que el tiempo transcurrido entre 1492 y el presente, simplemente, nos ha dado espacio para reflexionar sobre cuánta evidencia hay disponible para explicar lo contemporáneo. Quizás estamos demasiado relacionados con los eventos del pasado y no podemos desenredar la relación entre el pasado y el presente, ya que están tan inextricablemente enredados.

De hecho, tanto el Programa de Actividades para el Decenio como el Plan de Acción de Durban, dejan muy claro que la TTA estaba en la raíz de la situación socioeconómica actual de África y su Diáspora, así como en las razones de su impacto a largo plazo en el Américas, indicando lo siguiente:

Reconocemos que la esclavitud y la trata de esclavos, en particular la trata transatlántica, fueron tragedias atroces en la historia de la humanidad, no sólo por su aborrecible barbarie, sino también por su magnitud, su carácter organizado y, especialmente, su negación de la esencia de las víctimas, y reconocemos asimismo que la esclavitud y la trata de esclavos, especialmente la trata transatlántica de esclavos, constituyen, y siempre deberían haber constituido, un crimen de lesa humanidad y son una de las principales fuentes y manifestaciones de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, y que los africanos y afrodescendientes, los asiáticos y las personas de origen asiático y los pueblos indígenas fueron víctimas de esos actos y continúan siéndolo de sus consecuencias.

Y continúa

Reconocemos que el colonialismo ha llevado al racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, y que los africanos y los afrodescendientes, las personas de origen asiático y los pueblos indígenas fueron víctimas del colonialismo y continúan siéndolo de sus consecuencias. Reconocemos los sufrimientos causados por el colonialismo y afirmamos que, dondequiera y cuando quiera que ocurrieron, deben ser condenados y ha de impedirse que ocurran de nuevo. Lamentamos también que los efectos y la persistencia de esas estructuras y prácticas se cuenten entre los factores que contribuyen a desigualdades sociales y económicas duraderas en muchas partes del mundo de hoy.

Para que no lo olvidemos, alrededor de 5,5 millones de africanos fueron traficados al Caribe colonizado por los británicos (mi tema en esta contribución), entre los siglos XVII y XIX. En 1834, solo quedaban 800.000. Se puede ilustrar la «barbarie» de la trata a la que se refirió la Declaración de Durban citando una opinión de 1854 sobre el papel de España y Gran Bretaña en la trata y el comportamiento hacia a los africanos esclavizados, que equivalía a un desastre demográfico, en comparación con el aumento de la población esclavizada en los EE.UU.

En ese año, un folleto impreso para la Sociedad Histórica de Maryland por John D. Toy, titulado «Comercio de esclavos africanos en Jamaica: trato comparativo de los esclavos», indicaba que, en 1790, los Estados Unidos tenían 697,897 africanos esclavizados y para 1850, la población había aumentado, principalmente por medios naturales, a 3.204.089, lo que equivale a un aumento en 60 años de 2.5 millones. Por otro lado, España importó 40.000 africanos a Jamaica durante el período 1509-1655, pero en 1655 cuando los británicos capturaron la isla, encontraron 1.500. Fíjate, muchos se habían escapado para formar escondites de Maroons (cimarrones). Durante los 179 años en los que Gran Bretaña participó en el TTA, se importaron 850.000 (según su cálculo porque la información reciente indica que Gran Bretaña continuó con el tráfico hasta 1811 e importó 1,2-1,5 millones a Jamaica). Sumando los 1500 que encontraron, tuvieron el control de 851,500 africanos desde 1655 hasta 1834. Se estima que 85,000 murieron durante el proceso de captura y traslado a la isla. Al independizarse en 1834, Jamaica tenía 322,421 personas esclavizadas, una mortalidad de más de 1 / 2M.

Sin embargo, aplicando la fórmula utilizada para estimar el crecimiento de la población en los Estados Unidos, el artículo de 1854 propone que, dentro de los 45 años de la presencia británica en Jamaica, la población esclavizada de la isla debería haber aumentado a 2.931.450 individuos. Por el contrario, en 179 años perecieron poco más de 3 millones de africanos, es decir 17.000 por año. «Esta declaración no necesita comentarios», dice el autor del folleto. “Exhibe la esclavitud en la colonia británica de Jamaica, tolerada por el Parlamento de Gran Bretaña durante ciento setenta y nueve años, suficientemente repugnancia, sin habilidad dramática, para hacer el cuadro aún más repulsivo”.

Es por eso que, para las víctimas del holocausto africano, la justicia reparadora es el grito en todo el Caribe e internacionalmente. La reparación se define simplemente como la reparación en forma o formas acordadas (monetarias y / o no monetarias) por un daño o perjuicios cometidos. El conocimiento en el Caribe de los males cometidos a través de la conquista, la colonización, la reubicación forzosa de africanos, la esclavitud, la emancipación sin compensación y el continuo daño poscolonial, han impulsado el surgimiento de esta demanda de justicia reparadora. La mayoría de las personas conocen la acción de 2013 de los Jefes de Gobierno de CARICOM cuando colocaron peso político detrás del movimiento de reparación, al establecer la Comisión de Reparación de CARICOM presidida por el Prof. Sir Hilary Beckles, un Subcomité de primeros ministros presidido por el Primer Ministro de Barbados bajo cuyo mandato se estableció el Centro de Investigaciones sobre Reparaciones que dirijo y que tiene ya 3 años, y los Comités Nacionales en los Estados Miembros de CARICOM (y ahora hay unos diez). Pero mucho antes de eso, los pueblos indígenas, los africanos esclavizados, los defensores de la justicia posterior a la esclavitud, los rastafari del siglo XX, los académicos, los activistas de la sociedad civil y políticos individuales como Ralph Gonsalves y Mike Henry, participaron activamente en el movimiento.

El Plan de Acción de Diez Puntos de CARICOM es el Plan para la demanda regional de reparación de Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, España, Portugal, Francia, Suecia, Noruega y algunos otros países. Incluso un barco que enarbolaba la bandera rusa traficaba con africanos a Cuba. Los 10 puntos son:

(1. Completa disculpa formal 2. Programa de Desarrollo para los pueblos originarios. 3. Repatriación para aquellos que los escojan. 4. Construcción de instituciones culturales. 5. Atención a la crisis de salud pública. 6. Campañas de alfabetización. 7- Programa para el conocimiento sobre África. 8. Rehabilitación psicológica. 8- Transferencia de tecnologías. 10. Cancelación de la deuda,)

No todos están a bordo del tren de reparación. Las voces opuestas utilizan los siguientes argumentos:

• La esclavitud fue hace demasiado tiempo atrás

• No hay víctimas / todos están muertos

• Los descendientes no pueden reclamar en nombre de sus antepasados

• La mayoría de los pueblos caribeños no están a favor del movimiento

• Los caribeños se oponen a la repatriación

• Fueron los africanos quienes vendieron a nuestros antepasados

• Es un asunto demasiado complicado

• Los gobiernos coloniales anteriores no pueden pagar

• Era legal en ese momento

Nuestro deber como activistas y educadores es aumentar la educación en torno a las justificaciones, incluyendo que:

• Existe un acusado (o agresor)

• No se puede negar el hecho de que la esclavitud en las plantaciones proporcionó el andamiaje para el avance industrial de Gran Bretaña. La economía de las plantaciones del Caribe fue un engranaje importante en el floreciente sistema de comercio atlántico de Gran Bretaña. Tal era la capacidad productiva de la región que el profesor Richard Sheridan calculó la riqueza total de Jamaica solo en 1775 en 18 millones de libras esterlinas. Desde entonces, las estimaciones de Sheridan han sido revisadas por el historiador económico Prof. Trevor Burnard, quien sostiene que la riqueza de la isla era, en £ 25 millones de libras esterlinas, unos £ 7 millones (o 39%) más alta. Esa riqueza es un testimonio de la capacidad productiva de la isla y, lo que es más importante, de su viabilidad económica durante el siglo XVIII. En comparación con la parte continental de América del Norte, los ingresos per cápita de los plantadores del Caribe eran significativamente mayores que los de sus contrapartes continentales.

• La injusticia está bien documentada

• Las víctimas son identificables como un grupo distinto

• Los descendientes de grupos victimizados continúan sufriendo daños

• Nada en el derecho internacional impide que los descendientes reclamen en nombre de sus antepasados

• También existe un precedente para el pago de reparaciones. Quizás el ejemplo más flagrante de reparación histórica es el de Haití, donde bajo una demanda francesa de 1825, ese país tuvo que pagar 150 millones de francos (reducidos a 90 millones), pagados solo en 1947. El segundo es el de 20 millones de libras esterlinas como reparación a los plantadores británicos por esclavizados liberados.

La reparación es una causa justa. Según Sir Ellis Clarke, primer presidente de Trinidad y Tobago y segundo y último gobernador general:Una potencia administradora … no tiene derecho a extraer durante siglos todo lo que se puede sacar de una colonia y cuando se ha hecho, liberarse de sus obligaciones … La justicia exige que se repare al país que ha sufrido los estragos del colonialismo…” [1964].

Fuente: http://laventana.casa.cult.cu

Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños firma carta de hermanamiento con Universidad UNOGA de Haití

En el marco del X aniversario del Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora con su Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños, se realizó el 29 de enero la firma de una carta de hermanamiento con la Universite Nouvelle Grand Anse (UNOGA), de la República de Haití, bajo la premisa de impulsar la diversificación de la investigación y el estudio entre ambas naciones.

El documento, suscrito de manera telemática debido a la pandemia de COVID-19, fue rubricado desde Caracas por el director-fundador del Instituto, Reinaldo Bolívar, y desde Haití por el rector de la Universidad UNOGA, Maxime Roumer.

En su intervención el Rector Maxime Roumer, desde la sede de la UNOGA, y acompañado de directivos de esa casa de estudio, manifestó la importancia del acercamiento entre estas instituciones universitarias que simbolizan la unión Haití-Venezuela. El rector manifestó sus felicitaciones al Instituto de Investigaciones Estratégicas sobre África y su Diáspora y sus parabienes a Venezuela.

Este acuerdo tiene el objetivo de difundir los valores africanos y caribeños, además de impulsar el intercambio de saberes, de investigaciones y la organización conjunta de eventos en el ámbito educativo. El evento contó con la participación del viceministro para África del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores, Yuri Pimentel, y los embajadores de Sudáfrica y de Guinea Ecuatorial acreditados en Venezuela, Joseph Nkosi y Carmelo Micha, respectivamente, asimismo fue seguido por diversas personalidades vía online como la diputada María León, mientras que en vivo se contó con la presencia de la Diputada Casimira Monasterio.

El viceministro Pimentel destacó que «este centro de saberes tiene la fuerte tarea de brindarnos los conocimientos históricos y culturales de África, América y el Caribe que forman parte de nuestra historia hoy en día; felicito el grandioso trabajo que se lleva a cabo en este prestigioso instituto». Asimismo, informó que varios embajadores y funcionarios de Venezuela en África egresaron de esta institución.

El Coordinador Académico del Centro de Saberes, profesor Roberto Torres, destacó que en 10 años han egresados más de 400 personas de los diplomados de este Instituto.

La Universite Nouvelle Grand Anse fue fundada en 1998  ofrece estudios de pre y postgrado, en especial en las áreas de desarrollo productivo. El profesor Reinaldo Bolívar informó que ya trabajan en ofrecer una especialización conjunta para ambos países.

Fuente: AiSur